El hermano alemán, de Chico Buarque

El autor de esta novela se alzó con el Premio Camões, máximo laurel literario en portugués

El hermano alemán es una novela que resguarda en su armazón narrativo un trayecto biográfico, una educación sentimental y un mural sociológico, histórico y político del Brasil contemporáneo, específicamente de principios de los años 60. Es una labor de búsqueda emprendida por su autor, Chico Buarque (Río de Janeiro, 1944), uno de los pilares de la cultura de su país y de Iberoamérica.

Publicada originalmente en 2014, el sello Literatura Random House la tradujo al español en 2016, narra, en primera instancia, un insólito descubrimiento hecho por Ciccio —alter ego de Buarque a los 19 años– en la voluminosa biblioteca de su padre: entre las páginas de una edición inglesa de La rama dorada (el célebre estudio decimonónico del antropólogo escocés James George Frazer, quien estableció un inusual comparativo entre mitología y religión) hay una carta remitida desde Berlín en 1931. La misiva está firmada por Anne Ernst, quien, pronto se revelará, tuvo un hijo en la capital germana con el padre de Ciccio, el incansable lector Sergio de Hollander, nombre novelesco de Buarque de Hollanda y receptor de la carta.

A partir de ese hecho fortuito, el personaje central emprende un periplo vital en el que rastrea, impulsado por una inaudita curiosidad, a su medio hermano. ¿Quién es, qué hace, dónde está? ¿Por qué su padre, siempre ensimismado con sus libros, nunca le contó de su pasado berlinés? ¿Por qué su madre, entregada a la vida familiar y dueña absoluta de los secretos de su marido, no fue capaz de contarle nada a él y a su hermano Mimmo, ese sí, legítimo carioca? 

En la resolución de tales madejas, Ciccio se va encontrando a sí mismo. Se revela como un hermano menor al que sí le interesa el acervo bibliográfico de su padre –pues con esos libros impresionaba a las chicas–, como un joven universitario que les caía pésimo a sus compañeros de aula porque les presumía los ejemplares que grandes autores le autografiaron a su padre o porque, apoyado en la pared del salón, fingía leer, en alemán, El capital de Marx, mientras los líderes estudiantiles discutían con ardor en la parte delantera del aula.

Sin duda, se trata de un relato que aborda con pasión los años formativos de Buarque; un relato en el que se impone la búsqueda del hermano alemán, pero que orbita siempre alrededor del acervo de su padre, “que superó los 20 mil ejemplares, y era la mayor biblioteca particular de São Paulo, después de la de un bibliófilo rival que, decía mi padre, no había leído ni una tercera parte de su colección”. Un padre, hombre disperso y “socialista callado”, que una vez tanteó y sorprendió a Ciccio: “Se coloca las gafas para verme y tose dos veces, siempre dos veces, y después me pregunta si he tocado sus Kafkas. Nunca, respondo de inmediato, aliviado porque por lo menos de ese crimen soy inocente. Entonces me desconcierta: ¿Y qué estás esperando?”.

Pues bien, el martes pasado, el autor de esta novela se alzó con el Premio Camões. Así que el máximo laurel literario en portugués le fue concedido a un escritor que tiene en su haber otras ocho novelas publicadas, entre las cuales sobresalen Budapest (2003) y Leche derramada (2009); y seis obras de teatro, y ahí destaca Ópera do malandro (1978).

Conferirle tan prestigiado galardón a tan relevante artista honra al artista, pero también al galardón. Con esta designación, el premio –instituido en 1989 por los gobiernos luso y brasileño para honrar a los autores que, por el conjunto de su obra, hayan enriquecido el patrimonio literario de la lengua portuguesa– pone a Chico Buarque en el mismo nivel de quienes se han alzado con este reconocimiento. Así que ahora es compañero de navío de João Cabral de Melo Neto, Jorge Amado, José Saramago, Sophia de Mello Breyner, Rubem Fonseca, Lygia Fagundes Telles, António Lobo Antunes, João Ubaldo Ribeiro, Ferreira Gullar, Dalton Trevisan y Raduan Nassar, sólo por nombrar a algunos monstruos de la literatura en portugués.

Chico Buarque, un espléndido escritor que, por cierto, también es un pilar de la música popular brasileña y cuya obra lírica no da para varias columnas, sino para un libro de mil páginas plagadas de armonía, saudade y militancia.

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