María Teresa Uriarte investiga apuestas entre los mexicas en su libro

La historiadora presenta su obra más reciente y detalla en entrevista los dos temas prehispánicos sobre los que actualmente indaga

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23/02/2014 00:02 Juan Carlos Talavera
María Teresa Uriarte, académica de la UNAM. Foto: Karina Tejada

CIUDAD DE MÉXICO, 22 de febrero.- Los indicios de la escritura olmeca y las novedades en torno al juego de pelota son los dos temas que por ahora ocupan a María Teresa Uriarte, investigadora de la UNAM. Con el primero, dijo a Excélsior, realizará un libro para la editorial italiana Jaca Book, con el registro más completo de la cultura olmeca y los recientes hallazgos en zonas arqueológicas como Teopantecuatitlan, El Azuzul, el proyecto arqueológico Manatí y los mencionados albores de escritura.

Y con el segundo publicará otro en Siglo XXI Editores, que incluirá nuevas aproximaciones, apoyadas en otros estudios de la Universidad de Harvard, sobre el significado de las apuestas en el mundo prehispánico, pues es un tema del que se conocía poco, aunque recientemente se descubrieron importantes indicios.

“Durante la época prehispánica los mexicas apostaban de todo, desde mantas, cerámica, cacao, esclavos y hasta quienes apostaban a su familia, lo cual está consignado en las fuentes del siglo XVI”, detalló luego de presentar su libro Historia y Arte de la Baja California, donde la investigadora cuenta la historia de la pintura rupestre en la península, así como un breve registro con las zonas más importantes de pintura rupestre.

En Historia y Arte de la Baja California, publicado por el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, Uriarte detalla las investigaciones que realizó durante los años 80 en la península de Baja California, época en la que aquel territorio era literalmente un desierto.

Y lamentó que aún hoy en La Paz queden muy pocos vestigios de pintura rupestre, dadas las complicaciones que implica su conservación, aunado a que algunos cazadores las utilizaban como tiro al blanco.

También dijo que le gustaría que hoy los investigadores estudiaran a fondo la pintura rupestre de La Pintada, San Borjita y el Batequi, sitios accesibles que no han sido estudiados a fondo y que tienen una riqueza impresionante en imágenes.

En su libro, la investigadora detalla que los primeros estudios esquemáticos sobre pintura rupestre en Baja California se deben a Harry W. Crosby y da cuenta de al menos dos sitios donde se sabe que han sido dañadas las pinturas rupestres: La Candelaria II y San Gregorio IV.

“Cuando yo hice mi trabajo (estas zonas) las pinturas no estaban protegidas, y había cazadores que las usaban como blanco. Incluso, pasaron siglos antes de que alguien las volteara a ver”, añadió.

¿Haría falta un mapa con el registro de toda la pintura rupestre en México?, se le cuestiona a la investigadora. “Ya existe y pude haberlo incluido, pero no quise porque no estoy segura de que los sitios estén suficientemente bien protegidos. Por ahora no considero que deba ser algo de amplio conocimiento porque si no somos capaces de protegerlas al 100 por ciento, por qué las vamos a dar a conocer. Cuando el INAH cuente con los recursos y la gente suficiente para protegerlas, entonces. Si aún en los sitios protegidos tenemos un saqueo escandaloso”, apuntó.

¿Cómo resolver esta falta de recursos humanos y materiales?, se le inquiere. Lo que falta siempre en el sector de cultura y específicamente al INAH es más dinero y más personal, añadió.

“En México casi no tenemos arqueólogos. Teresa Franco, directora del INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia), el otro día platicábamos eso: es desesperante lo que pasa en México porque no tenemos a la gente suficiente para cuidar el patrimonio que tenemos”.

En su opinión, tanto en el INAH como en la UNAM viven un fenómeno muy similar: que quienes ocupan las plazas de investigadores ya son viejos. “Nos hicimos viejos y no hay plazas para los jóvenes, porque ya hay un presupuesto muy gordo que no contempla más plazas para estas instituciones”.

Así que el ideal es que se prosiga con un programa de jubilación voluntario, como el que se lleva a cabo en la UNAM, para abrir plazas a jóvenes, dado que el promedio de edad de los investigadores rebasa  los 50 años.

Y es que aunque para muchos la única salida son las investigaciones de especialistas extranjeros en México, Uriarte no está tan de acuerdo.

“Yo no tengo nada contra de la participación de extranjeros en las excavaciones. Al contrario, en México tenemos un nacionalismo mal entendido. Pero también es cierto que la burra no era arisca, pues hemos sufrido un saqueo bárbaro”, al grado que algunos investigadores se llevaron material al Museo de Historia Natural de Nueva York o al Museo del Hombre en París, concluyó.

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