La buena historia de Frida Sofía
Frida Sofía nació en la CDMX, sus padres, un rescatista y una empresa televisora, la engendraron durante el gran sismo del 17 y aunque su nacimiento llenó de esperanza a millones de seres, sus padres no pudieron sostenerla por mucho tiempo, por lo que terminaron matándola
EL DRAMA…
Ella no fue producto de un embarazo planeado, sino más bien el fruto de una gran confusión, derivada de las trágicas circunstancias que sus padres estaban viviendo en el momento de concebirla, lo que sucedió frente a millones de testigos, en medio de un escenario caótico que derivaría en su frustrante y enojosa muerte. Decepción colectiva, agrandada post mortem, por una vergonzosa discusión entre la pareja acerca de la verdadera paternidad de la criatura y el mutuo señalamiento de culpabilidad por haberla traído al mundo. Finalmente todo se aclaró, el padre, quien además de rescatista, resultó ser un almirante de renombre, reconoció que había fallado como creador de una chiquilla que nunca existió, tal vez dejándose llevar por la esperanza de que así hubiera sido, por lo que tuvo que disculparse con la sociedad y con la madre televisora de su error. Ella lo aceptó con falsa indignación, y no pudo evitar cargar con la pena del repudio social por haber contribuido a dar falsa vida a su inexistente hija y por haberla sobrealimentado hasta hacerla crecer varias tallas en un solo día. Por supuesto, esta buena historia cautivó a millones de espectadores que no se perdieron un solo momento del insólito drama, dándole con ello un compensatorio consuelo a la madre televisora: el del gran rating.
NO ES NUEVO…
Este morboso caso real deja testimonio vivo de la atracción inevitable que viven los medios de comunicación con las buenas historias que contar, al grado de alargarlas y engrandecerlas con tal de aumentar y sostener altos niveles de audiencia (rating). Este fenómeno de comunicación social ya era motivo de denuncia en 1951, año en que nació la televisión. Billy Wilder, director, productor y escritor de cine, llevó a la gran pantalla la película Ace in the Hole, mejor conocida como The Big Carnival en la que el reportero Chuck Tatum, encarnado por Kirk Douglas, alarga el caso de un hombre atrapado en un hoyo con tal de ganar la fama que necesitaba para recuperar su antiguo y prestigiado trabajo como periodista. En la película, su ambición es tanta que acaba montando todo un carnaval en torno al hecho trágico, y la gente responde asistiendo, todo lo cual alarga la buena historia que contar hasta que la supervivencia del hombre atrapado se compromete y acaba muriendo. Vemos entonces que ya hace 66 años el tema era digno de análisis social, planteando la discusión de hasta qué punto la ética debe limitar el enorme poder que tienen los medios para manipular las reacciones conductuales y sentimientos de los espectadores, aunque lleve implícito los grandes niveles de audiencia.
LA TRISTE CAUSA…
En mi etapa profesional anterior a la de la consultoría en imagen pública, trabajé durante 14 años en los medios de comunicación, y ahí aprendí que para que una historia pueda ser considerada como “buena” debe incluir dos requisitos indispensables: contar con imágenes que transmitan mensajes no verbales de manera contundente; y el despertar sentimientos en la audiencia, primordialmente miedo, tristeza, enojo, alegría, placer o esperanza, de tal manera que entre mayor sea el sentimiento causado por la historia, más se enganchen los espectadores en ella, produciendo el tan ansiado rating. Como este rating es el índice que fija el precio que el medio cobrará al anunciante, es fácil deducir que a mayor nivel de audiencia, más dinero se ganará. De ahí el hecho de que las tragedias siempre sean bienvenidas en los medios, y de que corran tras los accidentes, asesinatos huracanes o temblores esperando llegar antes que la competencia, ansiando encontrar el mayor daño posible, para que la historia pueda ser dramatizada y así encender y acrecentar los pretendidos sentimientos. Suena cruel ¿verdad?, pero es verdad, y ante ello no hay, ni habrá, nada que hacer, pues somos nosotros mismos, portadores de una doble moral, los causantes del rating que los medios necesitan para vender, mucho nos quejamos e indigna que los medios sean así, pero en lo oscurito nos encanta ver lo que nos presentan. ¿Ahora entienden por qué Frida Sofía existió?
