Los mexicanos confiamos cada vez menos
Pues cómo no, si ya no creemos en nada ni en nadie. La confianza es una cualidad que no se pide, se otorga, y para que eso suceda debe darse todo un proceso que está íntimamente ligado con la imagen pública. Aquí le digo por qué.
CAÍDA HISTÓRICA…
El Índice de Confianza del Consumidor (ICC) que lleva el Instituto Nacional de Estadísticas, Geografía e Informática (Inegi), elaborado de manera conjunta con el Banco de México, reporta una caída mensual histórica de 17.9% en la confianza que la población siente con respecto al futuro próximo. Si a usted le interesa el detalle para poder comprender mejor esta cifra y su contexto, le recomiendo acudir a www.inegi.org.mx, en donde encontrará el reporte completo. Con base en el estudio entre líneas de las cifras y conceptos investigados en el reporte del mes de enero del 17 del Inegi, surgió en mí la curiosidad de deducir las causas ocultas, más allá de las circunstancias obvias, que nos han pegado a todos (léase Trump + gasolinazo), en las que podría residir el hecho de que los mexicanos estemos entrando a un momento de profunda desconfianza en el futuro, de pérdida de la esperanza, por lo que, con la guía de mi especialidad en ingeniería en imagen pública, procedí a relacionar íntimamente a la imagen con la confianza. A ver si lo logré.
IMAGEN COMO FUNDAMENTO…
Imagen es la percepción que, convertida en opinión, otorga identidad a lo percibido. Es el mecanismo natural que todos utilizamos para identificar y definir lo que nos gusta, diferenciándolo claramente de lo que no. Ahora bien, cuando muchos percibimos lo mismo y, por lo tanto, emitimos una opinión compartida que genera una conducta colectiva similar, podemos entonces hablar de que se ha producido un fenómeno de imagen pública. Con esto quítese para siempre de la cabeza que la imagen es algo frívolo referente a la estética o la moda. Entendido esto, pasemos ahora a establecer que la causa de que una imagen se produzca en nuestra mente es debido a todos los estímulos que percibimos, que pueden ser de dos tipos: los de carácter verbal, que están íntimamente relacionados con la palabra, ya sea de manera oral o escrita; y los más complicados de controlar, los no verbales, que comprenden todo lo que decimos sin palabras y que modifica constantemente el significado de éstas. La condición natural indispensable que los seres humanos exigimos para que se produzca nuestra reacción positiva hacia algo es la coherencia entre lo que decimos con palabras y lo que expresamos sin ellas, de tal manera que ambos estímulos deben decir el mismo mensaje, pues, si se contradicen, obtendrán como respuesta el rechazo de lo percibido. Con este fundamento puedo entonces afirmar que, a través de la ingeniería en imagen pública, podemos llegar a nuevos niveles de control de la comunicación humana, esos que pueden llegar a otorgar la coherencia de manera planeada y controlada. Imagen pública es la nueva comunicación.
LA CONFIANZA NO SE PIDE…
Al alcanzarse esos nuevos niveles de comunicación profundamente coherentes entre lo que se dice con palabras y sin ellas, el siguiente paso será el poder brindar a las audiencias un mejor conocimiento sobre lo percibido, esto quiere decir que, a través de la imagen, todos podríamos entender más fácilmente lo que se nos propone, y como por su coherencia conoceríamos mejor lo que estamos percibiendo, desprenderíamos un sentimiento importantísimo llamado seguridad. Sí, seguridad, esa condición que se adquiere cuando la persona se siente libre y exenta de riesgo al encontrarse frente a lo que es cierto, a lo indubitable, a lo que no falla, a lo que ofrece, precisamente, confianza. Esto quiere decir que la confianza es una cualidad que se otorga, no que se pide y que se desprende de la seguridad que se siente gracias al conocimiento adquirido a través de una comunicación coherente y, por lo tanto, más eficaz. La cima del proceso se alcanza cuando comprendemos que la credibilidad sólo se deposita en aquello en lo que se confía y, debido a que creemos, apoyamos, compramos, contratamos o votamos. Si el ICC cayó tanto es porque ya no creemos, porque ya no confiamos, porque, a su vez, no nos sentimos seguros ante un futuro cada vez más desesperanzador, porque conocemos cada vez menos, aunque estamos más enlazados, todo debido a la gran incoherencia entre el decir y el hacer, la cual se ha convertido en la norma de actuación, grave problema que nos confunde cada vez más. He ahí la causa de nuestra desconfianza, de la pérdida de credibilidad. Cuestión de imagen.
