Mentiras y video
Como sucede siempre que se sabe algo malo que no habrían querido algunos que se hiciera público, el acusado busca la manera de convertirse en la víctima de la narrativa. Ahora dice Renato Sales que se debe castigar a quien haya filtrado el video dado a conocer por mi ...

Yuriria Sierra
Nudo gordiano
Como sucede siempre que se sabe algo malo que no habrían querido algunos que se hiciera público, el acusado busca la manera de convertirse en la víctima de la narrativa. Ahora dice Renato Sales que se debe castigar a quien haya filtrado el video dado a conocer por mi querido colega Carlos Loret de Mola en su noticiario matutino. Que la culpa es del mensajero, que nada tiene que ver el mensaje. Que su filtración fue ilegal. Oh, pero, cosa curiosa, lo que los mexicanos queremos es que se nos respondan las dudas que nos surgieron desde el primer momento en que supimos de la fuga de El Chapo... Seguimos esperando.
La noche del sábado 11 de julio hubo innumerables faltas a los protocolos de vigilancia para un penal de seudo máxima seguridad. Los videos se presentaron en los días consecutivos a la fuga y las dudas sobre cómo se había podido lograr ésta fueron muchas. Videos que se presentaron sin audio, dijeron que no tenían; en aquel momento Alejandro Encinas denunció que eso era una mentira. Algunas de las inevitables preguntas teóricamente nos las respondieron, aunque otras quedaron en el aire, las más importantes y que en este espacio también escribimos: ¿cómo fue posible la construcción de un túnel de tal dimensión, sin que nadie oyera nada? ¿Acaso excavaron con una cucharita de café, con las uñas o con qué? ¿Cómo lograron dirigirlo al lugar correcto dentro de la celda de El Chapo? ¿Quién filtró los mapas?
Nos hemos enterado que las condiciones de Joaquín Guzmán Loera dentro del penal de El Altiplano no fueron como las que nos dijeron en un inicio, no dan las cuentas: 386 visitas, la mayoría (272) de sus abogados y el resto (68) de familiares. Tuvo también 46 visitas conyugales. Es decir, desde su detención, El Chapo tuvo contacto permanente con el exterior. ¿Estos números pueden considerarse normales para un lapso de detención menor a un año y recordando que nos referimos a un delincuente de máxima peligrosidad? El video es el mismo, pero ahora, con el audio y los minutos previos y los que siguieron al instante de la evasión, tenemos una narrativa mucho muy distinta: no sólo era el ruido de la televisión dentro de la celda, eran martilleos que no cesaron sino instantes antes de que el ahora criminal desapareciera del espectro de visión de las cámaras de seguridad. Eso y los gritos de los otros reos que habrán creído que El Chapo no les contestaba porque se habría desmayado, infartado o muerto. Pero los que se hacían los muertitos eran los vigilantes. Al menos durante los 40 minutos que transcurrieron para que un guardia entrara a corroborar que El Chapo ya no estaba dentro de su celda.
Hace unas semanas, el mismo Carlos Loret escribió en su columna de El Universal una serie de crónicas sobre lo que los demás presos escucharon días y horas previos a la fuga. Martilleos y trabajos subterráneos que les justificaron como trabajos de mantenimiento del drenaje. Ruidos que se escuchaban día y noche. El video presentado hace un par de días dio sentido a esto. Ah, ¡pero la culpa es del mensajero! ¡Y entonces el mensaje como si no existiera!
Arely Gómez apenas había sido nombrada como procuradora y la dejaron sola mientras todos estaban en París; Miguel Ángel Osorio Chong sigue atendiendo la “emergencia”. Lo cierto es que tendrán que responder a ésas y otras preguntas nuevas tras la revelación de este video.
Ha sido muy desafortunado el entendimiento que el gobierno federal ha tenido del concepto de “información”. Hoy están condenando a quien filtró los videos, pero olvidan que de no haberse dado a conocer por televisión, con toda seguridad habrían sido difundidos en internet. En una era tan tecnológica como la que vivimos, es imposible el ocultamiento. Imposible. De este episodio, lo que sigue importando es el mensaje y, claro, las preguntas y sus respuestas. La transparencia y la rendición de cuentas son elementos medulares de una democracia. Y a esa verdad, nadie puede suprimirle el audio...