Adolfo Bioy Casares recuerdo por partida doble

“Borges no sabía qué hacer con los personajes femeninos. En Bioy el amor y la atracción erótica son centrales”, considera Alberto Chimal acerca del autor de La invención de Morel, de quien este año se cumple su centenario de nacimiento y mañana tres lustros de muerto

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07/03/2014 04:22 Virginia Bautista
El escritor argentino cumple 15 años de muerto
El escritor argentino cumple 15 años de muerto

CIUDAD DE MÉXICO, 7 de marzo.- "Un gran explorador del amor y del erotismo”. Eso era, en palabras de Alberto Chimal, el escritor argentino Adolfo Bioy Casares (1914-1999), a quien este año se le recuerda por partida doble: por el centenario de su natalicio, que se celebra el próximo 15 de septiembre, y por su 15 aniversario luctuoso, que se conmemora mañana sábado.

“A todo lo largo de su obra hay amantes que se encuentran, amantes que se pierden, que se pelean, que sufren transformaciones. Y muchas veces son abordados a partir del tema fantástico”, comenta el narrador mexicano, quien considera que a Bioy “no se le ha dado el crédito adecuado por esto”.

Nacido en Buenos Aires en una familia acomodada, Bioy Casares pudo dedicarse exclusivamente a la literatura. Frecuentó los géneros fantástico, policial y de ciencia ficción e, incluso, lamenta Chimal, debe parte de su reconocimiento a su gran amistad con su paisano y colega Jorge Luis Borges (1899-1986), a quien conoció en 1932 y con quien colaboró literariamente en varias ocasiones.

Pero es precisamente su pasión amorosa, la forma en que las amadas “son superiores”, lo que marca la diferencia de su obra con la de Borges. “Borges no sabía qué hacer con los personajes femeninos y explora el amor en contadas ocasiones. En Bioy, en cambio, el amor y la atracción erótica son centrales”.

El escritor mexicano admite que también existen muchas semejanzas entre la propuesta literaria de los dos argentinos, pero que esto es no sólo por su cercanía afectiva, sino porque tenían intereses comunes.

“La de Bioy es una obra muy suya; se deriva de una vida muy distinta a la de Borges.

Bioy es un hombre que viene de una familia acomodada, era un niño bien, estaba en lo más alto de la sociedad argentina. Y Borges era hijo de una familia venida a menos, que debió esforzarse más por la sobrevivencia. Caminaron por caminos distintos”, agrega.

Aclara que hubo una enorme cercanía entre los dos, “pero de iguales, de colegas, no como maestro y discípulo.

Algo que se olvida y convendría recordar en este aniversario es que durante el tiempo que hicieron carrera juntos eran colaboradores, no eran jefe y subordinado”.

Alberto Chimal destaca también la vena fantástica del Premio Cervantes 1990.

“La imaginación fantástica es, más que una herramienta escapista en él, un elemento liberador, porque le permite abordar la realidad de otra manera, una que no pueda ser reconocida como un peligro, pero que pueda seguir siendo afilada”.

El novelista, cuentista y ensayista argentino escribió su primer relato, Iris y Margarita, a los 11 años de edad.

Comenzó y dejó las carreras de Derecho, Filosofía y Letras.

Tras la decepción que le provocó el ámbito universitario, se retiró a una estancia donde, cuando no recibía visitas, se dedicaba casi exclusivamente a la lectura.

Para la escritora y crítica literaria argentina Sandra Lorenzano, el autor de La invención de Morel (1940), su novela más famosa, “es sobre todo el autor de una prosa sumamente refinada, cuidada; era un tipo de una cultura amplísima.

“Bioy Casares cumple este 2014 cien años de haber nacido, eso nos lleva a los especialistas en literatura y en lengua castellana, y especialmente a los que amamos la literatura argentina, a detenernos nuevamente en su vida y en su obra”, añade.

La vicerrectora de la Universidad del Claustro de Sor Juana destaca que “hay quien clasifica la obra de Bioy, sobre todo sus cuentos, como comedia fantástica, porque el humor es también un elemento importante en su propuesta literaria”.

Un enamorado

Adolfo Bioy Casares tuvo una relación especial con México, pero, sobre todo, con la novelista y dramaturga Elena Garro (1916-1998), con quien a lo largo de dos décadas, de 1949 a 1969, mantuvo una correspondencia amorosa. Se conocieron, en 1949, en París.

Durante el tiempo en que duró este intercambio epistolar, que persiguió a Garro por Francia, Japón, México, Suiza y Austria, ambos estaban casados: ella con el poeta Octavio Paz (1914-1998), y él con la escritora Silvina Ocampo (1903-1993).

La naturaleza de esta relación salió a la luz en 1997, cuando la Universidad de Princeton abrió al público el archivo de Garro, que reunía 91 cartas, 13 telegramas y tres tarjetas postales que Garro recibió de Bioy.

Al respecto, Alberto Chimal piensa que, de alguna manera, debido a esta relación singular los mexicanos han optado por Octavio Paz y no se han adentrado como deberían en la obra de Bioy.

“Es fundamental que se reedite y se promueva más la obra de este escritor en México, porque no es conocida en su totalidad. Tiene una vigencia extraordinaria. No sólo ha repercutido en la literatura, sino en el cine y la televisión”, indica.

Un ejemplo de lo anterior es la serie televisiva estadunidense Lost, en la que en 2008, en el capítulo cuatro de la cuarta temporada, apareció uno de los personajes, Sawyer, leyendo el libro La invención de Morel, de Bioy Casares.

Chimal y Lorenzano invitan a redescubrir al autor de Diario de la guerra del cerdo y El sueño de los héroes, a quien este año Argentina festejará en grande.

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