“La música es alma y mente”: Mario Lavista

Galardonado hace poco con el más alto premio público a un compositor vivo que otorga la española Fundación SGAE, el destacado músico mexicano echa una mirada atrás y dimensiona su obra.

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15/12/2013 02:42 Virginia Bautista
Foto: David Hernández

CIUDAD DE MÉXICO, 15 de diciembre.- La búsqueda, la exploración constante de nuevos lenguajes sonoros y nuevas técnicas interpretativas, ha caracterizado la obra del compositor mexicano Mario Lavista (1943), quien, a pesar de vivir enamorado del piano, ha escrito piezas para diversos instrumentos.

Amparado por una trayectoria creativa de 48 años, si partimos de Seis pequeñas piezas para orquesta de cuerdas, que creó en 1965, el músico asegura que siempre ha tratado de hacer música nueva, aunque este concepto haya cambiado a lo largo del tiempo.

“Sería muy triste quedarse toda una vida en un mismo sitio. Creo que la composición es una aventura del espíritu o del alma. Es una exploración que uno tiene que hacer internamente para expresar de una manera correcta lo que uno tiene qué decir, con el lenguaje y el material adecuados”, agrega.

Recientemente galardonado con el XII Premio SGAE de la Música Iberoamericana Tomás Luis de Victoria, “el más alto reconocimiento público a un compositor vivo por haber contribuido sustancialmente al enriquecimiento del acervo musical de los pueblos iberoamericanos”, que otorga la española Fundación SGAE, Lavista echa una mirada atrás y dimensiona su obra.

“Mi voz en la música es una de tantas que hay ahora en nuestro país”, dice quien conserva a sus 70 años, cumplidos el pasado 3 de abril, la modestia, discreción y amabilidad que le han ganado la simpatía de su gremio.

“Para fortuna nuestra y de la música, existe en México no sólo una cantidad significativa de compositores, sino una buena cantidad de intérpretes de primer nivel. Desde hace 20 o 25 años, hay toda una generación de intérpretes que son contemporáneos finalmente de su música”, comenta.

En entrevista con Excélsior, el Premio Nacional de Ciencias y Artes 1991 admite que, como señaló el jurado del Premio SGAE, su obra está “profundamente arraigada en la identidad de su país”, pero aclara que ahora México tiene muchas identidades, es algo muy plural.

“En México, al igual que en el resto del mundo, una de las principales características de la música y del arte de hoy es la pluralidad. Lo que llamamos arte o música contemporánea es la suma de varias voces, la suma de varios rostros. No se puede hablar, afortunadamente, de un solo camino, ni de una especie de dictadura estética o técnica”, agrega.

El alumno de Carlos Chávez, Héctor Quintanar y Rodolfo Halffter destaca que siempre le ha interesado explorar las nuevas posibilidades técnicas y expresivas en los instrumentos, lo que lo ha llevado a trabajar muy estrechamente con los intérpretes.

“Si voy a escribir una obra para fagot, tengo que trabajarla con la fagotista Wendy Holdaway. Lo importante es que la pieza que componga se cree simultáneamente con el intérprete. De tal forma que éste la haga suya, porque es tanto suya como del compositor. No concibo trabajar de otra manera.”

El egresado del Conservatorio Nacional de Música, quien también estudió en la Schola Cantorum de París y con Karlheinz Stockhausen en Colonia, Alemania, admite que no siempre fue así.

“En los años 70 estaba muy involucrado en la vanguardia. Me parecía que era más importante el concepto de la obra que su materialización sonora. Fundé el grupo Quanta, en el que hicimos improvisación musical durante dos años. Nos interesaba que el proceso compositivo y el interpretativo se llevaran a cabo al mismo tiempo, juntarlos”, recuerda.

Pero desde ahí ya estaba presente el intérprete. “Para mí es fundamental. ¿Por qué? El intérprete es precisamente el mediador entre la obra musical y el oyente. Me parece vital que el intérprete toque la música de hoy como si estuviera tocando una Fuga de Juan Sebastian Bach, con ese nivel de excelencia.

“Mi formación desde niño fue como intérprete. Yo comencé muy chico a estudiar piano Me enamoré del piano y de la música. Estudié ocho o nueve años piano hasta que en la adolescencia se me abrió el mundo de la composición. Pero nunca olvido que me formé como intérprete. Les tengo un enorme respeto.”

Hay una definición de música que a Lavista le gusta mucho. “La música es a la vez un lenguaje cifrado y el jeroglífico de un misterio. Es decir, está poniendo en la mesa quizá los dos elementos fundamentales que hay en la música: la parte totalmente racional, la mente que necesitamos para escribirla, pero también la otra parte, el misterio del jeroglífico.

“Entonces, es el espíritu y la mente, la razón y el inconsciente. Esos dos mundos muy probablemente forman la música. No creo que ésta sea nada más sentimiento, pero tampoco creo que sea nada más intelecto. Pienso que es una conjunción perfecta de esos dos elementos.”

La exploración ha llevado al desde hace 42 años catedrático del Conservatorio Nacional de Música a apostar por la interdisciplina, por lo que ha creado piezas inspiradas en obras de escritores como Carlos Fuentes, Jorge Luis Borges, Álvaro Mutis, Rubén Bonifaz Nuño y Octavo Paz, en pintores como Joy Laville y ha trabajado con cineastas como Nicolás Echeverría.

“Mi colaboración con los escritores siempre ha estado presente. Creo que he recibido durante toda mi vida una enorme influencia por parte de la literatura como fuente de inspiración, y también como fuente de reflexión”, añade el compositor.

El autor de la ópera Aura acaba de terminar la música para un documental de Nicolás Echeverría, que se estrenará en marzo próximo en el Festival de Cine de Guadalajara, que muestra el trabajo y las creencias del huichol Santos de la Torre, realizador de murales de chaquira.

Entre sus proyectos para el próximo año destaca la creación de una obra para el flautista Alejandro Escuer y la preparación de una conferencia y clases maestras para la Cátedra Julio Cortázar en Guadalajara. Además, prepara el concierto monográfico sobre su obra que se ofrecerá en marzo o abril próximos en el Museo Reina Sofía, en marco de la recepción del Premio SGAE, dotado con 20 mil euros.

“Fue un año de muchas satisfacciones. Mi mejor regalo fue el homenaje que me ofrecieron nueve de mis alumnos, hoy famosos compositores, en el que se estrenaron igual número de piezas dedicadas a mí”, concluye.

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