Debates inútiles

El paradigma electoral sentado el 26 de septiembre de 1960 durante el debate político entre John Kennedy 
y Richard Nixon ya no tiene validez alguna: “Ganar” un debate ya no representa mayores posibilidades 
de llegar al puesto de poder.

TIEMPOS AT Y DT…

Quien viene a dar al traste con toda la teoría electoral en torno al debate político televisado entre rivales que compiten por una posición de poder es Donald Trump, quien, ante propios y extraños, perdió notoriamente el debate que sostuvo ante Hillary Clinton, pero, no obstante ello y a pesar de los errores de imagen pública que cometió en campaña, sorprendió a medio mundo ganando la Presidencia de Estados Unidos.

INUTILIDAD…

Por motivos profesionales, tuve que ver el “debate” entre los candidatos al gobierno del Estado de México, cuyo análisis enfocaré desde el punto de vista de la ingeniería en imagen pública, más allá de los candidatos, y empezaré por el final, refiriéndome a lo absurdo que resulta ver a los voceros de los candidatos políticos contendientes proclamando ante los medios de comunicación el “triunfo” de sus respectivos pupilos, dejando ante la audiencia el imposible mensaje de que ganaron todos. Inútil proclamación. Puedo afirmar que, después del debate, los tres candidatos punteros (PRI, Morena y PAN) seguirán ocupando las mismas posiciones y los tres coleros (PRD, PT e independiente) jamás podrán alcanzar a los líderes en las supuestas preferencias electorales que marcan las encuestas. Entonces… ¿Para qué debatir? Inútil esfuerzo. Cabría mejor preguntarse: ¿dónde radican las causas de su inutilidad?

RAZONES…

Yo las ubico en el análisis que arroja el comportamiento de tres importantes elementos del mismo: el formato, los contendientes y el desinterés de la audiencia. Por el lado del formato, el usado en México corresponde a estándares de comunicación del año 1994, de cuando se realizó el primer debate político televisado en México (tan sólo 34 años después que en EU), siendo evidente que su rigidez, de índole proteccionista, ya no corresponde a las exigencias de los tiempos que corren. La comunicación social cambió dramáticamente y esto requiere que el formato del debate político se actualice, se flexibilice y permita arriesgar a los candidatos capaces a ser distinguidos de los que no lo sean. En lo que respecta a los contendientes, el primer error radica en su número. Creer que tantos candidatos pueden en verdad exponer, defender y convencer en breves periodos de comparecencia pública resulta equivocado, miren por qué: seis candidatos por ocho bloques significan 48 diferentes apariciones frente a la audiencia; si en cada una se envían al menos tres mensajes, el resultado arroja 144 conceptos diferentes que los receptores serán incapaces de asimilar y después repetir. Está demostrado que, para que un mensaje penetre en la mente de la audiencia, deberá repetirse de la misma manera al menos tres veces, recomendación que solamente siguió el candidato del PT, que repitió hasta el cansancio el de que ellos eran la “nueva izquierda” (por eso es que me fue notorio y lo puedo recordar aquí). Por otro lado, que los debatientes usan el tiempo y el espacio para realizar ataques personales a sus enemigos, constituyendo un desperdicio que la audiencia reporta en las encuestas como un aspecto negativo: “Más propuestas y menos ataques”, dicen. Los candidatos reflejan que necesitan capacitarse y ejercitarse para el debate en el uso coherente de tres imágenes subordinadas a su gran imagen personal: la imagen verbal (lo que se dice), la imagen visual (lo que se muestra) y la imagen física (lo que parecen ser, desprendido de su apariencia, aliño y lenguaje corporal). Pasando al comportamiento de la audiencia, sólo me resta decir que hará falta hacer algo para que la población en edad de votar recupere el interés de ver un debate, pues en el caso del ejercicio mexiquense, poquísima fue la gente que lo atendió, y si de por sí fue un evento inútil desde el punto de vista de la comunicación verbal y no verbal, ahora imaginen su trascendencia. Como les dije, hagan de cuenta que no pasó nada. Todo seguirá igual y el ganador se definirá hasta el día de la elección a favor del partido que logre una mayor movilización territorial, léase, llevar más gente a las urnas.

Twitter: @victor_gordoa 

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