La desgracia del no ser

Caray… me acabo de dar cuenta de que estoy mal y desvalido. Nadie me quiere, ni me protege 
ni defiende mis causas. 
No tengo un día conmemorativo, 
ni color que me identifique. 
Estoy mal y del lado equivo-
cado. 

NO SOY PERRIJO…

Digo lo anterior porque mi circunstancia no encaja en ninguna de las categorías que merecen la fortuna de ser consideradas, defendidas, protegidas, mantenidas o socorridas. Para empezar soy un ser humano, así que no habrá ninguna asociación u ONG que busque mi preservación o cuidado, sin embargo, si hubiese nacido oso panda, delfín o guacamaya, en estos momentos estaría gozando de fondos para mi manutención y me estarían poniendo a tiro hembras para refocilarme y procrear. Si hubiese encarnado en perrito yorkshire, o pomeranian mini carita de oso, una guapa y amorosa mujer me estaría llevando en sus brazos, hablándome dulcemente, acariciándome con ternura y dándome de comer alimento especial para que mi pelo estuviera esponjadito y muy brillante. Me categorizarían como “perrijo” y me llevarían bien vestidito a un buen restorán pet friendly, donde conocería a otras perritas de alta sociedad a quienes podría hacer el amor en público sin que nadie dijera nada. Tendría una carreola decorada para transportarme, por supuesto con “Nannie”, y podría morder impunemente a quien quisiera, pues pobre de aquél que me tirara una patada para defenderse, porque sería denostado en redes como Lord Mataperros, pero no, me tocó ser humano y encima hombre.

NI M, NI LGBT…

Esto de ser hombre en tiempos en los que la mujer demanda toda la atención y protección de sus derechos está del carajo, porque ya de entrada uno es visto como amenaza de los varios géneros antagonistas. ¿Acaso han oído hablar de que exista un movimiento masculinista que exija que los hombres deban ser tratados con agradecimiento, respeto e igualdad? ¿No, verdad? En cambio, si yo hubiera nacido mujer, éstos serían los tiempos de mi advenimiento estelar y brillaría más que la Watson o la DeGeneres, y hay de aquél que osara con posar su mirada en mi linda anatomía, porque bastaría decirle acosador para ser castigado ipso facto. Para acabarla de complicar nací y me crié heterosexual, así que no puedo aspirar a que me dignifiquen en guiones cinematográficos o a aparecer en extravagantes parades urbanos, haciendo gala escandalosa de mi condición sexual. Tampoco, podré defenderme cuando me digan peyorativamente “Macho”, no, los hombres heterosexuales simplemente estamos a la baja.

NO SOY AFROAMERICANO…

¿Le sigo? Soy blanco y siempre he tenido que aguantar que me digan despectivamente güero. Hasta ahora y para referirse a mi condición no solicitada, nadie ha creado el eufemismo de angloamericano, o persona en condición epidérmica descolorida. Además, no estoy gordo ni enfermo, conste que no me ufano de ello, porque por una parte es favor de Dios y por otra el resultado de cuidar mi alimentación y hacer ejercicio, así que lo que mejor me describe en mi andar por la vida es la letra X. Debido a ello no recibiré ningún trato especial, no poseeré un día en el que se recuerde mi condición, no iluminarán las fachadas de algún color significativo ni se instituirán pensiones para cuidar de mí. Tampoco, se me dará igualdad por decreto para ocupar posiciones laborales, no tendré accesos especiales, dirán que ni lo necesito ni lo merezco. Tampoco, creo que se cree en un futuro el día del hombre X. Mi condición a nadie le importa. Y para cerrar… la caca en el lodo: soy empresario. He creado fuentes de empleo, he arriesgado mi capital, pagado mis obligaciones de manera puntual incluyendo mis impuestos, he hecho mi chamba comprometido con la calidad, y nadie reconocerá la pena y el esfuerzo que han sido necesarios realizar; al contrario, seré catalogado de “rotito” y como castigo mereceré ser exprimido, obstaculizado y amenazado. Por eso hoy quiero alzar la voz y decir ya basta, aunque a los X nadie nos pele.

Twitter: @victor_gordoa

Temas: