Violencia mata imagen

Tal y como lo constatan las noticias diarias, la violencia humana está presente a manera de epidemia en todos los países, ciudades, barrios y hogares, pero especialmente en nuestro país ha cobrado dimensiones escandalosas.

EL LOBO YA VINO…

Homo homini lupus, “El hombre es el lobo del hombre”, es una sentencia utilizada desde tiempos ancianos atribuida al comediógrafo Plauto, pues aparece en su obra Asinaria y que después popularizara el filósofo del siglo XVIII Thomas Hobbes, en su obra Leviatán, para dar a entender que la naturaleza del hombre es enfrentarse a sus semejantes de manera violenta, hasta destruirlos. La historia del hombre se ha escrito con violencia desde que hizo su aparición sobre la faz de la Tierra, configurando la división geográfica, religiosa, social, política y étnica que vivimos en tiempos de hogaño, ni modo, así somos. Pese a que los ideales de la sociedad tiendan a proclamar el anhelo de paz en el mundo, esa ansiada cualidad se ha quedado relegada hasta el día de hoy, en el que escribo estas líneas. México es, hoy por hoy, un claro ejemplo de lo que el hombre es capaz de hacer contra otros hombres, añadiendo a sus deleznables actos la crueldad, elemento que convierte a la violencia en depravación que adultera, pervierte y vicia a quienes caen víctimas de ella, sin distinción de que la deban o la teman.

UNA IMAGEN VIOLENTA…

La imagen de nuestro país en el mundo, que es producto de la percepción de ser un lugar especialmente violento, se ha ido construyendo día a día con hechos verdaderos y comprobables hasta convertirse en nuestra reputación como nación. De nada sirve que intentemos convencer a los demás de que somos un país seguro que merece ser visitado, de que posee bienes patrimoniales que abarcan un ancho rango que va desde sus playas hasta su arqueología, pasando por su comida y artesanías, si los hechos violentos cotidianos cometidos por narcotraficantes deseosos de ampliar sus territorios, por machos misóginos, por delincuentes huachicoleros, simples rateros, comerciantes ambulantes, franeleros y hasta por presos en los reclusorios, ocupan, todos los días, la nota mediática nacional e internacional, la cual se amplifica a través de las instantáneas redes sociales. ¿Cómo decirles que la violencia sí existe, pero que no les va a pasar nada? ¿Cómo convencerlos de que vengan a invertir a nuestro suelo, cuando se enteran de que en Acapulco, polo turístico convertido en foco rojo, han matado a más de 150 empresarios y se cobra derecho de piso si es que quieres conservar tu changarro? ¿Cómo explicarles que los periodistas están siendo asesinados? ¿Cómo ocultar los feminicidios del país macho? Es ya un hecho común el que los gobiernos de otros países adviertan a sus ciudadanos viajeros acerca de las precauciones que deben tomar en el caso que deseen viajar a nuestro México lindo y temido; el que las compañías transnacionales que envían a sus altos ejecutivos a trabajar en nuestra patria deban contratar escoltas que les brinden seguridad, así como vehículos blindados y seguros contra secuestro para que acepten venir a dirigir sus filiales mexicanas. Aparentemente estamos rebasados por las circunstancias violentas y, ante ellas, estamos prácticamente indefensos. Cuánta pena y vergüenza, ¿verdad?

BARRER LA CASA…

Los mexicanos vivimos, desde hace mucho tiempo, muertos de miedo, rogando a Dios que no nos pase nada malo, a sabiendas de que, si nos llegara a pasar, ir a denunciar el hecho delictivo es arriesgarse a caer en las redes de complicidad de aquellos que deberían investigar e impartir justicia, pues los niveles de corrupción e impunidad alcanzan niveles que provocan el sentimiento de indefensión en la ciudadanía. Enterarnos de que puede darse el caso de que cientos o tal vez miles de maleantes puedan ser liberados, sólo porque la tipificación de sus hechos delictivos será considerada por las autoridades legislativas como no graves, me provoca, en lo personal, la terrible sensación de andar encuerado nadando entre pirañas y ni cómo prepararse para no acabar mordido. Vienen tiempos electorales en los que muchos políticos lucharán por hacerse del poder y sólo abrigo la esperanza de que surja el hombre que pueda dar la solución de fondo a los grandes males de la violencia, la corrupción y la impunidad que nos aquejan, de que ese hombre llegue a barrer la casa mexicana que todos habitamos y se convierta en el lobo del hombre, sí, pero del hombre malo. La esperanza es lo último que muere.

Twitter: @victor_gordoa

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