Se nos van los aliados
Donald Trump primero lo tuiteó, luego siguió con su agenda y, una vez que estaba a bordo del Air Force One rumbo a San Diego, le llamó a Rex Tillerson. Horas después, en la conversación, le confirmó lo que para esa hora ya era noticia mundial: su salida de la ...
Donald Trump primero lo tuiteó, luego siguió con su agenda y, una vez que estaba a bordo del Air Force One rumbo a San Diego, le llamó a Rex Tillerson. Horas después, en la conversación, le confirmó lo que para esa hora ya era noticia mundial: su salida de la Secretaría de Estado. En diciembre pasado la prensa estadunidense aseguró que Tillerson tenía un pie fuera el gobierno estadunidense. En aquel entonces la primera reacción de Trump —oh, sorpresa— fue asegurar que todo se trataba de una fake news. Tres meses después, el todavía secretario de Estado tiene los días contados. En una conferencia de prensa que ofreció al mediodía de ayer, Tillerson se dirigió a la nación, no así a su Presidente. Agradeció los 14 meses que se mantuvo en el puesto. No mencionar el nombre de Donald Trump habrá sido su elegantísima respuesta a la grosería que recibió del mandatario, quien primero le informó al mundo de su remoción, horas después a él.
Para nuestro país es también una pérdida. Más allá de que la salida de Tillerson, que se hará efectiva a partir del 31 de marzo, y que se une a la lista de los cerca de 33 cambios que el gobierno estadunidense ha tenido en este poco más de un año de haber iniciado; el despido del secretario de Estado se suma a la desolación que parece estar apoderándose a la relación bilateral que nuestro país tiene con Estados Unidos. Hace apenas una semana hablamos de la renuncia de Roberta Jacobson, quien, a pesar de los pronósticos, permaneció en la embajada estadunidense tras la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. En Twitter —vuelto arma de la barbarie trumpiana—, el presidente estadunidense despidió a uno de sus más cercanos colaboradores momentos antes de tomar un vuelo a la frontera, donde atizaría su promesa del muro. México está hoy, otra vez, en la mira de un mandatario ávido por validación: “Si no tenemos un muro, no vamos a tener un país. El Congreso debe financiar el muro fronterizo y prohibir las subvenciones a las jurisdicciones santuario que amenazan la seguridad de nuestro país y a nuestra gente. ¡Debemos hacer cumplir nuestras leyes y proteger a nuestra gente! #BuildTheWall”, escribió en su trinchera social favorita tras su visita a la zona de Otay, en San Diego, en donde se construyeron los ocho prototipos del muro que planea que se levante en los más de tres mil kilómetros de frontera entre EU y nuestro país. Fue más allá: “Hay muchos problemas en México, tienen muchos problemas allí y tienen los cárteles, y (...) estamos combatiendo a los cárteles, los estamos combatiendo duro, nadie los combatió como nosotros, los combatimos duro...”. Y no se detuvo: “Tiene —México— una elección cerca. He escuchado que hay gente muy buena compitiendo y he escuchado que hay otros que quizá no son tan buenos. De cualquier forma lo sabremos manejar...”. ¿Si no son los rusos, será el presidente de EU quien intente intervenir en el proceso electoral de nuestro país?
Se trata de Trump, lo sabemos, el Presidente incendiario que cambia el blanco de su agenda según su necesidad de reflector. Sin embargo, es una pérdida la salida de Tillerson, quien visitó más de una vez nuestro país para aderezar y contener la presión que implicaban las declaraciones que Trump hizo sobre varios temas que nos involucran —además del muro, el TLCAN, por ejemplo— y así mantener la concordia en una relación bilateral erosionada.
El único aliado con el que hoy cuenta el gobierno mexicano dentro del gabinete estadunidense es Jared Kushner, su asesor y yerno, aunque hoy sabemos que tiene acceso restringido a información clasificada. Y será acaso una alianza insuficiente, y es que tras su visita a nuestro país, la semana pasada, Trump remató asegurando que el muro podría incluirse en la renegociación del TLCAN.
Sin duda, un asunto que preocupa. Tillerson era uno de los pocos y más pragmáticos aliados de nuestro país. Tenía claro lo que representaba perdernos como su socio comercial. Por algo salió, justo por estas diferencias en lo que cada uno entiende por diplomacia y, claro, de lo que significa gobernar.
#MeCuentan. Que ante un eventual triunfo de Morena en la Presidencia de la República, se sucedería un gran oleaje político, si no es que un tsunami. Al menos en un frente: quien más influyó en Enrique Peña Nieto cuando el escándalo de la Casa Blanca no fue el que muchos piensan, Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno, sino su mero tocayo, Miguel Ángel Osorio Chong. Que fue él quien grilló y grilló para convencer a EPN de que había sido Marcelo Ebrard el supuesto responsable de filtrar información con respecto al famoso caso y, ante la imposibilidad de convertirse en diputado en 2015, se alejó temporalmente de la vida política del país. Pero Marcelo está de regreso. Y, a decir de algunos muy cercanos a Peña, el entonces secretario de Gobernación, Osorio Chong, aseguraba tener las pruebas y hasta proponía procesarlo judicialmente. Y ahora que Ebrard ocupe, posiblemente, la silla en la Segob, se verá qué tan cierto es aquello de que, quien a hierro mata, a hierro muere...
