Nueve décadas de Xirau, poeta y filósofo

El escritor de origen catalán cumple mañana 90 años de fructífera vida creativa; en entrevista dice que aún escribe poemas y ensayos

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19/01/2014 05:18 Virginia Bautista

CIUDAD DE MÉXICO, 19 de enero.- “Estar más en la presencia que en la soledad”, es decir, pasar más tiempo con sus seres queridos y sus amigos; eso es lo que ha procurado siempre, dice el poeta y filósofo Ramón Xirau Subías (1924).

La amistad ha sido fundamental en mi vida. He tenido grandes amigos como Alfonso Reyes y Octavio Paz, Juan Rulfo y Gabriel García Márquez. Tengo nostalgia de ellos”, cuenta el escritor catalán que se enamoró de México desde que llegó en 1939, a los 15 años de edad, aunque se hizo oficialmente mexicano en 1955.

Por eso, el doctor en Filosofía por la UNAM festejará hoy entre amigos y con su esposa, Ana María Icaza, sus 90 años de vida, que cumplirá mañana 20 de enero, con una comida que incluirá su guisado favorito: pescado.

Lo que más me encanta de la vida es el mar y el pescado, porque me hacen sentir muy bien”, comenta a Excélsior en entrevista quien hoy abrirá las puertas de su casa de San Ángel Inn a amigos como el músico Mario Lavista, el antropólogo Eduardo Matos Moctezuma y el editor Joaquín Díez-Canedo Flores, entre otros.

Admite que el número nueve evoca fechas importantes en su vida: en 1939 llegó a México con sus padres Joaquín Xirau i Palau (1895-1946) y Pilar Subías, huyendo de la Guerra Civil española, y en 1949 se casó con la veracruzana Ana María Icaza, quien tras 64 años de matrimonio lo sigue apapachando.

“Pero esta vez el 90 sólo significa que uno envejece, ¿no?”, dice sonriendo sentado en una sala tibia, rodeado de libros y retratos, desde donde se puede ver un pequeño jardín y una gran planta de camelias blancas, las flores de invierno de origen oriental.

¿Se siente más poeta o más filósofo? “¡Qué pregunta! No lo había pensado. Son dos cosas distintas, pero igual de necesarias para mí. La poesía es intuitiva, más íntima, puede decir que algo es verde. Y a la filosofía no le preocupa que eso sea verde o no, porque el color puede depender de muchas variables. Filosofía y poesía están íntimamente ligadas”, explica.

El investigador emérito de la UNAM, a quien cada día impresiona más la visión del volcán Popocatépetl, destaca que aún escribe poemas y ensayos. “Hago apuntes a mano, pero escribo sobre todo en máquina mecánica. Nunca le entré a la computadora. Y mis versos, que venían sobre todo en catalán, ahora los pienso cada vez más en español”.

Dice que en este momento está escribiendo un ensayo sobre su amigo el poeta Octavio Paz (1914-1998), a quien acompañó a recibir en Estocolmo el Premio Nobel de Literatura en 1990, con motivo del centenario de su natalicio, que se conmemorará el próximo 31 de marzo.

Ya escribo poco, pero no quiero dejar de hacerlo. También sigo dando clases. Desde hace muchos años viene a mi casa un grupo íntimo de alumnos. Aprendo mucho de los jóvenes. Además, continúo en el Instituto de Investigaciones Filosóficas. Estoy trabajando algo sobre la Divina comedia de Dante Alighieri”, agrega.

Música y silencio

Ramón Xirau disfruta lo mismo del silencio que de la música, en especial la del ruso Ígor Stravinski y la del español Manuel de Falla. “Antes me gustaba caminar por los Viveros de Coyoacán, pero ya no puedo. Ahora sólo me quedan los recuerdos de mis viajes y mis amigos”.

Condecorado y premiado por los gobiernos francés, español y mexicano y con más de 40 títulos originales publicados, el también ensayista y editor confiesa que, en medio de esta vida plena, hay dos pérdidas de las que nunca se recuperará: la de su padre y la de su único hijo, Joaquín Xirau Icaza (1950-1976), que murieron jóvenes, en distintas fechas y en circunstancias trágicas.

La muerte es dolorosa. Por eso la espero con una mezcla de miedo y esperanza. Esperanza ante esa posibilidad de que haya otra vida”, añade.

Al integrante de El Colegio Nacional desde 1973, de la Academia Mexicana de la Lengua desde 1993, y del Consejo Consultivo de Ciencias de la Presidencia de la República desde su fundación, en 1994, le preocupa la violencia que vive México, sobre todo en los estados.

Espero que este nuevo presidente (Enrique Peña), me gusta que sea joven, encuentre la forma de avanzar hacia una solución. Los mexicanos merecen vivir tranquilos”, asegura.

Elogiado por Octavio Paz

Al autor de libros como Duración y existencia (1947), El péndulo y la espiral (1954), De ideas y no ideas (1974), Poesía y conocimiento (1979) y El tiempo vivido (1985) le agrada que Octavio Paz le haya llamado “el hombre-puente”, porque “eso he sido, así me he sentido, un puente entre culturas, entre generaciones y entre siglos”.

Xirau dice que le gustaría que todos sus ensayos se publicaran reunidos en dos tomos, para que fueran más accesibles a las nuevas generaciones de lectores. “También quisiera que se reeditara mi libro Ciudades (1970), pues da cuenta de un viaje que hicimos por Italia que añoro mucho”, prosigue.

Tras contemplar los retratos de su sala, en los que posa con distintos presidentes de México y con grandes escritores y pintores, y las medallas que conserva en una caja de cristal, Xirau siente que es un hombre feliz porque ha podido compartir su poesía y sus ideas con la gente.

Pero sobre todo porque he tenido y he podido dar amor”, dice al lado de una fotografía en blanco y negro, tomada por Juan Rulfo, en la que aparecen él y su esposa Ana María mirándose, jóvenes y radiantes.

Xirau toca una pequeña armónica, casi como un susurro, antes de despedirse con calidez y preguntar a su esposa: “¿dónde vamos a comer?”.

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