CIUDAD DE MÉXICO, 18 de mayo.- Hay valores innegociables que llevaron a Alfonso Sosa a dirigir a la Universidad de Guadalajara, el equipo alojado en su corazón. Hoy que es un técnico que por primera vez dirigirá en Primera División, recuerda cuando debutó con los Leones Negros, en 1985: “Me temblaban las piernas en el vestidor. Me dieron la indicación que sería socio en el medio campo de Luis Plasencia y no lo creía. Nunca sentí tanto nervio como aquella ocasión”.

A los 16 años lo subieron a entrenar con el primer equipo y a los 18 pudo debutar en el futbol profesional en una carrera que duraría 20 torneos.

Me hice futbolista por entrenar al lado de jugadores como Jorge Vikingo Dávalos, Luis Plasencia, Jaime Reyes, Víctor Rodríguez, que fueron el esqueleto de la historia de la U de G.”

Sosa desde pequeño fue un chico serio, que era todo corazón pero que dudaba en su carrera incipiente en el futbol. Sucedía que en casa la economía no era boyante como para apostarle todo a un deporte y su padre fue el principal opositor de que dejara la escuela, “por eso en algunos lapsos de tiempo entrenaba. Realmente pensé que el futbol se alejaría de mi vida porque iba a Leones Negros cuando no había clases, casi siempre en el verano. No era constante”.

7 equipos de Alfonso Sosa como jugador profesional

El sueño de Poncho Sosa lo cultivó el Cruz Azul victorioso de la década de los 70. Mientras en casa había un freno de mano por su papá, un amigo del barrio le llevó el recorte de un periódico donde en Guadalajara había oportunidad para los jóvenes.

Nos quedamos y los entrenamientos eran vespertinos. Fue tanto el destino del futbol que pensé ahí se acababa, porque era el turno en el que iba a la escuela, pero pasó que me dejaban ir a jugar sólo los fines de semana y así anduve un tiempo hasta que a los 16 años los entrenamientos cambiaron a la mañana y me pude incorporar con normalidad. Ya para ese momento mi papá me dejó hacer lo que quisiera y aposté a los Leones Negros”, refiere.

Con el tiempo sería parte de una generación juvenil que renovó los bríos de la U de G. Junto a Octavio Mora y Daniel Guzmán fueron nombrados “los tres mosqueteros” en un club que era del agrado del público no sólo por el llamativo uniforme, sino también “por el respeto a la pelota, por la filosofía de no darse por vencidos y destacar en el ataque”. Bajo esos preceptos ganaron la final de Copa de la temporada 90-91 al América.

44 años de fundados tienen los Leones Negros

Con la llegada del diputado Félix Flores a la comisión del futbol de los Leones Negros se apostó por un nuevo camino. Atrás quedarían las grandes contrataciones y la puerta se abriría a los jóvenes. Corría el año 1983 cuando toda la estructura del club se modificó. Ahí vino el haz de luz para Sosa, “el fruto fue la Copa que le ganamos al América jugando bien al futbol”.

No sabía Sosa que un año después de su salida del equipo vendría el colapso. Él se fue  a continuar su carrera en el Puebla mientras la U de G definitivamente entró en el problemático lapso de lidiar con entradas bajas, finanzas flacas y pocas expectativas. El rector Raúl Padilla vendió la franquicia al rematarla a la Federación Mexicana de Futbol y los Leones Negros desaparecieron en 1994.

“Fue una triste noticia porque te pasan recuerdos, anécdotas, vivencias y anhelos que no se cumplieron. En mi caso era algo más por todos los amigos que conseguí ahí también, porque egresé de la Universidad de Guadalajara en la carrera de Derecho, es decir, el recinto me dio mucho y el equipo un poco más”.

Pasaron los años y para 2013, la U de G le brindó a Alfonso Sosa su primera gran oportunidad de dirigir a los Leones Negros. El proyecto era ambicioso, pero no tenía el capital para aspirar al ascenso.

“No lo hubiera tomado si hubiera sido otro equipo, pero al ser Leones Negros no pude dudarlo”, recuerda Sosa.

“Las condiciones no eran nada halagadoras ni buenas, pero trabajamos incansablemente y poco a poco llegaron patrocinios, ayuda, interés de todos lados. Creí en esto por tratarse de la U de G. Puse el corazón porque aquí lo había dejado.”