Cacareando el huevo
Tomó 17 años, pero ya ¡es oficial!, México tiene la primera Facultad de Imagen Pública en el mundo. La SEP por fin otorgó el RVOE al grado de doctorado que complementa los de licenciatura y maestría en la materia. Fue un camino largo y difícil.
ANTECEDENTES…
La historia se inicia por ahí del año 1989, en el momento en el que, trabajando en Televisa como productor y conductor de televisión, me doy cuenta de que hay artistas que son de “a de veras” y otros que se quedaban cortos a la hora de transmitir integralmente su mensaje, cualquiera que éste hubiese sido. Sin mucha conciencia y basado en ello, fui desarrollando un sentido intuitivo para distinguir los niveles de coherencia con el que cualquier entrevistado se presentaba, pudiendo vaticinar si penetraría en el corazón de la gente o no, haciéndome, con ello, de un buen nivel de credibilidad y respeto por la opinión pública que podía verter. Debo confesar que, bien a bien, no sabía qué había detrás de mis análisis, aunque fueran atinados, pues en apariencia todos venían producidos lo mejor posible de acuerdo a los recursos de cada quien, al final de cuentas iban a presentarse en la televisión ¡y en vivo!
SALTO AL VACÍO…
La historia continúa cuando, después de 14 años de trabajo, me doy cuenta de que me estaba haciendo viejo en Televisa, que ya iba a cumplir 40 años y que estaba dando la vida a una empresa que no se iba a tocar el corazón al despedirme por el motivo que fuera (analicen decenas de casos importantes que así les pasó, desde Guillermo Ochoa, en 1989, hasta Adela Micha, en 2017). La historia finaliza cuando, en el pináculo de mi carrera, decido renunciar a la poderosa empresa y autodesemplearme para darme el tiempo y el espacio suficientes para analizar el terreno profesional en el que debería reinventarme, al cabo que contaba con el respaldo de mis ahorros. El único problema era que no tenía claro el nuevo rumbo, pero mucho menos lo hubiera sabido si me quedaba trabajando ahí. Lo que sí sabía era que tenía que ser algo nuevo que aprovechara lo que había aprendido en mis estudios de administración de empresas y comunicación, y de la vasta experiencia que había adquirido durante 18 años en los negocios y los medios.
ALGO INEXISTENTE…
Mi futuro se inicia cuando, unos meses después, me despierta en la madrugada la palabra “imagen” como respuesta a lo que ando buscando y, de pronto, me doy cuenta de que su tratamiento en el sector artístico, pero también político y empresarial, era limitado. Que se estaba enfocando de manera parcial en su carácter estético, en esa popular combinación superficial de cuerpo, cara y moda que producía gravísimas incoherencias que dañaban carreras, verdaderos puntos de fuga comunicacional entre los niveles verbal y no verbal que mis entrevistados, provenientes de cualquier sector, usaban al aire, en vivo y a todo color. Por eso la mayoría terminaba frustrado en el cajón de los recuerdos efímeros. Se necesitaba un nuevo enfoque de la imagen mucho más profundo y difícil que tenía que ver más con el terreno de la percepción, la sicología y la semiótica, que con el maquillaje y el vestuario, que aunque no podía dejarlos fuera, debía enfocarlos de manera diferente como signos, no como adornos y agregar muchos, muchísimos elementos más enviando todos el mismo mensaje (hoy a todo eso, en la ingeniería en imagen pública, le llamamos estímulos verbales y no verbales puestos en coherencia). Era evidente que iba a necesitar volver a estudiar, pero esta vez una maestría en imagen pública, palabra que agregué para distinguir los alcances del nuevo planteamiento. Decidí entonces parar mi vida económicamente activa e invertir mis ahorros en estudiar, así busqué mi anhelada maestría en universidades mexicanas para no encontrarla. Me dirigí hacia afuera, a Harvard, Princeton, Yale, tampoco la tenían, así que me pregunté: “¿Cómo es posible que la necesidad profundamente humana de ser bien percibido no pueda satisfacerse de manera profesional?” Me pareció absurdo, así que en 1992, a los 40 años de edad, inicié mi propio proceso de investigación y estudio, ése que algún día daría a luz la primera Facultad de Imagen Pública en el mundo, sin saber las penas que habría de vivir para llegar hasta el momento actual. Continuará…
