Prejuicios electorales
Sólo existe una oportunidad para causar en los demás una buena primera impresión. Si te equivocas, en el remoto caso de que se te conceda una segunda, deberás cargar con el prejuicio negativo proveniente de la primera
EL CASO JAM…
“Háganme suyo”, fue el primer mensaje que se percibió de José Antonio Meade (JAM) cuando fue bautizado por el PRI, partido que lo postulaba como su candidato a la Presidencia de la República Mexicana, ante lo más destacado del corporativismo priista. Bastaron esas dos simples palabras, típicas de una entrega amorosa, para que en el corazón de la ciudadanía surgiera una arritmia que provocaría serias dudas acerca de su pasado político y, con ellas, la primera y trascendental incoherencia acerca de su perfil personal. ¿Pues qué no era un candidato ciudadano libre de la inmoralidad política? Hace apenas unas cuantas semanas valoraba yo, en este mismo espacio, la visión que había tenido el presidente Peña de proponer a JAM como candidato de su partido, otorgándole el acierto de haber escogido a un político con imagen de no político, a una persona que tenía una imagen de “gente decente”, por ser sencillo, cortés, educado y, además, inteligente, sobreviviente intersexenal de alto nivel sin aparente cola que le pisaran, entonces, ¿para qué afectar, de entrada, esa buena percepción de su persona? Pronto vendría la segunda incoherencia que refrendaría la anterior: enviarlo como ariete para golpear al gobernador de Chihuahua, Javier Corral, panista postulante de una denuncia de corrupción y manipulación presupuestal que dejaba mal parado al PRI, la cual terminó ganando, pues le asistía la razón. Una de las ventajas del candidato Meade era su bajo nivel de conocimiento entre la ciudadanía, lo que le brindaba la oportunidad de construirle una estrategia de imagen pública que refrendara la percepción existente entre quienes sí le conocían, pero con estas dos acciones y la típica “precampaña” priista que ha venido realizando, esa ventana luminosa se cerró. Completa este escenario incoherente el error de pronunciación cometido en un discurso en el que dijo “resolvido” en vez de resuelto, identificándose con un error de conjugación, en el mismo sentido, cometido por el Presidente. Ya ni la foto del candidato, pretendidamente humorística, escribiendo planas al estilo de educación primaria para corregir el error, lo salvó. El debilitamiento de la imagen pública de JAM es evidente y lo tiene, por ahora, en tercer lugar en las encuestas, creo que tendrán que recomponer la estrategia.
EL CASO RAC…
El problema de indefinición de imagen pública de Ricardo Anaya Cortés (RAC) tampoco es menor. Como en el caso anterior, el candidato “frentista” también es poseedor de un bajo nivel de conocimiento entre la gente, escenario que representa para él una oportunidad para causar una buena primera impresión. Su presentación “en sociedad” fue hecha dentro del modelo “gente como uno” tratándolo de identificar con la población votante de 30 años para abajo. Ricardo andando en moto, Ricardo echándose un “palomazo rockero”, Ricardo esposo, padre, todo muy bien, pero… ¿y Ricardo candidato? ¿Ricardo presidente? ¿Ricardo solución? Él tendría que haberse presentado implantando en todos la imagen mental de un líder fuerte que todavía no posee, contrarrestando lo que comunica su imagen física joven, pero débil, planteando la respuesta clara a la pregunta que todos nos hacemos en torno a su persona: ¿por qué debería votar por ti? Creo que sus cualidades personales merecen mejor estrategia.
EL CASO AMLO…
Al candidato morenista todo el mundo lo conoce, no en balde lleva 18 años en campaña. Ya todos sabemos quién es él, para bien o para mal. Unos lo consideran el mesías y lo adoran; otros están seguros de que es el diablo y le tienen miedo. Esta incertidumbre acerca de si representa un peligro para México o la anhelada solución para sacar de la crisis al país es y será su principal inconveniente a la hora de la votación. ¿Cómo dar certidumbre a su persona? Sería un error fatal confiarse y considerar que la tiene ganada, ya que, por ahora, las encuestas sólo reflejan una intención de voto que proviene de sus incondicionales y de aquellos que odian al PRI o que no encuentran una razón para votar por el PAN. Falta mucho tiempo para el 1º. de julio, lo bueno de la imagen es que es dinámica y, aunque siempre será más difícil corregir una imagen que construirla bien de origen, la oportunidad de enmendar para los tres no se ha perdido.
