CIUDAD DE MÉXICO, 20 de diciembre.- Pedro Septién toca su violín stradivarius, que deja escapar un concierto de magia. Se traslada para narrar un jonrón de Babe Ruth, luego el golpe certero de Joe Louis y más tarde una carambola de Joe Chamaco. Mientras relata en celuloide las hazañas de El Santo, se codea con la realeza y su hechizo no tiene final.

El cronista deportivo Pedro Mago Septién falleció ayer a los 97 años.

Orginario de Querétaro, nació el 21 de marzo de 1916. Destacó por su estupenda memoria para relatar momentos deportivos, su inigualable voz y por su larga trayectoria que abarcó casi 75 años.

Narró más de 6 mil 500 partidos, 56 Series Mundiales, la primera de ellas en 1939.

La última aparición en un medio de comunicación fue durante el Clásico de Otoño de 2011, con comentarios desde el estudio de Televisa.

En una entrevista que concedió a Excélsior y que se publicó el 27 de julio de 2008, reveló que el Mago nació durnate su juventud cuando trabajaba como cropier y tenía una especial habilidad para repartir cartas.

  Irremediablemente siempre fue ligado con el beisbol por su sabiduría, reveló que  no disfrutaba mucho este deporte.

El beisbol me hace estudiar tres horas diarias, porque no se aprende por ósmosis y tiene más de 12 millones de combinaciones. Soy como los médicos, no creo que disfruten mucho cuando hacen una operación”, explicó.

El cronista mencionó que el billar es lo que en verdad le emocionaba y a la carambola de tres bandas la consideraba un arte.

No ha existido ninguno como Joe Chamaco, él tiene el récord de 18 carambolas seguidas”, dijo.

Se definió como un aristócrata y  millonario. Se comparó con el legendario tenista Bill Tilden, a quien considera como el más grande en este deporte.

Explicó que sus antepasados son de abolengo. Es sobrino del periodista fallecido Carlos Septién, tío de Diego Fernández de Cevallos, pariente lejano de los pilotos Pedro y Ricardo Rodríguez.

Recordado por el estilo que impregnaba en sus narraciones, tan descriptivas que hacían trasladar más allá de la acción, recordó que en ocasiones sufrió por los viajes tan largos para llegar a Estados Unidos.

Eran cinco días de viajar en tren para llegar a Nueva York. Me enviaban para cubrir las funciones de boxeo que se realizaban en el Madison Square Garden.”

De sus coberturas en peleas internacionales, recuerda una en especial, realizada en Los Ángeles,  California.

 Fue entre  Juan Zurita y Sammy Angott el 8 de marzo de 1940. Fue la más recordada para mí porque mandé la pelea cuando ya estaban bañados los boxeadores”. 

Estaba la guerra por esos tiempos y no era fácil conseguir líneas y yo tenía que mandar la pelea. Terminó y yo no tenía línea, pero la inventé con lo que había visto. Todo México conmovido y oyendo la pelea, batí el récord de las hojas Gillete que me patrocinaba”.

Pedro Septién también narró futbol, pero no le gustó porque sólo era un juego a la semana. Estuvo en la inauguración del Hipódromo de Las Américas en 1943, también en la lucha libre, billar y Juegos Olímpicos, en los que le dieron una medalla de oro por su cobertura en 1972.

“En este negocio si no tienes la habilidad para contestar no vas a ir a ningún lado”, expresó convencido mientras recordó una anécdota con el empresario Carlos Slim, a quien le unió una amistad forjada por el beisbol.

Una vez me preguntó por qué me decían Mago y le respondí ‘porque te puedo ganar tu telefónica en 20 minutos’, ¿me entiendes? Así tiene que ser uno”.

Justo en el Rey de los Deportes, el Mago logró hechizar a los aficionados, quienes antes de iniciar sus transmisiones radiales con los Tigres capitalinos le pedían que se bajara a calentar a los pitchers. Septién aceptaba a pesar de sus trajes finos, que estrenaba uno por transmisión.

Era parte del show, yo lograba que la gente asistiera al estadio. Me robaba las señales del manager contrario y adivinaba antes de que pasaran las jugadas, por eso Cananea Reyes, de los Diablos Rojos, no me quería.”

Estuvo en la Serie Mundial de 1956 en donde el lanzador de los Yanquis Dan Larsen tiró el único juego perfecto que se ha presentado en un Clásico de Otoño.

En su casa guardaba como un tesoro el box score de ese partido, autografiado por  el lanzador.

Conoció a Babe Ruth,  Joe Di Maggio, Lou Gehrig, Mickey Mantle,  figuras de los Yanquis.

Pero un pelotero que admiró fue el lanzador Grover Alexander, ganador de 373 juegos en las Ligas Mayores y miembro del Salón de la Fama.

Él iba de las cantinas a los diamantes y de los diamantes a las cantinas, era un extraordinario lanzador, fuera de serie.”

El Mago se apuntó su mejor triunfo en el beisbol, cuando superó a una computadora, que era presumida por los periodistas estadunidenses como capaz de responder a cualquier pregunta de este deporte.

“Le mencioné que en 1920 había ocurrido el primer triple play sin asistencia en una Serie Mundial, a lo que respondió que lo había completado Bill Wambsganss, de los Indios de Cleveland.

“Me decían: ‘ya te contestó’. Pero les dije: si todavía no le hago la pregunta.

¿Quiero que me diga quién era el bateador, el corredor en primera y quién estaba en segunda base? Solo dijeron que la computadora no estaba alimentada para responder”.

Ya un poco alejado de los micrófonos. Pedro Septién contó que disfrutaba levantarse pasado el mediodía y se dedicaba a la crianza de caballos árabes, que costaban 30 mil dólares.

Si hubiera una frase muy al estilo del cronista para definir su leyenda podría decir: “Pedro Septién, el Mago que sólo con su voz recreó una ilusión que unió a diferentes generaciones para transformarlas en testigos de historias épicas.”

 

Por su parte, la Liga Mexicana de Beisbol lamentó el fallecimiento de Pedro Septién.

“La #LMB lamenta el fallecimiento de don Pedro ‘Mago’ Septién, extraordinario cronista e inmortal del beisbol mexicano”, publicó en Twitter la LMB.

Los Diablos Rojos del México también lamentaron el fallecimiento.

“@DiablosRojosMX lamenta el sensible fallecimiento de don Pedro “Mago” Septién, inmortal del beisbol mexicano y maestro de la crónica. DEP”, publicó el equipo en Twitter.

 

Yankee Stadium, la casa del béisbol

El 21 de septiembre de 2008, el día que el Yankee Stadium vivió su último día como casa de los Bombarderos del Bronx, Pedro Mago Septién compartió sus anécdotas en una columna invitada, que se publicó ese domingo en Excélsior.

Otra leyenda que brilló en el Yankee Stadium es Lou Gehrig. Era llamado El Caballo de Hierro porque parecía indestructible. Con un espíritu deportivo grandioso para lograr lo que él ejecutó. Fueron 15 años de martirio, dos mil 130 juegos en forma consecutiva sin fallar jamás al cojín de la primera base. Lo más grande de este pelotero fueron las carreras impulsadas, pues nadie jamás en la Liga Americana ha empujado 187 en una sola temporada. Fue frenado por la parálisis infantil que sufrió, pero él seguía jugando: realmente se le caía el bat de las manos, aunque la gente lo respetaba. Él no quería irse a la banca. Aún enfermo y casi sin poder correr bien, llegó a conectar ¡seis triples en una temporada!”

-Extracto de la columna de Pedro Septién