Quien diga que nada funciona, no conoce al INEGI

Como niños en juguetería de lujo nos tuvo Eduardo Sojo, presidente del INEGI, esta semana en una reunión que sostuvo con académicos y expertos de la sociedad civil. El INEGI presentó los proyectos en los que actualmente trabaja y dio respuesta positiva a una petición ...

Como niños en juguetería de lujo nos tuvo Eduardo Sojo, presidente del INEGI, esta semana en una reunión que sostuvo con académicos y expertos de la sociedad civil. El INEGI presentó los proyectos en los que actualmente trabaja y dio respuesta positiva a una petición hecha, por los mismos expertos, para mejorar la comunicación de cifras de crecimiento.

La receptividad a nuevas ideas, la dedicada atención a satisfacer las necesidades de los usuarios y la valentía con que se innova en el INEGI, quedaron claras.

Y es que para nosotros los nerds, el INEGI se ha convertido en una juguetería de lujo. O más bien, en una tienda de armas de grueso calibre. A la avanzada de tendencias como el big data, atento a los más recientes debates de la OCDE sobre la necesidad de medir percepciones subjetivas de bienestar, el INEGI es especialista en olfatear los tiempos de la medición estadística para brindarnos datos que nos arman, como nunca, para la creación de mejores políticas públicas.

Los proyectos que actualmente realiza INEGI permiten, esencialmente, mejorar el diseño de políticas públicas a menor costo. El instituto desarrolla, por ejemplo, un mecanismo para rastrear oleadas de turistas a través de contenidos de Twitter y georreferenciación de usuarios de redes sociales que es más barato que cualquier encuesta origen/destino y que permite la posibilidad de medición en tiempo real. El INEGI también se encuentra vinculando los registros de consumo eléctrico de la CFE con censos económicos de forma que podamos calcular con una exactitud sin precedentes la producción y los ingresos de los mexicanos que cada vez son más renuentes a contestar encuestas. Otros proyectos del organismo calculan valor agregado por industria, esperanza de vida promedio de los negocios en México, y desarrollan mecanismos para estimar de manera más oportuna el PIB.

Pero el INEGI está lejos de sólo ser un proveedor de estadística de vanguardia, es un organismo abierto a la crítica, que responde rápida y sólidamente a las peticiones de la sociedad civil.

Destaca el caso, resuelto esta semana, en el que 28 académicos reunidos por el observatorio económico México ¿Cómo Vamos? habían propuesto al INEGI que cambiara la forma de reportar el crecimiento económico a fin de evitar la confusión que se generaba cada trimestre al comunicar los datos. El INEGI destacó por su apertura y luego de sostener múltiples reuniones de trabajo con México ¿Cómo Vamos? y de discutir el caso con el Comité Especializado, decidió aceptar la mayor parte de las recomendaciones.

Gracias a la apertura y receptividad del INEGI, a partir de febrero de este año, México contará con una comunicación de las cifras de crecimiento claras, que sigan los lineamientos expresamente solicitados por expertos en el tema, y que permitan conocer, sin duda o confusión, cómo avanza la economía mexicana.

El INEGI es un ejemplo de lo que un buen diseño institucional y un sólido liderazgo pueden lograr en el gobierno. El diseño institucional es favorable porque, entre otros ámbitos, tiene una junta de gobierno que, a diferencia de otros organismos autónomos como el INE, fue seleccionada de manera escalonada. El sólido liderazgo debe atribuirse a su presidente, Eduardo Sojo, un hombre que sus allegados describen como humano y ecuánime, y cuyos pares reconocen como un negociador firme y audaz.

Moraleja: Quien diga que nada en el gobierno funciona, no conoce al INEGI, una institución ejemplar por su apertura a la innovación y su atención a las necesidades de los ciudadanos.

                *Doctora en Gobierno por la Universidad de Harvard

                vrios@post.harvard.edu

                Twitter: @Viri_Rios

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