RÍO DE JANEIRO, 24 de junio.- Es una familia mexicana en Río de Janeiro a punto de ver el partido ante Croacia. Viven en Barra de Tijuca, el lugar donde se realizarán los juegos olímpicos. Desde su ventana, en el undécimo piso, cuelga una bandera nacional.

Los Ramírez Ruiz tienen tres años viviendo en Brasil. El trabajo los trajo hasta este punto del mundo donde el futbol, el baile y la feijada tienen distintas formas de enrolarse con la cultura mexicana.

El padre de familia Antonio abre la puerta. Huele a comida mexicana. La esposa Irma cocina tinga de pollo y alambre de bistec. “Aunque no tenemos todos los ingredientes, hemos podido hacer nuestra comida. Las tortillas por fin las hemos hallado en un lugar que las venden congeladas pero se asemeja el tamaño y sabor. Los frijoles los traemos de lata, igual los chiles y con eso ya tenemos algo de nuestro país en la cocina”.

No es fácil dejar todo para irse al sur del continente. Por el negocio de papá, la pequeña Jeny, a la que le gusta México, tuvo que llegar a estudiar a una escuela británica y salir a las calles donde todos hablan portugués.

“No ha sido sencillo pero te adaptas. Sobre todo mi hija pequeña sintió el cambio más fuerte. Ella ha aprendido ahora a hablar tres idiomas y eso nos tiene orgullosos. En general, la gente de Brasil es amistosa, buena y te tratan con mucha calidez. Cuesta al principio pero terminas viviendo muy bien”.

Los planes son vivir un par de años más pero por lo pronto la Copa del Mundo da la oportunidad de vivir el futbol de cerca. La familia Ramírez se acerca a la estancia para ver el televisor con la narración portuguesa que ya todos entienden. A la hora del himno, ceremoniosos se paran a cantar y aplauden. El hermano de Irma Ruiz se pone la máscara del Santo. De los closets salen los sombreros tricolores y las banderas. La hora del juego ha llegado.