Otis... los puntos suspensivos
Los ciudadanos permanecen aislados, sin saber la magnitud real de los estragos.
El huracán Otis impactó Acapulco y la costa de Guerrero con devastadores vientos de 260 km por hora. Pero lo que vino después del meteoro ha sido igual de dañino: un absoluto vacío informativo por parte de las autoridades. Han pasado angustiantes horas sin electricidad ni internet en la zona. Los ciudadanos permanecen aislados, sin saber la magnitud real de los estragos, si viene ayuda en camino o cómo encontrar a sus familiares. Con ambas autopistas (la del Sol y la libre) cerradas debido a múltiples deslaves y con nula información sobre la reapertura de operaciones del aeropuerto.
Las pocas imágenes que se filtran son gracias a las grabaciones de algunos acapulqueños y turistas realizadas con la poca batería que tuvieran sus celulares. Porque tampoco hay luz ni acceso a internet. Pero casi 24 horas después no hay un reporte oficial que dimensione los daños. Sólo López Obrador diciendo en su mañanera que había saldo blanco a pesar de lo que fuimos observando horas después, no era más que el saldo de la falta de información, dejando a la población en angustiante incertidumbre.
Tan importante como reconstruir la infraestructura física, es restablecer el tejido social, calmar a los ciudadanos mediante información oportuna y consistente.
Es inhumano dejar a miles de damnificados en el limbo, sin siquiera saber cuándo podrán volver a abrazar a sus seres queridos.
Exigimos a las autoridades romper este oscurantismo, ceñirse al principio de máxima publicidad y rendir cuentas sobre su actuar ante esta tragedia.
Los guerrerenses no sólo merecen información y respuestas. Merecen toda la solidaridad que nos ha caracterizado como mexicanos a lo largo de los años. En este momento crítico, cuando la solidaridad y el apoyo son tan necesarios, es imperativo que las autoridades rompan el silencio informativo y se unan a los ciudadanos en la tarea de reconstruir y sanar una región herida. La incertidumbre no puede ser la única constante en tiempos de desastre. Pero sobre todo es relevantísmo acordarnos de que lo que nos caracteriza es el amor, las manos y el corazón que ponemos a trabajar de manera absoluta por este país y por nuestra gente. Dejar la polarización a un lado y entender que insultarnos no salva vidas ni reconstruye casas, puentes o carreteras.
