CIUDAD DE MÉXICO, 29 de enero.- El mundo del  boxeo se estremeció el 29 de enero de 1994. Ese día, Julio César Chávez, en su pelea 90, mostró que pese a su gran dominio del deporte, no era invencible.

Chávez llegó hace 20 años a uno de sus lugares predilectos, el MGM de Las Vegas, con un récord invicto de 89 victorias (77 por nocaut) y  un empate. Su rival, Frankie Randall, pese a sus 17 victorias consecutivas y a que su jab er considerado como el mejor en ese momento, lucía como otra víctima más, pero el destino dio un golpe seco al orgullo del Gran Campeón mexicano.

“Fue muy triste para mí, perder la primera pelea fue algo muy doloroso, fue una sorpresa”, recordó Chávez con Excélsior ese difícil momento. “ Frankie Randall siempre se me dificultó, las peleas son de estilos y su estilo  siempre se me dificultó”, aceptó el sonorense.

Las condiciones para Julio nunca parecieron las ideales antes del combate. Con apenas un mes de descanso, tras  su última pelea (18 de diciembre, nocaut en cinco rounds ante Andy Holligan en Puebla) y con poco entrenamiento por las fechas decembrinas, parecía que eso podría inclinar la balanza para Randall.

“La acepté  (la pelea) porque me dijeron que era un pichón y que le iba a ganar sin dificultad. Yo ya traía problemas con Don King y su hijo era  apoderado deRandall, todo lo hicieron para fregarme.

“No me preparé a conciencia, los excesos ya estaban demasiado altos, yo ya había hecho todo en mi carrera y tomé las cosas a la ligera”, recordó

Además, Julio pasó por un fuerte problema personal días antes de la pelea ya que su hijo Omar tuvo meningitis. Sin embargo, pese a su poca preparación, decidió tomar la pelea.

El estilo defensivo y calculador de Randall, conocido como El Cirujano, además de las condiciones no óptimas de Chávez, se notaron desde el inicio de la pelea, aunque Julio logró conectar en varias ocasiones.

En el séptimo Randall empezó a hacer más frecuentes y certeros sus ataques y en sus intentos de contraatacar Julio dio un golpe cerca de la zonas blandas que el réferi Richard Steele vio y marcó el punto menos para el sinaloense ante sus protestas  ya que justifica que el impacto había sido a la cadera.

Randall continuó con el dominio de las acciones, y en el décimo primer episodio, Steele marcó otro golpe bajo más a Chávez  y otro punto en contra, que y ponía la situación muy difícil para el campeón vigente de peso ligero welter.

“Los golpes estaban bien, pero le estaban doliendo esos golpes y cuando iba ahí él decía que le pegaba abajo, yo me enojo me voy sobre él y es cuando me recibe con el derechazo y caigo a la lona”, comentó.

Y así, tras 90 peleas como profesional, México y el mundo entero fueron testigo de la primera caída del César del Boxeo.

“La verdad el golpe ni lo miré, me levanté un poco mareado pero consciente y aún lo quería buscar para emparejarlo”, mencionó.

El final de la pelea llegó,  y con él, los festejos en la esquina de Randall, quien se sentía ganador y un silencio de lado de Chávez, que presagiaba lo que estaba por venir en la decisión tras 12 complicados rounds.

Jimmy Lennon tomó el micrófono y anunció una decisión dividida, que revive un poco la esperanzas de Julio y de los cientos de mexicanos que lo apoyaban.

“Damas y caballeros después de 12 rounds de boxeo en el MGM tenemos decisión dividida. Chuk Giampa 116-111, Frankie Randall, Abraham Chavarría 114-113, Julio César Chávez”, dijo
Lennon ante la incredulidad de Randall. “Ángel Luis Guzmán  114-113 a favor  .... del nuevo”, con lo que la esquina y los seguidores de Randall estallaron en júbilo y Chávez, sólo mostraba resignación.

Al final de la pelea, Chávez argumentaba que no era posible que perdiera por sólo una caída, aunque hoy, 20 años después, la acepta sin ninguna justificación.

“Creo que fue una pelea muy cerrada,  muy buena y no pongo excusas porque me tumbó bien”,  aceptó Chávez vía telefónica.