Don Porfirio tenía razón

Me cuentan que Porfirio Díaz solía decir que “no se puede estar tan bien que no se pueda estar mejor, ni tan mal que no se pueda estar peor”. La frase puede hacernos mucho sentido en estos días, sobre todo en su parte final
 

LA CAUSA NEGATIVA…

Lo digo porque la mayoría de las encuestas reportan que la gente piensa que hoy está peor que antes y que su expectativa de que las cosas puedan mejorar en el futuro es bastante baja. Lo malo de este asunto es que dicha tendencia viene presentándose desde hace muchos años, transformándose poco a poco en un estado de ánimo negativo, el del enojo constante, mismo que tiene una causa clara: la decepción, entendida correctamente como el pesar causado por un desengaño. Sí, decepción, esa emoción secundaria desprendida de un constante sentimiento primario llamado esperanza, que se convierte en el estado de ánimo que se produce cuando se presenta como alcanzable algo que se desea y que produce la enorme decepción cuando se ve frustrado. En el escenario político gubernamental mexicano, la esperanza nomás no alcanza a materializarse a pesar de que cada seis años se atestigua el paso de candidatos que prometen en campaña que con ellos el cambio sí se va a dar. Decepción hacia aquellos hombres y mujeres que han tenido la responsabilidad de guiar a buen destino este gran barco que se llama México, sin que hasta ahora hayan podido encontrar el buen puerto. Decepción que, si se enfoca como un efecto extrapolado, nos permite encontrar la posible causa, o al menos una explicación factible al por qué, hoy por hoy, la gente parece estar tan enojada.

LOS EFECTOS NEGATIVOS…

La ira es el sentimiento de indignación que produce el enojo y, con él, el deseo de venganza. Es la furia, la violencia, la repetición de actos de saña, de encono, de maldad desatada. La ira es uno de los sentimientos primarios más temibles que hay, pues, bajo sus influjos, se cometen los actos más irracionales que un ser humano pueda cometer. Los iracundos no piensan ni miden las consecuencias de sus actos, simplemente actúan guiados por su sed de revancha, de ajustar las cuentas que se les deben. Basta tan sólo echar una hojeada a los diarios o una ojeada a las redes sociales y medios de comunicación tradicionales para darnos cuenta de que la gente está muy enojada y está actuando en consecuencia. Pero ahí no para todo, a la decepción producida por la esperanza frustrada, a la indignación y al enojo, vamos a tener que agregar otro sentimiento primario que también es causa de actos impensables: el del miedo.

FUTURO INMEDIATO INCIERTO…

México es un país inseguro, eso lo sabemos todos y nadie en su sano juicio podría ignorarlo. La calificación como tal se la han otorgado los de fuera y los de adentro, todos aquellos que, día a día, rogamos a Dios el que no nos pase algo malo. Se ha convertido en un acto cotidiano el convivir con múltiples historias de seres humanos a quienes la tragedia les ha alcanzado, sólo para volvernos a encomendar a las fuerzas superiores, que no las encargadas de implementar seguridad y justicia, el que a nosotros no nos pase, aunque ya casi todos hayamos tenido que vivir experiencias muy desagradables, unas más que otras. Imagínense ahora el caldo de cultivo emocional negativo en el que se dará el inminente periodo electoral mexicano comprendido del 1 de marzo al 1 de julio de 2018: decepción, indignación, enojo, deseos de venganza y miedo. Deriven a partir de ahí todas las respuestas a las incógnitas que, por el momento, prevalecen: ¿por qué van, cómo van las preferencias electorales? ¿Qué irá a pasar durante el periodo electoral? ¿Cómo avanzará o caerá la imagen pública de cada candidato? ¿Qué papel jugarán al final los independientes a quienes, por ahora, no se les conceden probabilidades de llegar a la silla presidencial? ¿Cómo actuarán los desertores ocultos de cada partido? ¿Quién podrá ganar la Presidencia de México? ¿Habrá ganado por méritos propios o por rebote de los sentimientos negativos almacenados añejamente en el corazón de los votantes? ¿Irá la gente a votar? ¿Por quién voy a votar? ¿Por qué? ¿Serán derechas las elecciones? ¿Se producirán disturbios graves después de ellas? Caray, no lo sé, pero el estado emocional no es bueno y marcará la diferencia a la mera hora, tan sólo encuentro como advertencia la sabiduría de don Porfirio que termina diciendo… “ni tan mal que no se pueda estar peor”.

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