Dick Verdult: La belleza de una poesía fea pero incluyente

El Museo Universitario del Chopo reúne el trabajo de un artista inabarcable

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21/02/2014 14:12 Fernando Llanos
"Para gente de afuera estos terrenos (artes plásticas, música, cine) se pueden ver como burbujas separadas, pero yo vivo esa transformación de contextos como algo sólido e irremediable.” Dick Verdult. Artista

CIUDAD DE MÉXICO, 21 de febrero.- Hay muchas anécdotas interesantes sobre en el trabajo de Dick Verdult, por la manera tan peculiar en que ha construido su trayectoria de más de cuatro décadas.

De hecho, este personaje goza de estigmas que avivan nuestra curiosidad, pequeños datos que mitifican su historia, desde ser hijo y resultado de las trasnacionales que le hicieron conocer durante su infancia y adolescencia dos decenas de países; haber trabajado con cine interactivo en África del Sur a principio de los setenta; estudiar cine, artes plásticas y ciencias pedagógicas en la Universidad de París 8 de Vincennes, y haber participado en una de las primeras exposiciones grandes de arte en video en Europa al lado de Nam June Paik o Wolf Vostell.

¿Dónde y cuándo? Poemas feos para todos, de Dick Verdult, curada por Carlos Amorales, se exhibe en el Museo Universitario del Chopo, ubicado en Dr. Enrique González Martínez 10, colonia Santa María la Ribera. Hasta el 12 de abril.

En los años ochenta llenó las mejores galerías de Holanda con linograbados, y simultáneamente  pa’ no perder filo–, fue camarógrafo del programa más experimental y punketo de la televisión holandesa (VPRO - Neon), dicho programa influyó en los pioneros del net.art JODI, a tal grado que consiguió su posterior complicidad y asesoría para desarrollar sus experiencias en línea a principios de este milenio. En la década de los noventa se dio cuenta que la industria televisiva y cinematográfica requería mucho papeleo, así que decidió hacer cine excluyendo el engorroso proceso de la filmación, es así como funda el Instituto de Lunatismos Abordables, donde cocina con otros colegas peculiares formatos de radio-pirata, arte-acción y videos-basura, todo esto para “crear eventos únicos e inclasificables”.

Vista de la exposición Poemas feos para todos.

Una década después, en el año 2000, decide volver al sur de América para lanzar desde Buenos Aires una nueva exageración: la cumbia lunática. Es ahí, en el cono sur de este continente, donde conocí hace más de una década su publicación La lenta pero incesante degradación de las cumbias lunáticas, que considero uno de los más precisos ejemplos de autogestión, lo explico: el autor manipula un género popular, le inventa una etiqueta, la impulsa, desarrolla y contagia así su manera de malentender y reinterpretar ese género.

Posteriormente publica bajo un seudónimo un libro que contiene la historia apócrifa y esparcida de este fenómeno sonoro por toda América Latina, todas las aportaciones sonoras que acompañan en un CD al impreso son construcciones suyas pero bajo seudónimos jocosos como: El Padre Teresa o Mono Tenedor. Para cerrar con broche  de oro, inventa un festival para contagiar y presentar en sociedad el nuevo género que ha reinventado y contextualizado.

Esta experimentación musical dura varios años, y en sus seis discos que saca se puede degustar su irreverente contenido, intencionalmente construido de una manera burda, sazonada digitalmente de manera electro-naif y con un exquisito y desconcertante sentido del humor.

Sobre la exposición "Poemas feos para todos" de Dick Verdult from Fernando Llanos on Vimeo.

Todo este mundo musical era minuciosamente salpimentada con información visual con un innegable sello autoral. Así, como un destilado de Dick Verdult nace Dick el Demasiado. Y desde hace más de una década suena en diversos espacios, desde una cárcel en Argentina, hasta el Festival Sonar de Barcelona o el festival de cine Sundance.

Con más de medio siglo de vida Dick le suma a su exageración sonora para regreso al mundo de los objetos y las salas. Y es ahí, aquí y ahora, donde el Museo del Chopo lo ha cachado esta temporada para el disfrute de los curiosos chilangos.

La exhibición está dividida en tres etapas-salas-ambientes. La primera es la que tiene más objetos: cerámicas, chunches intervenidas con anécdotas absurdas, dibujos provocadores hechos en situaciones públicas que buscan incomodar, hasta tapetes de pulquería hechos ex profeso. La segunda es más lúdica: pictórica y poética. Frases que se complementan con el juego del traslado y la sobreexposición de significados, literales y pictográficos.

La tercera experiencia se esconde detrás de una cortina y contiene 48 lámparas, tres proyectores, un refrigerador con una televisión adentro, seis canales de audio y 30 canales de DMX para el manejo de luces.

Una experiencia especializada de 19 minutos que demuestra innegablemente el paso de Dick por muchas disciplinas. El conjunto es una bomba amena que te dispara múltiples interpretaciones, una barra libre de historias y guiños que van más allá del hermético mundo del arte contemporáneo.

Su exhibición tiene una fresca coherencia que coquetea con cierta locura, un humor que se mofa de lo políticamente correcto, sin dejar de ser poéticamente contundente, este título nos  ejemplifica esto: Pilotos Israelíes bien remunerados descubren nueva constelación estelar: Madres de Palestina. Me gustan este tipo de creadores complejos pero amenos, que pueden tener una falta de escuela, pero un exceso de cancha.

La mayoría de los objetos que hoy en día encontramos en el supermercado del arte, buscan decorar muros en el extranjero  por encima de entablar un diálogo con lo local, aquellas piezas cuya preocupación formal parte más del onanismo por sobar con alguna técnica un pedazo de materia, nacen muertas para el diálogo. Un destilado puro y potente siempre se agradece más que uno pretencioso y acartonado de Tetrapak. Dick me comenta sobre su expo: “Hay algo muy notorio en el fenómeno del arte: el terreno tolera nuevas ideas, las pide, va en busca de ellas, y ruega a la vez que se acepten como establecidas, explotables y referidas de manera inmediata. Los dientes de una buena idea apenas tienen posibilidad  de crecer en ese proceso social del digerirlo todo.”

En un mundo donde un pisacalles chino puede ser el nuevo referente de la moda, en una sociedad que valora en las redes sociales con el mismo ME GUSTA a unos gatitos recién nacidos que el descubrimiento de un premio Nobel, la curiosidad es un valor que hay que promover. El exceso de horizontalidad ha vuelto todo demasiado plano. Por eso me gusta el trabajo de Dick, me hace repensar si las decisiones racionales que la estética ha tomado no son opuestas a las de la ética que mis instinto y tripas han sugerido.

A quien no le guste el arte contemporáneo, debe de ir a ver su exposición, a quien sí le gusta, también.

 

mca

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