Es hoy
Este es el tiempo de la afrenta y la valentía. No el de la timidez. No el del cambio marginal. Es hoy, porque era para ayer.
Es hoy el día en que nuestra clase política puede decidir ser leal a sí misma o serle leal al país. Es este el año en que pueden pasar a la historia como reformistas sin precedentes o como los que reformaron hasta donde sus intereses lo permitieron. Es hoy señor Presidente. Es hoy Congreso de la Unión. Este es el tiempo de la afrenta y la valentía. No el de la timidez. No el del cambio marginal. Es hoy, porque era para ayer.
Este es el momento de la afrenta. Y la afrenta más importante de este país es una: eliminar la corrupción.
La afrenta que los hará pasar a la historia, señores gobernantes, no serán sus reformas estructurales, sino la construcción de instituciones que eliminen la corrupción. Pasen a la historia como los que lograron que todas las instituciones que hoy, de manera desarticulada, luchan contra la corrupción, se coordinen en un sistema cohesivo y funcional.
Dejen al país marcado haciendo cuatro cosas: (1) que la Fiscalía Anticorrupción, recientemente aprobada por los diputados, sea independiente, no como ahora lo es, dependiente del Fiscal general; (2) que la Auditoría Superior de la Federación pueda auditar el dinero público en tiempo real, no como ahora, que tarda 1.5 años en entregar resultados de los dineros públicos; (3) que la Secretaría de la Función Pública recupere su independencia, no como ahora, que ha quedado supeditada a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y cuyos contralores son informalmente seleccionados por los mismos secretarios a los que supuestamente vigilan; y (4) llenar la laguna legal que existe en nuestro sistema creando un Tribunal de Cuentas, un espacio en donde pueda investigarse casos de corrupción que no caen dentro del ámbito penal (i.e. robo que atendería la Fiscalía) ni administrativo (i.e. faltas procedimentales de la burocracia que atiende la Secretaría de la Función Pública) como el conflicto de interés.
Necesitamos la creación de un Tribunal de Cuentas para tener un organismo encargado directamente de prevenir, investigar y sancionar la corrupción, como lo tienen exitosamente Australia, Hong Kong y Singapur. Para evitar que sea Presidencia quien juegue el papel de juez y parte. Decretando que asuntos como la Casa Blanca sea un caso cerrado, luego de una declaración informal por parte de la primera dama sobre sus bienes, y con una total falta de investigación sobre las razones por las cuales el Presidente no presentó en su declaración patrimonial los bienes de su esposa. Lo necesitamos, porque hay asuntos que huelen mal en las licitaciones que se cancelan en último momento, o en las obras públicas que, como el nuevo aeropuerto, son auditadas por organismos internacionales, pero sin transparencia en sus resultados o metodologías.
La historia es clara. A la historia pasan los del arrojo y la valentía. No los de las lealtades para cubrirse a sí mismos, no los pusilánimes. No pasaron a la historia los muchos políticos que articularon fraudes electorales para seguir favoreciendo a los suyos ni los que no se movieron para salir en la foto. Pasó Zedillo, quien no temió otorgar la victoria a la oposición aquella noche de julio de 2000. Pasó Woldenberg. No pasó a la historia José López Portillo, quien pretendió defendernos como un perro. Pasó quien lo hizo.
La lucha contra la corrupción es hoy, porque hoy el mexicano está cansado. Cansado del paradigma bajo el cual se ha definido y trazado el actuar de nuestra clase política: los pactos que se vuelven colusiones, el uso discrecional de recursos, la mira en la campaña electoral más que en la guerra por hacer a México un mejor país. Terminemos con una clase política de lealtades. Con la regla del mínimo esfuerzo. Con la de primero los míos. Son cuatro puntos. La diferencia entre salir en la foto de la historia, o no.
*Doctora en gobierno por la Universidad de Harvard
y directora general de México ¿Cómo Vamos?
