ACAPULCO, 24 de febrero.- El hambre de triunfo de Grigor Dimitrov, y de querer ser alguien importante en la historia del tenis comenzó en 1994, a los tres años de edad. El deseo de jugar y el amor por el deporte le viene de familia, ya que su padre, Dimitar, es coach de tenis, y su madre fue jugadora de volibol. No obstante, las condiciones nunca fueron sencillas para una de las nuevas sensaciones de la ATP.

Dimitrov comenzó a jugar en su ciudad natal, Haskovo, una urbe pequeña que no tiene la infraestructura necesaria para entrenar tenis a un buen nivel.

“Sé lo que es llegar de un lugar en el que no hay nada, especialmente de un país como Bulgaria donde no hay tradición, donde no hay infraestructura para practicar”, explicó Dimitrov a Excélsior, poco después de dar una peculiar exhibición de tenis en una cancha flotante en el área de la Bahía de Acapulco, junto a la canadiense  Eugénie Bouchard.

“Me despertaba a las seis de la mañana y salía a entrenar con mi padre con guantes y gorro por el frío porque no había canchas bajo techo, y las canchas eran ridículamente rápidas”, añadió el jugador de 22 años.

Esas circunstancias forjaron el carácter de un tenista que ahora es el número 22 del mundo.

“Tenemos que aceptar que algunas cosas no pueden cambiar y  hay que sacar lo mejor que tengas en cualquier situación... ése es mi mejor consejo, aprovechar todo lo que tengas”, dijo Dimitrov. “A lo mejor en tu país no tienes las condiciones, así que tienes que buscar siempre la mejor respuesta para tus problemas. Yo siempre tuve mucha hambre de sobresalir y no permití que las circunstancias cambiaran mis ganas de salir adelante.”

Con el paso de los años el búlgaro ha buscado la forma de mejorar y para inicios de 2014 comenzó a trabajar con el australiano Roger Rasheed para continuar con su crecimiento.

“Al final del día tienes que hacer lo que más te convenga, incluso fuera de la cancha. Cambié de coaches, lo que fue algo muy importante para mí”, explicó. “Hay que recordar que para esto se necesita mucha disciplina y todas esas cosas me han ayudado a lo largo de los años, pero aún tengo mucha tarea por hacer.”

Conocido como el Baby Fed por la admiración que le tiene a Roger Federer y porque su estilo, incluido el golpe de revés a una mano, es similar al del suizo, Dimitrov quiere que la gente ya no lo compare con el ganador de 17 torneos de Grand Slam.

“Es difícil que te comparen con alguien que no puedes ser. No he tenido ese nivel de Roger Federer ni he ganado algo grande como para tener la oportunidad de que se me compare con él. Yo quiero ser reconocido y me he ganado ser llamado Grigor Dimitrov y no quiero ser nadie más”, finalizó.