México y Brasil se conocen más en la cancha que en libros

A propósito del sorteo mundialista, que colocó a Brasil y a México en el mismo grupo (junto a Camerún y Croacia), traductores, editores y promotores culturales hablan de los lazos que unen a dos naciones con amplia vocación literaria y deportiva

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07/12/2013 02:57 Luis Carlos Sánchez

CIUDAD DE MÉXICO, 7 de diciembre.- Más a golpe de patadas a un balón que de letras mutuas es como se conocen México y Brasil. La distancia, el idioma y una tendencia a verse más desde dentro, tienen a los dos países latinoamericanos distanciados intelectualmente, aunque comparten gran afectividad a través de la fiesta, el baile, el canto y sobre todo el futbol, opinan la maestra en Letras Regina Crespo, el promotor cultural y editor Philippe Ollé-Laprune y la actriz y directora teatral Clarissa Malheiros.

La pelota está sobre la cancha. La selección de futbol tricolor y la verdeamarela deberán verse las caras durante la Copa del Mundo, ambos países comparten grupo —junto a Croacia y Camerún—, pero las cosas no coinciden igual a nivel cultural.

“Mexicanos y brasileños somos más primos que hermanos, aunque hay una simpatía muy intensa, sea por el futbol, la música o por el origen común; no hay tanta posibilidad de intercambio porque vivimos muy lejos unos de otros”, opina Crespo, quien se doctoró en Historia Social por la Universidade de São Paulo.

A diferencia de la relación deportiva que ha llegado a través del soccer, las relaciones entre ambas culturas han sido escasas. La especialista recuerda que uno de los personajes que estableció los primeros acercamientos culturales fue José Vasconcelos, quien viajó en 1922 llevando consigo una estatua de Cuauhtémoc que regaló al pueblo brasileño y en su Raza cósmica dejaría constancia de esos viajes; más tarde sería Alfonso Reyes quien “estableció un puente muy interesante” cuando se desempeñó en la década de los treinta como embajador en Rio de Janeiro.

A finales de los años cincuenta otro escritor, está vez el brasileño Érico Verissimo vino como funcionario de la Organización de Estados Americanos y “escribió un libro de viajes magnífico que se llama México, historia de un viaje, en donde habla de sus pláticas con Vasconcelos y con Reyes”. A partir de entonces las relaciones culturales se han dado a partir de escritores que han gozado de cierta fama en México: Jorge Amado a finales de los cincuenta y “hoy el best seller que tenemos aquí es Rubem Fonseca, a quien edita completamente Cal y Arena”, señala la carioca, traductora del autor al español.

Ollé-Laprune coincide con Crespo, pero dice que la popularidad de ambos autores es en todo el mundo, “es una maravilla que se lea en muchos idiomas a Jorge Amado el gran autor brasileño del siglo XX, aunque quizás ahora está un poco olvidado, pero en general la cultura brasileña es una cultura que ha salido bastante poco de su país no es una cultura que se haya exportado”, dice.

El editor trae a la mente el caso de Horacio Costa, un poeta brasileño que vivió en México, “pero no hay muchos más que yo recuerde”. Y en Brasil, agrega, “hay algunas referencias y algunas ideas de México,  creo que los modernistas brasileños leían a Octavio Paz y a (Carlos) Fuentes, pero en general son dos mundos bastante diferentes, hasta hace poco Brasil salía bastante poco”.

Clarissa Malheiros tampoco ve relación entre la dramaturgia mexicana y la de su país, “entre México y Brasil no hay ninguna relación a nivel teatral, el año pasado en la UNAM para su festival universitario Brasil era el país invitado, pero siento que Brasil está más presente en la parte de la literatura, evidentemente los vínculos culturales tienen esa dificultad del idioma”.

Gozo común

Sin duda, las hazañas de Pelé en México 70 y de Zico en 1986 marcaron la relación de afinidad entre ambas naciones. Crespo identifica el vínculo entre México y Brasil a partir de la industria cultural: “lo que aparece muchísimo es la pasión que ambas naciones comparten hacia el futbol, que tanto aquí como allá es muy fuerte”. También dice que hay cierto intercambio entre las artes plásticas y el cine, “la música no tanto porque la brasileña es demasiado intensa, pero el futbol o el carnaval que son iconos de la industria cultural si es lo que más llama la atención entre los dos países”.

Las cosas, sin embargo, parecen estar cambiando, pero sigue habiendo “muchos más brasileños en México que mexicanos en Brasil” y las relaciones se han definido más en el terreno económico y político, “la relación entre los tres países más importantes de América Latina que son México, Brasil y Argentina acaba siendo una relación de estira y afloja, los tres quieren figurar y liderar política y económicamente, a veces se ponen más unidos y otras están en polos opuestos”.

Malheiros coincide sobre las manifestaciones populares: “creo que Brasil y México tienen mucha afinidad en la manera de ser, de actitud, nos parecemos mucho afectivamente, son dos pueblos abiertos, fiesteros, nos gusta el baile, el canto y el futbol.  En términos de cultura popular, la gente conoce mucho la música brasileña, conoce de la fiesta y del futbol aunque evidentemente México y Brasil son países más complejos, no se reducen para nada a eso”.

Sentimiento dividido

En un partido internacional disputado por México, los brasileños se unirán al equipo tricolor y en caso de que sea Brasil el que juega, la afición mexicana elegirá a los cariocas. Malheiros y Crespo también concuerdan en ello: “Me gusta el futbol, me gusta México, pero ser brasileño te jala, tengo un amigo director de teatro, Antonio Castro, que es futbolero y me pregunta qué se siente ser cinco veces campeón mundial. Los brasileños tienen un cariño muy grande por los mexicano, y mucho respeto, porque México ha ganado más de una vez”, dice la actriz.

Crespo afirma: “es automático, siempre si no está Brasil todo mundo se va con México, y creo que tiene que ver con una historia de identificación y simpatías recíprocas desde los años 70 cuando hubo el Mundial, cuando hubo una especie de identificación, de identidad compartida entre mexicanos y brasileños, que se hizo permanente; si un brasileño tiene que elegir entre el equipo mexicano y el argentino, no necesito decir por cuál va…”.

 

México consagró a Roberto Carlos, dice Borja

¿Puede haber una afición que en un Mundial apoye a dos selecciones? Para Enrique Borja, icono del futbol mexicano e ídolo en la década de los 70, esa mutación le sucede a los seguidores del Tri cada que eliminan a México. Es justo ese momento en que se vuelcan en favor de los brasileños, aunque ahora, el destino bromista, los haya puesto en el mismo sector para el Mundial de 2014.

“Brasil es el favorito sustituto y sucede porque en el Mundial de 1970 salieron campeones por la hospitalidad que recibieron en Guadalajara. Ahí se empezó a construir una comunión entre dos pueblos que son muy parecidos en su carácter y forma de vida.”

Borja tuvo varias oportunidades para conocer a fondo las características de los brasileños en distintas visitas que realizó a ciudades como Sao Paulo, Belo Horizonte o Río de Janeiro, “algunas veces, las más, por motivos de trabajo y me quedé con una imagen excelente de amabilidad. Mexicanos y brasileños son muy fiesteros, alegres, se ríen ante la adversidad porque el sufrimiento no es algo que se quede en su genética”.

Recuerda entonces en sus años mozos, cuando escuchaba al cantautor brasileño Roberto Carlos, ese que quería tener un millón de amigos y se consagró en el mercado latinoamericano a partir de sus visitas a México.

“Ya retirado pude tener la oportunidad de conocerlo. Era muy importante para mí, puesto que le dije que gracias a él y su música se unificaron más los dos pueblos.”

Deportivamente, Brasil ha tenido más triunfos que México. Cinco campeonatos del mundo de Brasil, más una cantidad estratosférica de Copas América opaca el magro palmarés del balompié mexicano que de últimas, ha sabido trabar a los brasileños, sobre todo en divisiones inferiores.

Borja sabe que los lazos sanguíneos entre brasileños y mexicanos son eternos, “me encanta ver cuando un brasileño al oír a un mexicano empieza a hablar en portuñol, una voz rítmica y suave, muy agradable al oído. Son idiomas diferentes, pero entienden muy bien”.

 

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