Una Academia en problemas

Que la Academia Sueca haya dividido en dos la opinión pública en torno al otorgamiento del Nobel de Literatura a Bob Dylan, no es el verdadero problema. Lo preocupante es el antecedente evaluatorio que creó.

BUENO, PERO ABURRIDO…

Fui el típico adolescente de los sesenta que se dejó crecer el pelo y una rala barba, que vistió estrafalariamente, formó su grupo de rock, se inconformó contra el establishment, protestó contra la guerra y también quiso hacer el amor, aunque no siempre sus concupiscentes deseos pudieron ser satisfechos (and I try, and I try, and I try). Mi primer LP comprado con los “domingos” paternos se conoció en México con el título de Conozca a The Beatles, que salió con mucho retraso y que nos hicieron creer que era el primero de los Fab 4. Oía Radio Capital y La Pantera, y ahí fue donde escuché por primera vez cantar a un señor, diez años más grande que yo, todo un ruco quien con su guitarra acústica y armónica al cuello nos decía que él era “like a rolling stone, with no direction home”, que la respuesta a las dudas existenciales “is blowin in the wind” y que los tiempos “they are a changin” encerraban promesas liberadoras. Era Bob Dylan, que se lanzaba con todo y contra todos, no importaba que fueran los padres, los gobernantes o algún amor perdido. Se trataba de un ser inconforme, un filósofo desaliñado cuya propuesta era no tener una propuesta sino una capacidad de reacción ante cada circunstancia emergente. Tuve contacto con él y su música desde sus primeros álbumes y hasta el Blonde on Blonde, estoy hablando del periodo comprendido entre 1962 y 1966, hoy considerado el mejor en cuanto a su producción artística. Después, algo le pasó que empezó a darme mucha güeva y es que para entonces Dylan ya convivía con muchas otras opciones procedentes de Inglaterra y Estados Unidos, cuya psicodelia me llenaba más el espíritu y los oídos. Definitivamente dejé de seguirlo a partir del disco Self Portrait de 1970, que no fue bien recibido por la crítica con justificada razón. Bob pasó a ser solamente un recuerdo, sin embargo, más de 40 años después, mi postre curiosidad sobre cómo estaría me hizo buscarlo en concierto en la CDMX, sólo para confirmar que me aburría mucho y dejarme muy frustrado por la tomada de pelo que nos dio ante lo irreconocible de la nueva forma de interpretar sus canciones. De hecho, él fue uno de los motivos principales por los que no fui al Rucochella de Indio California (los otros eran que a Paul, a Waters y a los Stones ya los había visto varias veces y a los Who habría de verlos una semana después).

¿LO NECESITA?…

Como les dije, es cuestión de gustos personales, así que analicemos el caso del premio desde otro punto de vista; propongo el de la imagen pública, porque es mi área de desarrollo profesional. A ver, empecemos una serie de preguntas: ¿Quién necesita más de quién, Robert Allen Zimmerman del Premio Nobel de Literatura o la Academia Sueca de Bob Dylan? Creo que la respuesta es la segunda. ¿El argumento de otorgarlo por crear nuevas formas poéticas tiene fundamento? Puede ser, pero ya fueron y me suena más a justificación. ¿Entre quiénes eligieron al ganador? Tendrían que haber considerado en igualdad de circunstancias a Simon & Garfunkel, a Joan Baez, Lou Reed, Leonard Cohen o hasta a Joaquín Sabina. ¿Qué habrán opinado los escritores de formato tradicional con respecto a esta designación “novedosa”, si es que fue comparada su obra contra la de un cantautor? Entonces habría existido una desigualdad de criterios evaluatorios. ¿A cuántos nuevos aspirantes deberán ahora abrir la puerta de acceso al más alto reconocimiento para el arte literario? A todos los compositores de canciones. ¿Y con los guionistas de cine y televisión no deberían tener esa misma consideración? Claro que sí. ¿Seguirá el ejemplo el Comité Noruego del Nobel y entregará el año entrante el de la Paz a Bono? ¿O será que tal vez la Real Academia de las Ciencias considere premiar a Keith Richards con el Nobel de Química? Quién sabe, ahora ya todo podrá suceder. Por lo pronto, creo que a Bob Dylan este premio le tendrá sin cuidado y, si fuera coherente con sus canciones, hasta debería rechazarlo. ¿O será acaso que su “novedosa expresión poética” de hace años ya caducó? ¿Lo ven? Menudo problema de imagen pública en el que se ha metido la Academia Sueca al romper las formas en aras de una renovación de ellas, pusieron el prestigio del premio en juego.

Twitter: @victor_gordoa    

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