RÍO DE JANEIRO, 16 de junio.- La tensión ahoga a algunos argentinos que no encuentran boletos. Muchos traen la misma playera, es como si el 10 se multiplicara por el barrio de Maracaná. Unos son Messi y otros Maradona, pero de cada tienda o lonchería salen más los que se figuran ser La Pulga con tan sólo ponérsela.

Es el día del debut argentino y Brasil se ha visto invadido por ellos. El cálculo de las oficinas de turismo es que en las últimas 24 horas entraron a Río de Janeiro más de 50 mil argentinos que de igual forma estarán dejando el país en unas horas.

Van cantando confiados de sí mismos. Tener al mejor jugador del mundo les da el derecho a pensar lo que quieran en una Copa a la que su presencia llena de sabor. En la estación Maracaná, el Metro más cercano, se hace un tumulto. Las autoridades tienen que intervenir para que los aficionados argentinos avancen, pero apenas pueden con ellos. Hay cosas en las que la organización del Mundial se ha visto rebasada.

Por allá va Messi, por el otro lado también. Ahí está más adelante, agarrado del brazo de una chica. Va con un niño, con una bandera amarrada como pañuelo. Está por todos lados. Cuando juega Argentina, está afuera y adentro del estadio. Todos son el 10.

Un grupo de amigos de Santa Fe llegó para ver a Argentina. Uno de ellos intercambia la camiseta con un bosnio. No traen mucho dinero y las entradas están por las nubes, hasta tres mil dólares por un boleto.

Ahora vamos a ver qué hacemos. Igual nos movemos a un bar a verlo, porque es inútil entrar”, comenta un chico que trae una playera del Boca Juniors y le dicen Kelito. “No volé hasta Río para no ver a Messi. Estoy pensando en saltarme las rejas, correr hacia adentro, lo que sea, en un Mundial no hay locura que sea grande”, refiere.

Terminado el partido, Messi le firma una playera a periodista argentino.

Se la prometí a mi hijo Gael. ¡No lo puedo creer, se me va a reventar el corazón! Es increíble que Messi haya aceptado firmarla. Mi hijo dijo que si me la firmaba, me la regalaría para mí por ser el día del padre. ¡Qué grande es Dios!”