CIUDAD DE MÉXICO, 7 de mayo.- Italia ganaba el partido, pero el pulso se mantenía equilibrado. Alemania empujó con fuerza con su capitán Franz Beckenbauer luxado del hombro y jugando con un vendaje para que se sostuviera.

En el minuto 91 apareció Karl-Heinz Schnellinger para empatar y abrir la puerta a la epopeya, al duelo del siglo, al partido bañado en oro. Difícilmente se recordará un duelo en el que en tiempos extras se hayan anotado cinco goles. Cuando pasó Schnellinger de regresó al medio campo luego de anotar, su compañero de ese entonces en el Milán, el italiano Giani Rivera le dijo muy cerca del oído: “Cuando vuelvas a Italia te vamos a volar el coche”, según palabras del delantero Roberto Boninsegna que alcanzó a escucharlo. Todo el coraje que guardaba en ese instante Rivera saldría al momento de dar fin al partido del siglo, que  fue pitado por Arturo Yamasaki, árbitro peruano naturalizado mexicano después.

Cuarenta y tres después  de ese dramático partido no hay uno que le iguale en la historia de los Mundiales. Fue una proeza de los italianos y una gesta de los alemanes del occidente.

Más de la mitad del mundo lo siguió en televisiones blanco y negro; la otra parte se enteró después del resultado y la épica.

El 17 de junio de 1970 había concentradas en el Estadio Azteca 102 mil 444 personas que vibraron con el empate durante los 90 minutos y se frotaron las manos por continuar viendo esa batalla.

El público mexicano, ávido por seguir teniendo futbol en su copa, apoyó a Alemania para que alcanzara el empate, pero durante la media hora de los tiempos extra se dividió el coloso de la colonia Santa Úrsula.

A los italianos los dirigía Ferruccio Valcareggi sin que fueran convincentes hasta ese momento. A cambio presentaban credenciales como un equipo duro y difícil de doblegar. Los alemanes, en contraparte, eran favoritos en la llave.

El gol a los ocho minutos de juego de Roberto Boninsegna le permitió a Italia manejar a su antojo su juego ultra defensivo. El delantero, sin embargo, fue capaz de esquivar un forcejeo con Beckenbauer y anticiparse al central Wilis Schulz.

Alemania se empezó a impacientar conforme Gerd Müller rondaba el arco de Enrico Albertosi, pero no podía vencerlo y por poco pierden los estribos cuando el árbitro Yamasaki no pitó un penal sobre Uwe Seeler por parte de Giacinto Fachetti cuando segundos antes Pierluigi Cera había salvado en la línea un disparo.

Aunque este partido pasó a la historia como un gran clásico por su dramático desempate, el connotado comentarista inglés Brian Glanville sostuvo que el tiempo suplementario fue, ante todo, “una comedia de errores”.

El futbol tiene esta causa del error para librar la monotonía. Sucede cuando el nerviosismo invade a los jugadores que tienen la cabeza partida a la mitad entre la concentración y la ansiedad.

A la hora de iniciar el primer tiempo extra, Gerd Müller anotó el 2-1 para los alemanes. El remate fue una combinación enredada entre el portero Albertosi y el defensa Fabrizio Poletti. La pelota, apenas con la fuerza suficiente para entrar a la portería, iba tan débil que ni siquiera tocó la red.

Tarcisio Burgnich, defensor italiano a los dos minutos posteriores a la gol de Müller, aprovechó ahora un error de la zaga alemana. El balón iba alto y perpendicular hacía el medio Sigi Held.

No honró el número 10 que normalmente traen los duchados de talento y fue incapaz de atraer el balón por lo que lo dejó vivo en el área. Burgnich sólo disparo fuerte y abajo para empatar.

Riva entró al área siempre con su perfil zurdo privilegiado. Se quitó a Schnellinger con un recorte y fulminó el arco alemán.

Todo era tan rápido como un tren a toda potencia, se giraba sin control y el partido tenía vueltos locos a todos. ¡Inigualable!

Para el segundo tiempo extra, Gerd Müller volvió a marcar al lanzarse de cabeza. Su flequillo apenas tocó el balón de forma tal que dejó desbalanceado a Albertosi y volvía a empatar el duelo.

En aquel entonces, el reglamento de la FIFA no estipulaba definirir los partidos empatados con tandas de penaltis. El que después se llamaría “el juego del siglo” bien se pudo dirimir como se tenía previsto por medio de un sorteo en donde se introducía el nombre de ambas selecciones en el hueco de un sombrero para elegir al azar una, por medio de la mano pura de algún niño.

El 4-3 dejó fuera a una de las mejores selecciones que se recuerde como era aquella alemana y permitió un combinado italiano llegar a la final con Brasil.

A Roberto Boninsegna le quedaba fricción en las piernas.

Corrió como si acabara de salir del vestidor por el lado derecho. Su perseguidor Wili Schulz sacó la lengua hasta tratar de detenerlo, pero no evitó que el balón corriera en diagonal hasta el manchón penal donde Giani Riva empujó con decisión al fondo de las redes.

El mismo que había advertido a Schnellinger que le quemarían el auto en Milan convirtió el gol del colofón mundialista para dejar el listón del juego del siglo impuesto para siempre.

Muchos como Schnellinger no pudieron batirse con la intensidad competitiva alemana durante los 120 minutos, acusando el enorme esfuerzo de hacía unos días para eliminar en tiempos extras a los ingleses.

Se recordarán los goles, la emotividad y la locura. Nunca se olvidará a Franz Beckenbauer con el brazo derecho vendado y al Mundial de México 70 como uno de los mejores en la historia por tener esta clase de partidos.

Para los anales se recordará que el técnico italiano Ferruccio Valcareggi siempre pensó que Gianni Rivera y Sandro Mazzola no podían jugar juntos. Ni siquiera en el partido del siglo.

 

La batalla más dramática

Por Miguel Aguirre C.

Italia conquistó en 120 minutos de intensa lucha y total entrega el derecho de disputar a Brasil la final de la IX Copa Mundial de Futbol, al imponerse por 4-3 a Alemania, la plomiza tarde de ayer ante cien mil eufóricos aficionados, testigos del partido más dramático de los cuarenta años de historia del magno evento.

La gran batalla-clase, espectacularidad y magia de los italianos; fuerza, arrojo y determinación de los alemanes-, se decidió en tiempos extras, cuando un manto gris empezaba a oscurecer el área de Santa Úrsula.

Yamasaki no marcó dos penales    

La actuación del árbitro peruano Arturo Yamasaki fue determinante en el marcador. A los 20 y 25 minutos del segundo tiempo no castigó a Italia con dos monumentales penalties cometidos por la zaga azul en situaciones de verdadero peligro en su puerta.

En el primero de ellos, Beckenbauer penetraba a todo ritmo en la trinchera italiana cuando Cera lo bloqueó brutalmente produciéndole una lesión en el hombro derecho que a partir de entonces obligó al elegante mediocampista germano a luchar con el brazo unido al cuerpo, perdiendo agilidad y soltura.

En la otra acción que merecía ser castigada con el penalty, Burgnich neutralizó con ambas piernas a Seeler a unos centímetros del manchón penal.

En ambas ocasiones calló el silbato de Yamasaki.

Rivera, el genio; Mazzola, un Titán

Italia inició el choque bajo el esquema que les dio el triunfo frente  a México.

Mazzola, con un futbol elástico de constante movilidad, obligó a Beckenabuer, su centinela, a modificar constantemente de sitio, lo que significó que el ataque alemán careciera del punto de apoyo que los proyectara sobre la meta adversaria.

Posteriormente Rivera penetró al pasto y fue cuando la “squadra Azurra” adquirió niveles de grandeza.

“Il Bambino”, con un juego señorial, mantuvo a sus compañeros atacantes siempre dentro de la zaga teutona. Controló y trazó; recuperó la media cancha y clavó el cuarto gol en una acción impregnada de clase e inspiración.

Beckenbauer, a raíz del brutal choque con Cera, declinó considerablemente. Se mantuvo a la expectativa atendiendo más a sus backs que a su línea delantera donde Seeler y Müller lucharon con pasión y entrega frente a una línea explosiva que jamás claudicó.

Las inclusiones de Libuda y Held en el segundo tiempo, descontrolaron a los italianos.

Una auténtica pinza fue ahogando poco a poco a los backs azules quienes constantemente fueron rebasados en sensacionales acciones que los aficionados coreaban emocionados.

El primer gol de los “azzurri”

Los alemanes dieron la impresión de inseguridad al retroceder en cuanto Riva intentó el primer lance ofensivo. Schultz y Vogts desplegaron una especial vigilancia sobre el ariete italiano, sobre quien giraba la función de Mazzola.

Y entre Riva y Mazzola trazaron la acción que Boninsegna quien penetró sobre el muro alemán y lanzó un tiro esquinado.