Iguala (igualdad)

Iguala, la ciudad de la violencia, la de los narcos, la del presidente municipal corrompido junto con su esposa; la ciudad de los nexos y los vínculos, la de los normalistas desaparecidos, la de las tantas dudas y tantos huecos. Iguala: la ciudad que se nos ha vuelto ...

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

Iguala, la ciudad de la violencia, la de los narcos, la del presidente municipal corrompido junto con su esposa; la ciudad de los nexos y los vínculos, la de los normalistas desaparecidos, la de las tantas dudas y tantos huecos. Iguala: la ciudad que se nos ha vuelto llaga. Es Iguala, esa dolorosísima referencia por todo lo que en ella ha ocurrido en los últimos meses. Iguala es el equivalente a la desigualdad que no sólo es social, sino también de justicia; la ciudad que dejó de verse para leerse, para formar parte de un presente que nos duele a todos, porque no hay posibilidad de contento, de satisfacción con nadie. Iguala es igual a ese momento que jamás debió ocurrir; Iguala es ese lugar en nuestro país que significa todas las deudas, todos los huecos. Y por eso mismo, una deuda que no sólo los gobiernos, sino la sociedad entera, tenemos que empezar a saldar.

Ayer tuve el gusto de conducir, en esa dolidísima ciudad, el evento organizado por Sedesol “Desarrollo con Igualdad”, en donde se suscribieron varios acuerdos entre dicha secretaría, el Inmujeres y la ONU. Porque acaso sea desde el piso de la igualdad de género desde donde pueda empezar a construirse un camino de la reconciliación social, una plataforma de despegue para la atención de la pobreza y la desigualdad. 

“5.9 millones (96%) de los 6.2 millones de titulares de familias y apoyos del programa Prospera son mujeres. En 2015, por medio del Programa de Opciones Productivas se apoyó  a 16 mil 58 mujeres, quienes representan ocho de cada diez beneficiarios del programa. En lo que respecta al seguro de vida de jefas de familia, se cuenta con más de seis millones de afiliadas, cuyas hijas e hijos tienen asegurada su educación hasta nivel profesional, si ellas llegasen a faltar. Hasta la fecha  se han otorgado casi 243 mil millones de pesos para apoyar a los dependientes económicos de estas mujeres que han quedado en situación de orfandad materna...”. El secretario José Antonio Meade y la subsecretaria Vanessa Rubio han incorporado desde el minuto uno una perspectiva de género absoluta a las políticas públicas de combate a la pobreza y han sistematizado y profesionalizado su atención. Y ejemplo de ello fue este evento. Porque Iguala es Ayotzinapa, claro. Pero sería un tremendo error de juicio creer que Ayotzinapa fue un azar. Pudo ocurrir porque el narcotráfico y la siembra de amapola se han convertido en la única fuente de empleo y de ingresos para decenas de familias en la sierra. Pudo ocurrir porque han sido décadas de completo abandono. Pudo ocurrir porque la sangre se ha convertido en un código de sobrevivencia. Porque desde siempre a Iguala  lo hemos abandonado todos.

Me dio gusto ver que se sumaron al evento no sólo mujeres líderes de Guerrero sino de todo el país: lo mismo senadoras y diputadas que boxeadoras como La Barbie Juárez o La Kika Chávez, o futbolistas como Mónica Vergara y Cecilia Santiago o escritoras como Guadalupe Loaeza. Y no sólo mujeres, sino también muchos hombres comprometidos con la igualdad y el bienestar de las mujeres y comprometidos con la participación del sector privado para combatir esos rezagos tan dolorosos, como Genaro Borrego, de FEMSA o Lorenzo Lazo de Interjet, se han comprendido para evitar tragedias como la de Iguala. Es vital que participemos todos, con hechos y compromisos muy concretos.

Iguala es el símbolo de aquello en lo que México se ha convertido en los últimos años. Pero también de aquello que nos toca, a todos atender con urgencia y no sólo desde una perspectiva electoral. Iguala es hoy lo que creemos y queremos ser como país: un territorio lastimado, pero resiliente. Un territorio que sabe nombrar, pero también atender y sanar sus heridas. Un México que vive, porque ha decidido hacerlo. Por eso aplaudo estas iniciativas presentadas ayer por Sedesol. Simplemente porque van al núcleo: ¿quiénes mejor que —nosotras— las mujeres para curar las heridas abiertas de sus hijos? Por eso aplaudo que el plan por la Igualdad, arranque en Iguala justamente.

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