CIUDAD DE MÉXICO, 29 de abril.- En los 26 años que Antonio Medina ha estado ligado al Atlante le ha tocado vivir tres descensos del club (uno de ellos no se concretó por una promoción frente al Veracruz, en 2001), aunque asegura que ninguno ha sido tan doloroso ni inquietante como el del presente torneo Clausura. Reconoce estar desconcertado por no saber qué pasará con el equipo, aún no sabe con certeza si le tocará vagar por el país junto al equipo nuevamente o si se mantendrá por un tiempo más en Cancún y mucho menos si podrá mantener el empleo con el que sostiene a su familia, la cual es su mayor preocupación. La de él sólo es un ejemplo de las historias que se viven tras bambalinas, tal vez las más duras, dentro de la institución azulgrana.

Medina, que nació en la Ciudad de México en 1959, se encarga del mantenimiento del estadio Andrés Quintana Roo y es una de las personas vitales en el funcionamiento de la institución azulgrana. En un día normal, se le ve en la cancha pintando las líneas que delimitan el rectángulo, en los vestidores arreglando algún desperfecto o en la punta de las torres en las que se colocan las lámparas para cambiar alguna luminaria que dejó de funcionar. A su lado tienen un pequeño grupo de trabajadores que le ayuda en sus funciones, aunque no siempre fue así.

El primer contacto que tuvo Toñito, como le apodan quienes lo conocen, con la institución azulgrana se dio en noviembre de 1988 gracias a la amistad que tenía un amigo suyo con José Antonio García, quien ya en esos años era directivo del club. Fue recomendado para hacer el trabajo de mantenimiento del estadio Azul (antes llamado Azulgrana), aunque inició como barrendero. “A partir de ahí mi vida tomó un rumbo que no esperaba”, acepta.

Con los oficios de agricultor y albañil, los cuales aprendió al lado de su padrastro, sus conocimientos en mantenimiento de los inmuebles eran nulos, aunque los aprendió de manera autodidacta. “El que era el encargado de mantenimiento no le gustaba enseñar su trabajo a nadie”, recuerda, pero se las ingenió para salir adelante. Hizo de todo sin llegar a flaquear en ningún momento, a pesar de que le tocó vivir días en los que los regaños eran más comunes que las palabras de aliento. “Pero así es la vida, hay que salir adelante”, afirma.

Le ha tocado deambular junto al equipo.

En todos lados, en Neza, Querétaro, el Azteca, el Azulgrana y ahora en Cancún. Entré en noviembre de 1988 y me dieron de alta en el seguro social un año después.

¿Recuerda alguna plaza en especial?

La afición del Atlante está en México. Estuvimos en el estadio Azul siete años y la verdad que la afición respondió. Acá en Cancún la afición asiste, pero no es atlantista de cepa. Lo es cuando su equipo no viene. Por ejemplo, nos visita Pumas, Cruz Azul o América y apoyan a esos equipos, pero cuando no, se visten de azulgrana.

¿Cómo llega a Cancún?

Me mandaron a llamar de buenas a primeras. Llegué después del partido frente a Pumas, iba a la Ciudad de México y venía, pero después me quedé. Tengo una esposa, una familia y a ver qué nos dicen en la institución.

¿Es un atlantista de los llamados de hueso colorado?

Nos da de comer a mí y a mi familia, mis hijos han crecido queriendo a los Potros. He procreado a tres mujeres y cuatro hombres. Es preocupante porque no sabemos qué pasará, no nos han dicho nada, pero vamos a ver qué nos dicen, qué nos ofrecen.

Cuéntenos de su etapa como Pepe Potro.

Anduve trayendo la botarga durante un buen tiempo. Estuve en varias ocasiones, en convenciones, en entrega de trofeos, diplomas, escuelitas... en fin.

Le ha tocado vivir más días difíciles que buenos en los Potros.

Tenemos que vivir las buenas y las malas.

¿La gente que trabaja dentro del club cómo vivió este descenso?

Claro que lo sufrimos porque es un equipo con el que estamos. Yo y mis compañeros nos esmeramos en todo, hacemos nuestro trabajo, buscamos que las luces estén bien, que los vestidores no tengan problemas, que la cancha esté bien delineada, que los banderines estén en su sitio, todo. Estamos para que los jugadores no tengan preocupaciones a la hora de jugar, que salgan a dar todo.

¿Cuál de los descensos le ha dolido más?

Éste ha sido el más doloroso porque hemos batallado bastante. Le echamos ganas, pero salieron mal las cosas. Es triste que un equipo de tanta tradición se vaya de la Primera División.

¿Será éste uno de los planteles azulgrana más pobres?

No sé que haya pasado con el equipo, había un buen plantel, pero no sé qué pasó con ellos. La mayoría son nuevos, no los conozco bien, pero lo que es Chepe Guerrero, Luis Ángel Venegas y el Chino Arturo Muñoz son los que conozco de más atrás. Son atlantistas y me acerco más a ellos.

Se necesitaba más gente de casa.

Sí. Muchos jugadores vienen prestados, a lo mejor no se interesan mucho por el club, terminan su temporada y se van.

¿Qué le gustaría que pasara con el club?

Me gustaría que regresara a México porque toda la afición está allá.

A desear que el Atlante regrese rápido como sucedió en 1991

Ojalá regrese pronto y no tarde tanto.