RÍO DE JANEIRO, 14 de junio.- Roberto, un septuagenario brasileño del barrio de Santo Cristo, pegado al puerto de Río de Janeiro, se detiene en un bar a ver el futbol, “iba camino a casa, pero ya no me da tiempo de llegar, quiero ver a México”, dice, removido por los recuerdos del equipo campeón en México 70.

Empieza a nombrar a Pelé, Rivelino, Carlos Alberto, pero también a “Guadalajara, tequila, el cielito lindo, esa canción no me la sé completa”, dice.

Se ha enfadado un poco, porque a México le han quitado dos goles del marcador. Él, como muchos otros brasileños, ha cambiado sus rutinas para ver la Copa del Mundo.

Es un taxista aficionado al Flamengo que trabaja sólo la zona donde están las instalaciones de este club, prende una pequeña pantalla para no perder el hilo del partido: “México es un buen equipo. Mi única duda es por qué no meten a Chicharito Hernández, un formidable delantero”.

Si se le recuerda el nombre de Oribe Peralta hace una mueca que se parece como si los labios se los hubieran jalado con hilo de cáñamo, “ya sé de quién me habla, es el que anotó en los Juegos Olímpicos”.

Y precisamente de Oribe cae la anotación que le hace apretar el claxon del carro en melodía, “para que no digan los mexicanos que no somos hermanos”.