Joël Dicker una nueva estrella de las letras

“Estaba preparado para el rechazo, pero nunca para el éxito”, confiesa el suizo de 28 años Joël Dicker, quien en la FIL de Guadalajara habló del reto que tiene para consolidarse como escritor y evitar ser un autor de un solo éxito

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04/12/2013 05:10 Virginia Bautista/ Enviada
El escritor suizo nunca esperó el fenómeno de su libro La verdad sobre el caso Harry Quebert
El escritor suizo nunca esperó el fenómeno de su libro La verdad sobre el caso Harry Quebert

GUADALAJARA, 4 de diciembre.- El escritor suizo Joël Dicker (1985) nunca se imaginó que las constantes visitas que hacía a Nueva Inglaterra (Estados Unidos) desde que tenía cuatro años de edad le fueran a servir para ambientar su novela La verdad sobre el caso Harry Quebert (Alfaguara).

Y mucho menos adivinó que este “poderoso ‘thriller’”, como lo han definido algunos críticos literarios, sería un arrasador éxito editorial que, a poco más de un año de su publicación, ha vendido más de 800 mil ejemplares y está en proceso de traducción a 33 idiomas.

 La versión en español llegó a México el verano pasado.

Hijo de una librera y de un ingeniero que siempre le dieron la libertad de hacer lo que más le gustaba, este joven narrador nacido en Ginebra toca el éxito con su segunda novela publicada, la primera fue Los últimos días de nuestros padres, de un total de seis libros terminados, cuatro de los cuales fueron rechazados por los diferentes sellos a los que los propuso.

“Estaba preparado para el rechazo, pero nunca para el éxito. No lo esperaba para nada, ni rápido ni tarde. Pero creo que tuve suerte, pues el éxito es un conjunto de situaciones y circunstancias que dependen de muchos factores, no sólo se basa en las ventas”, comenta en entrevista.

El misterio alrededor de la muerte de Nola Kellergan es la gran incógnita a resolver en La verdad sobre el caso Harry Quebert, ganadora del Premio Goncourt des Lycéens, del Gran Premio de Novela de la Academia Francesa y del Premio Lire a la mejor novela en lengua francesa.

Considerada por el editor francés Bernard Fallois como “la gran novela americana que hace tiempo no escriben los estadunidenses”, la historia relatada a tres tiempos, 1975, 1998 y 2008,  une la pasión por la escritura y los libros que siente Dicker con sus inquietudes como abogado por conceptos como  la verdad y la justicia.

“Ambas están unidas, son muy cercanas entre sí. No hay nada completamente cierto o completamente falso. Eso me gusta del Derecho. Nunca pierdes ni ganas al principio. Ese fue mi punto de partida para enganchar al lector”, agrega.

Quien de niño fue un apasionado de la música, en especial de la batería, y de los animales –a los diez años de edad fundó una gaceta sobre el tema, que él mismo dirigía, por lo que lo consideraron el jefe de redacción más joven de Suiza–, piensa que el éxito de esta novela se debe a que la escribió no pensando en publicarla, como las otras, sino para divertirse, para disfrutar el proceso que compartiría al final.

“Para mí, escribir es como el boxeo. Es una lucha contigo mismo y cada pelea es diferente. Hay muchas cosas que puedo hacer mejor. Me complace el éxito, pero debo seguir capacitándome. No quiero ser un joven que tuvo éxito y cuando pasen 20 años sólo me recuerden por eso. Debo trabajar duro para mejorar”, añade.

Influido por autores como Margarite Duras, Margarite Yourcenar y Romain Gary, y el estadunidense Philip Roth, el autor de la novela corta El tigre, aún inédita, admite que le da miedo decir siempre lo mismo, por lo que piensa que este es el momento de decidir si realmente desea arriesgarse como escritor para siempre o quedarse como el autor de un solo éxito.

“Cuando hacía La gaceta de los animales, me di cuenta que  lo que más me gustaba era el final del proceso. Me encantaba compartir, tener un objeto físico que le pudiera enviar a la gente, estar en contacto con ella y que ellos me respondieran. Que hubiera un intercambio real.

“Cuando escribes, el proceso creativo es muy largo; sin embargo, al final compartes tu universo. Por eso empecé a trabajar con historias de ficción, no tanto con artículos, que se basan en los hechos reales. Quería tener más libertad”, señala.

Dicker comparte que una de las varias lecciones que le dejó el editor recientemente fallecido Vladimir Dimitrijevick, el primero que creyó en él y quien convenció a De Fallois de que coeditaran el libro, es tener paciencia.

“Me dijo que fuera ambicioso; pero no en el sentido de ganar dinero o fama, sino ambicioso a la hora de escribir. Y esto significa siempre ir un paso más adelante y pensar más allá de la caja cuadrada. Ser más adulto, más maduro. Saber que todo tiene un tiempo”, indica.

Dicker ya tiene otra historia en la cabeza, pero no quiere adelantarla, “porque eso me da libertad”.

 Mientras la madura, visitó México por primera vez y seguirá promoviendo su éxito literario.

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