ZAPOPAN, 6 de abril.- La pelota nunca le llegó con peligro a Federico Vilar. Iba y venía sin control por el campo en un juego mezquino que terminó siendo insoportable entre el Puebla y el Atlas.

Ganó el miedo entre ambas escuadras que pensaban más en el Atlante que en ellos mismos. Firmaron la tregua de no hacerse daño con tal de, ambos,  mantener distancia con los Potros.

Con este marcador, la tabla de porcentaje amanece con una ventaja para los poblanos de cinco puntos y para los Zorros de siete a la espera de lo que haga  hoy el Atlante en su campo ante los Tigres de la UANL.

Para el Puebla es un punto que vale oro. Apostó a un orden irrestricto y sin cuarteaduras. Nunca propuso ni le interesó atacar. Todo su núcleo fue defensivo hasta el hastío y le resultó, porque nunca le permitió espacios a los atlistas, de por sí, carentes de ideas.

Sus seleccionados estadunidenses, Damarcus Beasley y Michael Orozco, que no fueron con su país para el amistoso contra México, rindieron en cuanto a las órdenes  encomendadas. Taparon todas las vías de acceso junto a sus compañeros en un forma insípida de plantarse en el estadio Tres de Marzo, que volvió a recibir un juego de Primera División.

Puebla seguirá sumido en su lucha sorda por no descender  y mostrando pocas cualidades, a diferencia esta vez, del buen partido que hicieron la semana pasada ante el León, en el que  también empataron.

Las próximas semanas serán determinantes en el futuro de estas escuadras, aunque parece que el Atlas, que había dado señales de vida jugando mejor, ha salido de sus problemas. Sin embargo, la última demostración volverá a sembrar dudas, porque Tomás Boy no supo descifrar el planteamiento ultra defensivo de Rubén Omar Romano.