#GirlPower2
“El Partido Demócrata está derrumbando otra barrera ... Es una cuestión de humanismo...”, dijo Hillary Clinton cuando entonó un discurso después de ganar la nominación demócrata, pues al igual que Donald Trump, alcanzó el número de delegados necesarios para ...

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
“El Partido Demócrata está derrumbando otra barrera (...) Es una cuestión de humanismo...”, dijo Hillary Clinton cuando entonó un discurso después de ganar la nominación demócrata, pues al igual que Donald Trump, alcanzó el número de delegados necesarios para hacer que se escriba su nombre en la boleta electoral. La pelea ahora es entre ella y el empresario republicano que alguna vez firmó un cheque apoyando a Clinton en sus aspiraciones presidenciales.
La exsecretaria de Estado es una mujer sumamente inteligente, brillante, audaz, que ha trabajado a lomo partido durante décadas. Ha sabido aguantar la presión, el machismo y la misoginia que en más de una ocasión han querido descarrilar sus aspiraciones políticas. De hecho, en esta precampaña, varias fueron las veces en que se le atacó por asuntos lejanos a sus capacidades profesionales. Así que a sus múltiples cualidades le sumamos una en particular: su tenacidad para hacer de un asunto de género, una batalla que ahora, como lo dijo ella la noche del martes, ha logrado romper ese prehistórico techo de cristal, y por primera vez una mujer está más cerca que nunca de ser la presidenta de Estados Unidos.
Aun teniendo referentes como Angela Merkel, la canciller alemana, quien lleva años figurando en el escenario político y, según la revista Forbes, es la mujer más poderosa del mundo (y justo detrás de ella está Hillary), aún hay quien pregunta si estamos listos para ser gobernados por una mujer. Aquí en México, por ejemplo, nuestra tan machista cultura lo sigue cuestionando, a pesar de que hemos visto a Cecilia Soto, Patricia Mercado y Josefina Vázquez Mota buscando ocupar Los Pinos, de la misma forma en que hoy vemos a Margarita Zavala pensar en 2018.
“A todas las niñas con grandes sueños. Sí, pueden ser lo que quieran, incluso presidentas. Esta noche es nuestra...”, escribió Hillary en su cuenta de Twitter. Ya antes había recordado una frase suya de 2008, con la que hizo referencia a las cerca de 50 mujeres que han sido enviadas al espacio, pero todavía ninguna a despachar en el Salón Oval de la Casa Blanca.
Ahí, Hillary tiene ya su primera victoria, porque el mensaje lo ha enviado a millones de mujeres en Estados Unidos —y en el mundo— que todavía están atrapadas bajo esa barrera que la equivocada concepción del género ha construido. Su nominación y su deseable triunfo en las urnas es el paso que sigue a un camino que comenzó a recorrer Estados Unidos cuando rompió la barrera racial y tuvo en Barack Obama al primer presidente afroamericano. La llegada de Clinton a la presidencia sería la mejor manera de decirle al mundo y, sobre todo, a aquellos que hoy respaldan las aspiraciones de Donald Trump, que su país camina hacia el futuro y la igualdad de oportunidades y no está dando pasos hacia atrás, donde lo único que hay es discriminación, exclusión, segregación (de género, de razas, de preferencias sexuales) y discursos de odio.
Y si para algunos nada de esto hace sentido, valdrá la pena recordarles que las mujeres en Estados Unidos no tuvieron derecho al voto sino hasta 1920. 96 años después, Hillary Clinton puede convertirse en su presidenta. Así que la batalla de la candidata demócrata no sólo abona a esa histórica lucha que ha servido para que las mujeres tengamos cada vez más oportunidad de colocarnos en puestos que antes sólo eran concebidos para hombres. Es también parte del avance que toda sociedad debe asegurar visualizando a las nuevas generaciones, las que deberán pensar, con sorpresa, que alguna vez existieron muros y techos que costaron mucho derribar, pero que su ausencia les permite llegar tan alto como lo desean...