CIUDAD DE MÉXICO, 18 de marzo.- Hay cosas en Brasil que funcionan de manera singular. Las favelas son un ejemplo y, entre todas, una está bautizada como México 70.

“Lo paradójico de esto es que ese nombre nos remite a los brasileños a un momento de euforia y esta favela es de las más pobres”. La voz, desde Sao Paulo, es del fotógrafo Edrien Esteves, quien nació cerca de Sao Vicente, donde se encuentra este sitio olvidado del mundo. Entre basura y aguas negras, los niños buscan un particular futuro que tenga que ver con el futbol. La reciente Copa del Mundo ha movido a varias favelas para dar una mejor imagen de Brasil, pero esta subsiste casi en una invisibilidad tan lejana como aquella Copa del Mundo que ganaron en el estadio Azteca

Y Brasil inició perdiendo en el Mundial. Era culpa de un checoslovaco llamado Petras, que a los 11 minutos entristecía al país más alegre por culpa del futbol. Eran los tiempos en que una dictadura militar provocaba el terror y la fuga de cientos de personas. Emilio Garrastuzu Médici imponía una mano de hierro que no daba tregua ni siquiera durante la Copa del Mundo. El equipo de Mario Zagallo había reactivado a Pelé, quien se pensaba no llegaría en buenas condiciones. Pero el sol de Guadalajara y la hospitalidad mexicana le sacaron lo mejor de sí. Entonces Brasil ya no tuvo freno. Pelé, Rivelino y Jairzinho le dieron una personalidad multiganadora al equipo. La esperanza llegaba hasta el sur de América donde hubo una celebración extrema. Esa favela sin nombre aún, que apenas se conformaba de unas 50 casas comenzaba a gritar gol con ahínco. Al día siguiente los niños salieron a la cancha de tierra aledaña para tratar de emular lo que habían hecho sus héroes.

“Las cosas han cambiado”, revela Edrien Esteves, fotógrafo brasileño. “La urbanización ha hecho que vivan un poco mejor las personas. Les gusta el futbol y vivirán el Mundial con una intensidad inusitada, aunque nunca dejan de pensar en lo que comerán mañana, si es que lo comerán. Esas fotos las tomé en 2006 y no tuve tanto problema para entrar. Es una zona muy pobre, la gente tiene muchas limitaciones y carencias, algo que estremece, pero a pesar de todo sonríen”.

Los niños que crecieron en esta favela ahora son viejos que miran la vida pasar. Están en los últimos vagones y tienen nietos que crecen revolviendo cajas de basura tratando de hallar un juguete o un balón de futbol. Muchas veces se encuentran con libros o ropa pero hallar una pelota es un tesoro. Eso pasaba desde 1970, cuando la fiebre era alta por ver lo que sucedía en México, porque tocaban los ingleses, esos rubios pintados de sol que parece nunca han sufrido hambre. Y Brasil lo hizo de nuevo. Ganó 1-0 con gol de Jairzinho para variar, y quien anotaría en cada uno de los juegos. Otra vez el carnaval de la pobreza en la favela.

En 2013, la favela México 70 de Sao Paulo sufrió muchos estragos. Un incendio arrasó con más de 380 viviendas de las casi mil con que cuenta ahora y varios bomberos murieron entre las llamas. Además, es la favela donde más mortandad de mujeres se registra a causa de los abortos. No es fácil vivir aquí. Como casi todas es controlada por los partidos políticos y las drogas, siendo una comunidad violenta con una realidad muy dura. Hay enfrentamientos constantes con la policía y, como llega a suceder en México, los narcotraficantes son vistos como héroes, pero no al grado de los futbolistas.

“Creo que verán la Copa sin complejos. Hay muchos problemas, pero el fenómeno del Mundial causará un efecto sobre todos ellos. Eso no quiere decir que las cosas se olviden, pero ciertamente estarán dejándose de lado un momento, sobre todo cuando juegue Brasil”, relata Esteves.

Y Brasil en 1970 cerró la fase de grupos ganando a Rumania apretadamente. Luego, en cuartos de final, se encontraron con una estética selección peruana que dio guerra, pero sucumbió en un espectacular partido al caer 4-2. La semifinal sería contra Uruguay. Chorreando sangre aún por el Maracanazo se volvían a encontrar en un Mundial y en la favela seguramente celebraron los goles de Clodoaldo, Jairzinho y Rivelino casi tanto como la épica jugada de Pelé ante el portero Ladislao Mazurkiewicz, donde dejó pasar el balón por un lado, mientras él se fue por el otro para encontrarlo una vez que dejara atrás al guardameta. El esférico, por centímetros, no entró, pero la acción fue recordada para la posteridad.

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“Los brasileños somos gente buena, amable y cariñosa. Cuando entré a la favela nunca temí por mi seguridad. Lo hice varias veces y es que también tenía confianza porque nací en la periferia de Sao Paulo y conocía un poco el movimiento. Es verdad, hay algunas zonas peligrosas como en todos los países, pero ésta no lo es tanto”, cuenta Edrien Esteves, graduado de la Universidad de Santa Cecilia en Brasil.

El día de la final contra Italia se vaciaron las calles y se llenaron los bares, restaurantes y casas. Todos se juntaron para ver el partido definitivo que consagraría a Brasil tres veces Campeón del Mundo. La sinfónica de Pelé, Rivelino, Tostao, Carlos Alberto y Jairzinho cuajó una soberbia actuación que puso a llorar de felicidad a todo un pueblo. A partir de ahí, una favela sin nombre sería bautizada para recordar siempre un momento de felicidad.

“Creo que el futbol tiene mucho que ver con los brasileños y el gobierno decidió ponerle a esta favela México 70 por representar el tricampeonato, una forma de celebración o gloria que no existe constantemente aquí. Son cosas extrañas como la geografía del país, pero muy exactas si se conocen a fondo. No sé, el Mundial podría servir de algo. Casi no me gusta el futbol y todo esto me parece desconocido”, agrega.