Fernando Botero, en su faceta erótica

‘Boterosutra’ se expondrá a partir del 21 de diciembre en la galería Gmurzynska en Saint Moritz, Suiza. Sus famosos volúmenes ahora aparecen sensuales

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08/12/2013 00:41 Redacción

CIUDAD DE MÉXICO, 8 de diciembre.- Al mismo tiempo que su pincel, la mente de Fernando Botero (Medellín, 1932) camina de prisa. Su hija Lina dijo apenas el año pasado que el artista “trabaja como cuando tenía 15 años”, y no sólo eso, también fantasea como en esas épocas.

Botero ha dibujado 70 escenas y fabricado tres esculturas donde explora la sensualidad, el erotismo y, por qué no decirlo, la cópula.

Figuras rechonchas, sus famosos volúmenes ahora aparecen sensuales.

El artista ya había retratado desnudos gruesos en obras anteriores, pero poco se había aventurado a fantasear y, sobre todas las coas, a mostrarlo. El título podría decirlo todo: Boterosutra, que se expondrá a partir del próximo 21 de diciembre en la galería Gmurzynska en Saint Moritz, Suiza.

Adiós al tema colombiano

El circo, el crimen o la temática popular colombiana parecen quedar atrás, ahora Botero se anima a mostrar sus propias perversiones. Posturas agrandadas en el lecho, escarceos y súplicas celestiales muestran sus figuras gordas; esas que él mismo ha explicado así:

“Desde que empecé pintaba cosas volumétricas. La exposición de México se inaugura con tres obras, las más antiguas, del año 49, cuando yo era un bebé, y son volumétricas, demasiado volumétricas. Lo que hice en el año 56 fue encontrar una forma muy original y totalmente mía para expresar el volumen, porque con eso el instrumento se vio mucho más monumental.”

Y qué más monumental que el cuerpo desnudo y además gozando. Se trata de erotismo, no de pornografía, ha dicho el artista, pero qué más da si de obscenidad se trata. Botero entra a la alcoba y como un voyeur espía a parejas que se regodean en el amor, que dan rienda suelta a sus pasiones.

“Me leí entonces el libro de Kamasutra completo que, a diferencia de lo que muchos creen, no es siquiera erótico. No hay descripciones de posiciones, porque este es un texto más de amor”, dijo al diario El Colombiano.

Y no es que Botero esté abordando un tema nuevo.

El desnudo, el amor y la unión de la pareja esa sido un tema recurrente del arte. “No soy el primero ni seré el último en tratar este tema”, precisó.

 Recordó entonces algunos papiros egipcios, otras obras de los siglos XIV, XV y XVI, al igual que los grabados shunga, esas ilustraciones impresas grabadas en madera que hacían en Japón durante los siglos XVII y XVIII. Si bien es una tradición muy bella, es una cosa muy seria y hay que usar mucho la imaginación más que la memoria”, precisó con cierta picardía”.

La reinvención de Botero

Con esta obra el colombiano espera reinventarse. “Fueron tres meses de trabajo en exclusiva con esta temática hasta casi agotarla y en la que, por ahora, llevo 70 dibujos. Quiero seguir haciendo más, pero por ahora voy a hacer una pausa. Debo confesar que se me estaba agotando la batería”.

Las figuras regordetas parecían no variar en la obra del artista. Sus volúmenes han llegado a ocupar toda su obra; ahora, sin embargo, los cuerpos desnudos y atrevidos dan un nuevo aire a sus masas. Pero tampoco espera volverse repetitivo: “me gusta dejarlos un tiempo, varios meses, antes de volver a mirarlos fijamente para ver si todos los aspectos están bien hechos, si la obra está completa y solucionada. De lo contrario, podría uno juzgar mal la obra”.

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