No fue el BMW

La imagen de la fábrica alemana de autos premium Bayerische Motoren Werke (por sus siglas, BMW), o en español Fábricas Bávaras de Motores, se ha visto involucrada en uno de los peores accidentes viales que se hayan visto en las calles de la CDMX. 

UN PROBLEMA GRAVE…

Si además el accidente ocurre en pleno Paseo de la Reforma, la más señorial y simbólica avenida de la capital mexicana, involucra cuatro muertos, dos de ellos decapitados, fotos detalladas reproducidas en medios tradicionales de comunicación, videos llenos de morbo que circularon por las redes sociales a ritmo viral y un Beme partido por la mitad, seguramente se convertirá en una noticia escandalosa nacional e internacionalmente que comprometerá la imagen y, con ella, el prestigio de una marca que ha sembrado un largo historial relacionado con la calidad y el manejo dinámico automotor. Ya me tocó estar en una reunión en la que un comensal dijera “pa’que vean cómo se hacen esos pinches coches, no te confíes”, considero que se convierte en un grave hecho cuyo análisis necesariamente cae en el terreno de la imagen pública.

NADIE ES INDESTRUCTIBLE…

Empiezo por lo obvio: el coche no tuvo la culpa. Él podría haber seguido estacionado en cualquier lugar de guarda hasta la fecha y obedecer en inmovilidad a su propietario hasta que él decidiera lo contrario, eso lo puede entender cualquiera. También es verdad que son autos que no solamente están hechos para levantar una velocidad de 200 kms por hora, cifra a la que fue conducido en un lugar inusitado y que reportan casi todos los peritajes y medios noticiosos que se han ocupado profusamente del caso, sino, fácilmente, 40% más. Que cuentan con muchos mecanismos de seguridad que van desde los elementales cinturones de seguridad y bolsas de aire hasta frenos de disco de gran medida, pasando por una construcción de un chasis reforzado y pedales retráctiles que tienden a aminorar el rompimiento estructural del vehículo, así como el daño físico de sus ocupantes. De hecho, por esas medidas de seguridad es que el irresponsable piloto del BMW 650 salió, por desgracia para él, prácticamente ileso. Digo por desgracia porque el individuo en cuestión, cuyo nombre no voy a reproducir aunque lo sé, ahora va a tener que vivir el resto de su vida con el peso de la tragedia causada a sus cuatro acompañantes, víctimas de sus hábitos de consumo etílico y de sustancias alteradoras de conciencia, aunados a su manejo irresponsable; además de tener que purgar una condena por homicidio culposo que los especialistas estiman en 20 años tras las rejas. Qué manera de darle en la madre a tu vida, en vida, y a las de muchas personas que han tenido que vivir la terrible pena de perder a un ser querido, identificarlo decapitado, velarlo y depositarlo en un cementerio. Todo en un instante, por creer que al conducir un BMW eres rápido, poderoso e indestructible, cuando no es así.

DÓNDE, CÓMO Y CUÁNDO…

Soy muy aficionado a los autos, me gusta conducirlos rápidamente y disfrutar de la adrenalina que se siente cuando vas a más de 200 kilómetros por hora, pero nunca, jamás, lo he hecho sin instrucción y en el lugar inadecuado, sin la protección de accesorios adicionales y guiado por la torpeza producto de la irresponsabilidad. He tomado clases de manejo con los pilotos profesionales de la casa bávara, quienes me han enseñado desde frenar un auto en piso mojado, evitando, al mismo tiempo, un obstáculo, hasta dar giros de 180° en línea recta, y lo primero que ellos te dicen es que un auto de esa calidad está para ser manejado dinámicamente, sí, pero jamás infringiendo las leyes de la física y las normas del lugar donde te encuentres. Me han dicho que ni siquiera Louis Hamilton, campeón de la Fórmula 1, después de venir a 350 Kmh. en una recta de autódromo, puede pretender entrar en la curva siguiente a esa velocidad. Él debe, necesariamente, frenar y tomarla despacio, ya que si viola las leyes de la inercia acabará poniéndose el superauto de sombrero. Conducir un gran auto requiere un piloto responsable y capacitado para hacerlo y no un joven irresponsable, inmaduro, borracho y drogado, que se sintió Superman y que invitó a subirse a cuatro pasajeros que, de ninguna manera, merecían ese destino. Sólo me queda preguntar al aire… ¿Por qué aceptaron? Hay que aprender la lección, la próxima vez que salgas de fiesta o no bebes o no te subes de aventón o mejor pides un Uber. Las tragedias producto de la irresponsabilidad pasan, aunque vayas en un auto volador. ¿Quedó claro?

Twitter: @victor_gordoa    

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