CIUDAD DE MÉXICO, 3 de diciembre.- Hay una hora, durante los partidos de liga en la Ciudad Deportiva, que se habla japonés en el campo. Los ladridos de una perrita labrador amarrada junto a la cancha son el aviso de que los Japotecos están jugando. “Se llama Musashi,
es el nombre de un guerrero Samurai pero ella es hembra, no queda muy bien pero nadie sabe aquí”, relata Shun Kobota en tono de broma, mientras descansa un poco en el medio tiempo.

Japotecos “se deriva de zapotecos. Un antropólogo japonés que vino hace años nos recomendó ponerle así. La verdad fue porque se escuchaba bien y porque, creímos, la gente de inmediato lo entendería como una de sus culturas”, cuenta Taishiro Eto, uno de los líderes y de los que más años lleva en el equipo.

Los Japotecos acaban de ganar el derecho como subcampeones de subir a la Primera División de la liga Antonio R. Márquez, en la Ciudad Deportiva. Llevan más de nueve años de existencia y tras mucho bregar, apenas están viendo los frutos. “La idea es que seamos puros japoneses. Casi todos nos conocemos por el futbol, nos da un sentido de unidad. Muchos llegan a México y se enteran que hay un equipo, entonces nos rastrean en redes sociales y aparecen el domingo siguiente jugando aquí. Sin embargo, hay ocasiones en que no completamos la cantidad necesaria de jugadores y hemos echado mano de algunos mexicanos”, sigue en su comentario Taishi Eto, quien está seguro de algo. “Pase lo que pase seguiré apoyando al equipo hasta el final, aunque a veces nos cueste trabajo porque se nos van jugadores”. Durante la semana, trabaja en una tienda de aparatos eléctricos.

Precisamente, uno de estos japoneses va de regreso a su país. Se quedó con las ganas de conocer más de México pero pasó una buena experiencia con los Japotecos mientras estudiaba el idioma español. Se llama Ryo Kato y se tiñe el cabello negro con algunos mechones rubios. Juega por el lado izquierdo, es menudo, rápido aunque un poco débil, sin embargo su fortaleza es dejar rivales a su paso.

En corto, se reúne con todos sus compatriotas. Dice un discurso emotivo y para no chillar, prefiere que lo levanten y lo eleven tres veces antes de bajarlo de nuevo. Es una especie, de ritual, una despedida sincera.

“Es interesante cómo nos conocemos por el futbol. En Japón el deporte principal es el beisbol pero muchos niños juegan al futbol. Recuerdo mucho el Mundial de 1986 que lo observé por televisión. Lo primero que hice fue ir al Estadio Azteca... impresionante”, dice Satoshi Kawakami que tiene una historia peculiar con respecto a los demás. Él al contrario de muchos, no llegó por intercambio escolar o por negocio, sino que tomó su carpeta de proyectos arquitectónicos y se embarcó para buscar a Ricardo Legorreta, el arquitecto que hizo el Papalote Museo del niño, remodeló el Zoológico de Chapultepec y el palacio de Iturbide, entre otras cosas, y le pidió trabajo. “Mi equipo en México fue el Cruz Azul, un amigo me llevó. Cuando los vi, golearon 5-0, pensé, ‘estos deben ser como el Barcelona’ pero no fue así. Ahora no me arrepiento pero estoy seguro que pronto ganaremos”.

Dice Satoshi que el nivel de la liga está bien. “Lo bonito de México es que encuentras canchas en dónde jugar todo el tiempo, específicas para el futbol. En Japón a veces cuesta más”. El problema viene una vez que ha iniciado el partido, “porque los latinos son muy buenos para reclamar, para presionar al árbitro, eso no lo sabemos hacer nosotros. Nuestra cultura es de mucho respeto y siento que en algunos partidos nos afectó”. Satoshi cree que los rivales tienen ciertas palabras para presionar a los jueces, cosas que ellos no saben hacer o no entienden. “Es un lenguaje doble, a veces con otro sentido. Nosotros no podemos presionar al árbitro”.

De cualquier forma, definen su estilo como ofensivo, abierto, ágil, sin que les falte horas de rodaje. “Somos muy físicos, veloces, es nuestra principal característica, igual que la selección mayor de Japón, así nos identificamos. No tenemos como la mayoría de los mexicanos una técnica en el control de balón o la habilidad, porque ustedes desde chicos juegan a este deporte, nosotros no tanto”, comentó Tomohiro Ueda, el capitán del equipo que en partidos amistosos prefiere intercambiar posiciones desde la media cancha a la defensa. Es un jugador frágil pero con idea en la salida y a la hora de deshacerse de la pelota.

Usa una barba recortada que le acentúa su aire oriental. Podría pasar por un maestro karateca pero es en realidad quien organiza al equipo y se gana la vida dando clases de japonés en colegios privados.

“El futbol nos une. Los Japotecos más que un equipo, somos una familia. Nos vemos afuera de la cancha, estamos al pendiente de lo que sucede, celebramos cumpleaños o alguna salida para festejar algo. Nos da un poder para no extrañar al país, aunque cada quien haya venido por circunstancias diferentes”, confirma Tomohiro Ueda.

En la cancha sólo se oyen palabras en japonés. Los Japotecos han saltado a escena. Son un equipo variado en colores y formas. El ladrido de su mascota acompaña los gritos de gol. Tienen una autoridad moral pero no se escapan de las durezas. No se sienten señalados ni tampoco ofendidos por xenofobia. Sólo una vez en todos estos años se han peleado a golpes. “Fue una batalla por todos lados que ya ni conviene recordar”, cuenta Satoshi e interviene Taishi Eto. “Pasa que no son agresiones directas pero sentimos que se genera una intensidad bastante brusca en el juego por ser japoneses. No lo dicen abiertamente, pero quizá pasa porque nos consideran un futbol menor y entonces, se pone violenta la cosa”.

Una familia de jugadores japoneses recoge sus enseres después del partido. Este 2013 es histórico, han conseguido el ascenso a Primera División. Quitan la tierra de los tachones y algunos como en ritual despliegan la playera en el suelo para hacer lagartijas encima de ella. Ahí están esos hombres de ojos rasgados, algunos casados con mexicanas y otros buscando aún el amor en algún lugar del mundo. Hay quien tiene bien seguro que no regresará a su país ni para morir y aparece quien ya cuenta los días para volver al verdadero sushi y al sake. Esta versión de los Japotecos se consolida en México: Taishi Eto, Tomohiro Ueda, Takuya Shiozawa, Shun Kubota, Kota Matsumoto y Satoshi Kawakami, entre otros, seguirán en este equipo peculiar de la Ciudad Deportiva que para variar, hoy en día tiene un portero mexicano.