FOTOGALERÍA: El Bombyx mori, el insecto que fue un secreto en China

En México tenemos una situación geográfica privilegiada para la sericultura, situado en la misma latitud que los grandes productores

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08/01/2014 12:35 Redacción

La seda, una magia de la naturaleza que hemos convertido en una moda, a partir de la necesidad de cubrirnos. Una práctica tan delicada por parte de los gusanos y sus cuidadores que hace que el producto sea tan bello y envidiable que pocos materiales pueden lograr ese efecto

CIUDAD DE MÉXICO, 8 de enero.- La seda es el resultado de un sorprendente proceso de gestación, nacimiento, mudas y metamorfosis de un ser único sobre la tierra capaz de producir los finos hilos. El Bombyx mori fue durante muchos años un secreto en China, donde la producción de seda se mantenía escondida con medidas drásticas que llegaban hasta la pena de muerte a quien se atreviera a sacar los huevecillos, gusanos o mariposas del territorio, según reporta la Fundación UNAM, en su ciclo especial de enero, sobre los insectos.

En la sericultura se combinan los cuidados del hombre con el trabajo del gusano, que tiene la invaluable capacidad de producir miles de metros del finísimo hilo con el que confecciona su capullo. Aunque esta práctica no requiere de mucha inversión ni fuerza, la dedicación y cuidados necesarios de temperatura, humedad, tiempo y limpieza tanto de los animalitos como de la morera hacen de esto un trabajo absorbente.

La morera proporciona el alimento a los gusanos durante su corta vida, dándoles el almidón que transforman en la hebra. Esta puede alcanzar los 1500 metros de longitud en cada capullo, sin embargo, 500 metros de hebra son apenas suficientes para pesar 130 miligramos de seda. Cada metro convertido en miligramo resulta de un gran valor tanto monetario como de esfuerzo.

En la seda tenemos un producto natural con características únicas, aunque el hombre ha intentado obtenerla por métodos artificiales, ha resultado inútil sustituir lo que la naturaleza nos brinda. Tras muchos experimentos y búsquedas, se logró desarrollar hebras delgadas y brillantes que se denominaron sedas artificiales, ninguna de ellas ha logrado obtener la resistencia del hilo de la seda natural.

Originario de China, el Bombyx mori formó parte de la sericultura desde 3 mil 400 años antes de nuestra era. El tejido de la seda fue una de las principales fuentes de la riqueza de esta cultura, esta actividad llegó a Japón 600 años antes de nuestra era y se extendió a la India y Persia

Dentro de las cualidades de este material se encuentra la capacidad de conservar el calor natural, cosa que las imitaciones no logran hacer. Además de su enorme capacidad de absorción para el agua, los gases y colorantes, es un magnífico material para aislar los alambres de metal.

Los primeros gusanos y moreras llegaron a nuestro continente durante la Colonia, los españoles notaron que la morera crecía 5 veces más rápido que en Andalucía y que se podían hacer 2 crianzas al año. A pesar de las ventajas obtenidas en este territorio, la sericultura no llegó a consolidarse en nuestro país debido al auge de la minería y la delicadeza de su actividad.

En México tenemos una situación geográfica privilegiada para la sericultura, situado en la misma latitud que los grandes productores de seda del mundo, no se ha alcanzado a satisfacer el mercado interno. Se ha fomentado esta actividad en diversas comunidades rurales para poder tener ese impulso económico que viene con la producción de seda.

La seda, una magia de la naturaleza que hemos convertido en una moda, a partir de la necesidad de cubrirnos. Una práctica tan delicada por parte de los gusanos y sus cuidadores que hace que el producto sea tan bello y envidiable que pocos materiales pueden lograr ese efecto.

¿Tienes alguna prenda hecha de seda?

Si tienes Facebook, aquí podrás seguir los pormenores de Fundación UNAM en el #MesDeLosInsectos

 

pdg

 

 

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