CIUDAD DE MÉXICO, 12 de abril.- En Boston, Doc Rivers era un transeúnte más. Iba a un bar y terminaba conociendo a meseros y clientes. Algunos le pedían quedarse como coach de los Celtics, pero los planes de reestructuración en el equipo, que incluían las salidas de Kevin Garnett y Paul Pierce, no lo hicieron cambiar de opinión.

Antes de tomar las maletas y viajar hacia Los Ángeles, Rivers dejó un título de la NBA (2008) en los recuerdos del TD Garden. Lo hizo precisamente frente a los Lakers, el máximo antagonista, dejando la serie 2-4 y con Paul Pierce como MVP.

El éxito le permitió ser elegido como entrenador de la Conferencia Este en el All-Star Game de ese año y de 2011. Poco tiempo antes (2000), cuando dirigía al Orlando Magic, había sido nombrado el Coach del Año.

Rivers quiso irse tres veces de Boston, pero no pudo.  Tras conseguir el anillo de campeón, la muerte de su padre acabó con su ambición de seguir.  “Pensaba en irme a casa y no hacer nada más”, detalla. “Pero luego, seguí”.

La segunda ocasión que tuvo un pie fuera de los Celtics fue en 2010, cuando su equipo cayó ante los Lakers (4-3) en las finales de la temporada.

Me puse sentimental,  ya lo tenía decidido. Es más, estuve a punto de decirlo después del último partido de esa serie en la conferencia de prensa”, continúa. “Al final recapacité”.

Un año después Boston  siguió con los números positivos en la fase regular (39-27) y, aunque luego fue eliminado por el Heat de Miami (4-1) en las series de playoffs, el sentido de pertenencia se haría más evidente en Rivers. “Ahí fue cuando me rebelé ante la idea de no marcharme, pero sentía que no era el momento. Nunca sentí un sentimiento por un lugar como Boston”.

Los Celtics tenían a Pierce, Garnett y Ray Allen, éste último fundamental para lograr la permanencia del entrenador en los meses siguientes. Alguna vez el propio Rivers contó que Allen lo detuvo en el vestidor para decirle: ‘irte es un error’. Y no se atrevió a rebatirlo.

El equipo del trébol aceptó su partida hasta el año pasado, cuando la reorganización de la plantilla no lo incluía más en los planes. ¿Su destino? los Clippers de Los Ángeles, quienes le ofrecieron un contrato por tres temporadas y 21 millones de dólares. A cambio, los Celtics recibieron la elección de su primera ronda del draft del 2015.

En la ciudad angelina, Doc aprendió a extrañar el calor de su viejo hogar. Así como en un lugar público la gente podía preguntarle por los Celtics, también lo hacía por los Medias Rojas de Boston, de quien Rivers es fanático.

La primera campaña de los Clippers bajo su mando está cerca de terminar con el mejor récord de victorias en toda su historia, registrado en 2012-13 con 56 triunfos y 26 derrotas en 82 encuentros.

Rivers puede presumir de un equipo que es tercero en la Conferencia del Oeste (55-24), soportado por la capacidad anotadora de Blake Griffin (24.1 puntos por partido) y la habilidad de Chris Paul (10.7 asistencias por partido).

Los Clippers son, además, uno de los mejores locales (32-7) y el cuadro que más daño provoca en sus rivales (107.7 puntos por juego).

En contraparte, Boston ahora sufre la falta de un líder en el vestuario y sigue hundiéndose en los últimos puestos del Este, con una marca de 24 victorias por 55 reveses. De aquel grupo de jugadores que potenció Rivers con su experiencia, sólo queda Rajon Rondo.

“No tengo idea de lo que haré el resto de mi vida, pero siempre voy a ser un Celtic. Eso nunca cambiará”, recuerda Doc, aun cuando está a punto de hacer historia.