Otro perfil de Ricardo Garibay

Josefina Estrada publica una reunión de textos del narrador hidalguense, en la que, por primera vez, a excepción de novela y teatro, se recuperan otros géneros que practicó, como el texto autobiográfico, la crónica, la semblanza y “sus reflexiones sobre ciertos autores, a los cuales regresaba”. El libro se presenta hoy, a las 17 horas, en el marco de la FIL.

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08/12/2013 00:58 Virginia Bautista/Enviada

GUADALAJARA, 8 de diciembre.- La incorporación del habla popular a la literatura mexicana fue la mayor aportación del escritor y periodista mexicano Ricardo Garibay (1923-1999), asegura Josefina Estrada.

La escritora y catedrática de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) afirma en entrevista con Excélsior que la obra del considerado uno de los mejores cronistas del siglo XX no es bien conocida por los jóvenes lectores.

Por esta razón, en el marco de los 90 años que cumpliría Garibay este año (Tulancingo, Hidalgo, 18 de enero de 1923- Cuernavaca, Morelos,  3 de mayo de 1999), Estrada acaba de publicar en el sello Cal y Arena una antología del narrador, en la que, por primera vez, a excepción de novela y teatro, se recuperan otros géneros que practicó, como el texto autobiográfico, la crónica, la semblanza y “sus reflexiones sobre ciertos autores, a los cuales regresaba, los que él siempre nombraba, los que lo formaron”.

“Es la primera vez que se publica una antología de esta envergadura. Si bien hubo un primer esfuerzo de reunir su obra en 10 tomos, que empezaron a publicarse dos años después de su muerte, aún debe haber textos en revistas y periódicos que no se reunieron”, advierte la investigadora universitaria.

Cuenta que cuando deja a sus alumnos de Filosofía y Letras leer a Ricardo Garibay, éstos quedan “maravillados” y le preguntan que por qué a lo largo de su carrera no les habían pedido esas lecturas.

“Desgraciadamente, sigue existiendo mucha animadversión en su contra. Él decía que se lo tenía merecido, porque siempre fue desdeñoso con los autores mexicanos contemporáneos. Sus compañeros fueron Juan Rulfo, Juan José Arreola, pero no lo impresionaban, no los respetaba; entonces, los mejores premios no los tuvo, lo nulificaron, lo ignoraron”, explica.

La narradora nacida en 1957, quien convivió con Garibay, dice que el autor de Beber un cáliz le contaba que cuando trabajó en Canal 13, de la televisora estatal Imevisión, el director general les pidió a sus colaboradores que pusieran en la puerta de sus oficinas las distinciones obtenidas. “Y él colocó un letrero que decía: ‘Ningún premio’, y comentaba que ‘eso ya me viene distinguiendo’.

“Tenía un carácter neurótico, fuerte, sobre todo cuando le ponían el micrófono. Pero sin micrófono era extraordinariamente simpático, con un sentido del humor maravilloso, uno no paraba de reír, de saber sobre los últimos libros que estaba leyendo”.

El habla popular queda detenida

Josefina Estrada admite que nunca fue su maestro, “pero forjé mi teoría literaria y mi idea de la crónica leyéndolo. Lo apreciaba mucho. Con él podemos recuperar al México de los años 30, pues él nació en 1923 y nos habla de su infancia.

“Cuando lees a Ricardo Garibay es como si lo estuvieras escuchando: los personajes están hablando. Entonces hay un registro del habla popular, que va del norteño, el acapulqueño, el defeño, a las señoras nais. El idioma está vivo en su obra.

“Captó muy bien todavía a los jóvenes de los años 80, ellos son los que hacen evolucionar el lenguaje, que sólo se preserva cuando llega a la literatura escrita. El habla popular queda detenida con Garibay”, añade.

En cuanto a los criterios de selección de los textos antologados, Estrada destaca que, en primer lugar, es “que me gustaran a mí, que me conmovieran, y me precio de ser muy exigente; de poder reconocer cuando Garibay era extraordinario, conmovedor, y cuando los textos estaban sobrados. Él escribía y publicaba lo que le pegaba la gana, por eso le hace falta una edición en algunos textos”.

Garibay en Excélsior

Josefina Estrada señala que casi no hay obra inédita de Ricardo Garibay, pero sí existen escritos suyos que no han sido recopilados en formato de libro y analizados, como las colaboraciones que escribió durante dos sexenios en Excélsior, tanto en el suplemento cultural Diorama, como en las páginas editoriales.

“Estuvo en Excélsior desde el periodo del presidente Gustavo Díaz Ordaz y todo Luis Echeverría. Creo que aún no recuperamos esos textos, que eran de análisis político. Se dice que los dos presidentes le hicieron concesiones. Él llegó a comentar que Díaz Ordaz le dio una beca para que pudiera escribir con tranquilidad: ‘Sí, pero no me vendí’.

“Hay un pendiente: leer lo que escribió en esos sexenios para corroborar si se vendió o no con uno u otro mandatario. Echeverría era su compañero en la Facultad de Derecho. Garibay no terminó ninguna carrera. Se paseó por el mundo con él. Pero no sólo era Ricardo, eran también Fernando Benítez y Carlos Fuentes”, indica Estrada.

La estudiosa añade que su teoría literaria se recuperó en Cómo se pasa la vida, pero faltan sus escritos políticos. “Pero, sin duda, formó parte de esos intelectuales que le dieron prestigio al diario y lo convirtieron en uno de los mejores del mundo”.

Comenta que tampoco sobrevive su biblioteca, que se dispersó en vida de Garibay. “La biblioteca ya no está completa. Él la fue regalando a sus hijos. La ofreció a la UNAM y no le vieron importancia histórica para comprarla, pues incluía muchas novedades. No quería ser un coleccionista, sino un lector.

“Era un lector infatigable, de tiempo completo. Y, en sus últimos años, compraba cuanto texto de mujeres escritoras en español se encontraba. Creía que las mujeres tenían una voz, una inteligencia y una sensibilidad de la que carecían los hombres. Le interesaba la literatura japonesa. Tuvo una gran capacidad de asombro hasta sus últimos días”, concluye.

 

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