CIUDAD DE MÉXICO, 2 de abril.- Truman Capote escribía A sangre fría y aparecía también Cien Años de Soledad, de Gabriel García Márquez. Una mujer, Indira Gandhi, gobernaba por primera vez en la historia a India. El Che Guevara apretaba el costillar de Rocinante por los campos de Bolivia y, mientras el mundo tarareaba las canciones de los Beatles, el futbol regresaba a sus orígenes en el Mundial de Inglaterra 1966.

El sorteo previo a la competencia fue el primero en ser televisado. La FIFA prohibió la naturalización de jugadores como representantes de otros países y se realizaron las primeras pruebas antidopaje.

El 20 de marzo de ese año, la Copa Jules Rimet fue robada del salón central de Westminster en Londres mientras era exhibida públicamente tres meses antes del juego inicial en una vitrina.

Por su recuperación se ofrecieron seis mil cien libras esterlinas. Siete días después, cuando parecía no haber rastro de los ladrones, un perro llamado
Pickles, cuyo dueño era un comerciante inglés de nombre David Corbett, olfateó un arbol ubicado en Norwood, al sur de Inglaterra, y cavó un pozo hasta encontrar un paquete blanco amarrado con una soga. Pickles encontró la Copa.

Tras contarle la historia a las autoridades, Corbertt y su perro fueron invitados por la realeza británica a todos los partidos del Mundial, además de entregarles una recompensa de cinco mil libras al primero y una dotación alimenticia de por vida al segundo.

Sobrepasado el susto, fechado el 20 de marzo de 1966, la FIFA decidió crear una réplica del trofeo Jules Rimet, el cual sería utilizado para exposiciones.

El león Willie, vestido con la camiseta de la selección inglesa, fue la primera mascota de un Mundial. Aficionados de todo el mundo, además, estaban atentos al televisor para seguir los partidos vía satélite en blanco y negro.

Dieciséis naciones africanas habían boicoteado el torneo en protesta por una decisión de 1964 que obligaba al campeón de dicho continente a disputar un repechaje ante los ganadores de Asia u Oceanía.

El partido inaugural entre Inglaterra y Uruguay se vio demorado debido a que varios de los jugadores ingleses olvidaron sus identificaciones en el hotel.Un policía en motocicleta fue enviado a recogerlas.

Participaron 16 selecciones divididas en cuatro grupos, se marcaron en total 89 goles y como invitados estuvieron Pelé, Franz Beckenbauer, Hurst, Bobby Charlton, Eusebio y Lev Yashin La Araña Negra.

Al equipo de la rosa, cuya posición de anfitrión se debió en gran medida a que Stanley Rous era el presidente de la FIFA, se le concedió el privilegio de disputar sus partidos en Wembley. Las otras sedes fueron Londres, Sheffield, Birmingham, Liverpool, Manchester, Sunderland y Middlesbrough.

México empató dos de sus tres partidos ante Francia (1-1) y Uruguay (0-0) y perdió contra Inglaterra (2-0), quedándose otra vez fuera en la fase de grupos. Antonio La Tota Carbajal sumó su quinta participación en copas del mundo y Enrique Borja su primer tanto. “Tuvimos un buen desempeño, casi calificamos”, diría el entonces técnico Ingacio Trelles.

En el campo, Pelé no pudo brillar más que Eusebio, en gran parte por el duro tratamiento que le dieron los defensores rivales.

Brasil no pasó de la primera fase y se quedó con apenas un triunfo y dos derrotas, la última de ellas (3-1) precisamente ante Portugal,  el país de Eusebio, La Pantera Negra. Pelé juró no volver a jugar en una Copa del Mundo.

Los portugueses, a pesar de tener en Eusebio al máximo goleador (nueve tantos), tuvieron que conformarse con el tercer puesto tras ser eliminados en las semifinales ante Inglaterra (2-1) con un doblete de Bobby Charlton. En sus seis encuentros, Portugal marcó siempre después del minuto 80.

Junto a los anfitriones, Alemania Federal llegó a la final. Aquel partido tuvo dos momentos clave: después de que Haller puso en ventaja a los alemanes, Hurst y Martin Peters dieron vuelta al partido y parecían quedarse con el título. Pero Weber igualó en el último minuto.

Antes de comenzar el tiempo extra, el entrenador Alfred Ramsey envió un mensaje a sus jugadores: “Alemania está fundida”. Y no se equivocó.

Cayó el segundo gol de Hurst a los 101 minutos, aunque todavía quedan dudas sobre él. ¿Cruzó o no la línea de gol?

El asistente del árbitro, el ruso Bakhramov, vio entrar la pelota después de pegar en el larguero y picar sobre la línea de fondo.

Geoff Hurst completaría un hat trick y sellaría el título para Inglaterra.

La urgencia de patear una pelota

 El 9 de julio de 2006, 715 millones de personas de 214 países vieron la final del Mundial entre Francia e Italia. Ese encuentro trajo cifras globales de 26.29 billones por derechos de visualización para el torneo y los ingresos totales de la FIFA se estiman en más de mil millones de libras esterlinas. Hoy en día el futbol es un deporte que como ningún otro ha conquistado cada esquina del planeta y su espiral de mercadotecnia se incrementa cada año.

A los extranjeros algunas veces les gusta burlarse de nuestra creencia de que le dimos el futbol al mundo. Sin duda parte de esa creencia es una ilusión de nuestra grandeza nacional que también se eleva en 1966, cuando levantamos la Copa del Mundo como anfitriones, un torneo que, visto desde los ojos foráneos, ha sido referido como uno de los más aburridos y más sucios de la historia, un torneo que fue marcado por el arbitraje dudoso y que Inglaterra ganó por un gol que aparentemente no cruzó la línea de gol; en cambio, hay quienes lo citan como un momento seminal en los anales del deporte.

Tiempo después, sin embargo, la pregunta resulta legítima: ¿Si hemos inventado el futbol, ​​cómo es que somos tan malos para jugarlo?

Numerosos puntos de origen del juego han sido propuestos. En la tercera centuria Antes de Cristo (AC), los chinos jugaron al cuju (patear la pelota), un juego popular en la Casa Real que involucraba a dos equipos que trataban de llevar una bola rellena a través de un agujero en una hoja de seda.

Cientos de años antes de la llegada de Cristóbal Colón a tierras desconocidas, juegos con pelotas de goma fueron muy populares en América Central. Y, por otro lado, entre los siglos XVII y XVIII los aristócratas en Florencia jugaron un partido civilizado y cortés llamado calcio. Y así, la lista continúa.

Patear, golpear o lanzar objetos redondos parece ser una urgencia universal. Pero ninguno de estos juegos anteriormente citados era futbol.

Resulta que los chinos, los mexicanos y los italianos empezaron a patear pelotas de cuero infladas, pero está claro que hacia el siglo XX esos pueblos no estaban practicando sus propios juegos ancestrales, o incluso no estaban jugando algo que se consideraba descendiente de sus juegos. En realidad pusieron en práctica un juego que habían importado de Gran Bretaña, y lo sabían.

Ese juego fue uno de los que Gran Bretaña puso su semilla a mediados del siglo diecinueve y su historia de surgimiento como deporte nacional es extraña y un tanto convulsionada.

Es un cuento digno de relatarse que surgió de la inventiva de estudiantes de escuelas públicas llenos de testosterona, terratenientes excéntricos y mineros autoritarios; sus conflictos, sus mutuos antagonismos y sus compromisos básicos.

Es un juego que empezó a jugarse tradicionalmente en las calles, en sus inicios fue un juego áspero, pero tal vez ese juego no sea tan ingenuo como algunos historiadores han pensado.

Al contrario, el futbol ha avanzado a través del extraordinario mundo de las escuelas públicas inglesas, que le dieron un toque muy especial, y de allí pasó a los clubes de la clase alta como Wanderers y los cruzados que surgieron en Londres en la década de 1860.

A partir de ahí el futbol cuenta una historia de la democratización del juego mismo, de la forma en que se extendió, primero a la clase media y luego a los trabajadores, y por cuanto, en manos de la gente común, se transformó en el juego que hoy es universalmente conocido.

- Fragmento del Prólogo de Beastly Fury. Traducción: Fernando Islas