CIUDAD DE MÉXICO, 10 de febrero.- En el fragor de la batalla por la Copa del Mundo Jules Rimet, en 1966, ésta desapareció en Inglaterra.

Mientras la Federación inglesa era la burla mundial y Scotland Yard intensificaba la búsqueda, papeles chantajistas pedían un rescate de 170 mil marcos alemanes (121 mil euros) para regresarla.

Un domingo común el trabajador de astilleros David Crockett salió a pasear con su perro. Para ese momento estabatan mal la moral de los organizadores que ya hacían una réplica de la copa para entregarla.

El perro Pickles pasaría a la fama después de husmear en unos arbustos y encontrar la Copa envuelta en periódico. Aparentemente, había sido enterrada en un jardín tras ser transportada en la canastilla de una bicicleta.

Extraños cauces tiene el futbol. El epílogo de la Copa del Mundo de 1966 vio a Bobby Moore recibir el trofeo original de manos de la reina Isabel II  en el estadio de Wembley, pero para cuando celebraron en el Palacio de Kensington la policía por órdenes de una timorata FIFA tras lo sucedido, cambió furtivamente la original por la réplica.

Para 1974 la Copa Mundial de Futbol cambió de diseño convirtiéndose en la Copa FIFA. Es una estatuilla que personifica a dos hombres sosteniendo el mundo, bañada en oro de 18 kilates sobre una base de malaquita.

Tuvo que modificarse porque después del Mundial de México 1970 Brasil obtuvo el derecho de conservar la Jules Rimet por siempre. Poco les duró el gusto, pues en 1983 fue robada definitivamente de las instalaciones brasileñas de la federación de futbol.

El hurto fue planeado por un grupo delictivo en el Bar Santo Cristo de la puertaria zona de Río de Janeiro. Antonio Pereira era un gerente de banco que tenía acceso a la federación brasileña de futbol donde notó que la vidriera donde se exhibía el trofeo era de fácil acceso.

En una de esas tantas tardes calurosas y de viento pegajoso junto al mar  de Río, sentado al póquer con su amigo Antonio Setta, un manipulador excelente de cajas fuertes, planeó todo.

Fue tan sencillo como entrar en casa. Otros dos se unieron en complicidad, José Luiz Viera el Bigote y Ricardo Rocha el Barba. El problema vino a la hora de encontrarle un destino a la copa que era anuncio público en todo Brasil y una tragedia por su pérdida.

Carlos Hernández de origen argentino vivía en Río y era el mayor comprador de oro ilegal en el país. Hasta él llegaron los cuatro ladrones para que fundiera la copa en lingotes de oro. “Para los brasileños es una bofetada que un argentino les haya fundido su copa para siempre”, dijo años después Hernández.

 Los dos ladrones que planearon el golpe fueron encarcelados y terminaron sus vidas en la miseria. Setta, quien abrió la vidriera, envuelto en llanto reconoció que “la copa me traía muchos recuerdos gratos como simpatizante del futbol brasileño y como ciudadano. Mi hermano murió de un paro cardiaco viendo la final por televisión y me arrepiento de lo que hice. Era tan tentador todo que no pude negarme porque fue el asalto más sencillo que pude hacer en mi vida”, relató poco antes de morir en prisión.

Por todos estos trágicos pasajes y en la situación errática en que sucedieron los hurtos, la FIFA cambió todas sus disposiciones de seguridad que se siguen a rajatabla hoy en día con el trofeo original que recorre el mundo en exhibición y estará en Brasil en junio próximo para entregarse al campeón.

SEGURIDAD INFALIBLE

El Tour de la Copa FIFA se organiza cada víspera del Mundial por 89 países, entre ellos México.

Un integrante de la comitiva que estuvo en 2006 relata cómo es que funciona el sistema de seguridad y trato para mantener alejados a los ladrones.

“Es muy intenso, desde que sale de las oficinas en Zúrich. El cuidado es mayúsculo con ella en el avión donde viajan permanentemente por los países dirigentes de la FIFA y miembros de la prensa internacional.”

Al aterrizar en cada lugar destinado a exhibir el trofeo, ocho camionetas idénticas se estacionan en el hangar para despistar a todos. Bajan los que tengan que hacerlo del avión y entonces la Copa FIFA se guarda en una maleta especial.

“Entonces, ocho miembros de seguridad, vestidos de igual forma suben al avión y bajan cada uno con una maleta idéntica a donde va la Copa del Mundo. ¿Cómo saber cuál es el que la trae?, imposible. Abordan cada quien una camioneta y así se marchan al hotel sede.”

Como si se tratara de una escena de película de estafa y engaño, los ocho individuos que pertenecen normalmente a una agencia internacional de seguridad se parecen entre sí y tienen las instrucciones precisas para no fallar.

La Copa de Mundo pesa cinco kilos de puro oro y tiene un costo actualmente de 189 mil 503 dólares. Su valor asciende más por lo sentimental y el gran significado que tiene para el planeta que por el metal dorado que posee.

“Al llegar al hotel sede, todo un piso está acondicionado para recibir a la Copa. No importa el número de habitaciones que tenga, en cada una hay un gendarme atento y en el momento en que entran los ocho agentes con sus ocho diferentes maletas, muy pocos tienen la información de la habitación donde descansa la copa”, reveló la fuente que estuvo en todo el proceso de organización.

En su visita a México que  incluyó ciudades como Monterrey y Distrito Federal, fuerzas del ejército fueron desplegadas para su protección. Nuestro país fue el 69 en recibir el trofeo en el tour del 2013-2014 y emprendió un viaje al aeropuerto de Cuernavaca para ir posteriormente a visitar Canadá.

Antes, estuvo en la Residencia Oficial de Los Pinos para que la conociera el presidente de México, Enrique Peña Nieto. “Hay que recordar que sólo jugadores, miembros de la FIFA y primeros ministros pueden tocar el trofeo para que mantenga su valor y su incalculable inspiración al mundo”, mencionó Ian Schetters, vocero oficial del organismo rector del futbol mundial.