¡Ahí viene la tormenta!

La cotidiana realidad mexicana no me gusta, me hace sentir abatido, coartado, vulnerable, indefenso, algunas veces miedoso y hasta triste, aunque diario trate de enfocarme en lo que puedo hacer para no perder la esperanza.

SOMOS MUCHOS…

Estoy seguro de que, al respecto de lo que siento, no estoy solo. Por lo que leo y escucho, sé que muchos comparten la desolación que invade cuando uno se siente rebasado y agobiado por la tremenda carga de los problemas que por momentos pesa más de la que podemos cargar. A veces quisiera ser como los millones de personas que, por su bendita ignorancia, no se preocupan por el estado general que guardan los asuntos nacionales que atañen a todos, que duermen en paz cobijados por la mexicanísima actitud de asumirse jodidos, pero contentos; que aceptan el abuso, la corrupción y la impunidad porque oponerse causaría mucha inquietud. Sí, me gustaría ser así, pero no puedo. Por desgracia formo parte de esa minoría que conoce porque se informa, que entiende porque ha sido educada, que cuestiona y trata de llegar al fondo de las causas que nos están conduciendo hacia un futuro cada vez menos promisorio; que si critica, lo hace con fundamentos y propositivamente, que no se deja llevar por mitos y leyendas que circulan como producto de una voz popular que se queja por costumbre, repitiendo conceptos y señalando culpables sin antes reflexionar sobre su veracidad, y que, por lo tanto, exagera o soslaya sin sentido alguno. Ser parte de esa minoría mexicana es lo que me hace sentir mal, porque me doy cuenta de lo que está pasando y avizoro el porvenir como consecuencia lógica.

TERRIBLES SÍNTOMAS…

El desasosiego que me produce saber que estamos cerca de una ingobernabilidad que se ha producido por anteponer el interés personal al bienestar común, que la pérdida de autoridad está desmoronando el tejido social donde se desdibujan los buenos en relación a los malos, que el clamor por la tolerancia se expresa mediante formas intolerantes, que los derechos humanos se aplican primordialmente en beneficio de quienes abusan de los demás, que el interés económico privilegia las decisiones por encima de la lógica y la razón, que las tendencias productivas son negativas pese a los esfuerzos de unos pocos que seguimos creyendo en el país. Oír al presidente del Banco de México (el del catarrito) decir que ahora se avecina una tormenta, me invita a querer tirar la toalla y huir, pero ese solo pensamiento me hace sentir cobarde, desinteresado, egoísta y falto de compromiso con el lugar donde nací, por lo que intento enfrentar las crisis buscando las soluciones que contribuyan a mejorar mi entorno, al menos el de mi familia, mis colaboradores, mis alumnos, mis clientes, mis proveedores, y es así que me pongo a trabajar el doble para lograrlo… todo para que entonces surjan a mi paso nuevos obstáculos producidos por aquellos que trabajan para impedir que las cosas puedan mejorar, aunque eso signifique la extinción de las gallinas que ponen huevos de oro.

NO QUEDA DE OTRA…

Sé que no estoy solo y eso es un consuelo, pero compartir con muchos esta angustia en poco coopera para encontrar la gran solución que favorezca el futuro de aquellos que apenas están iniciando una vida, jóvenes que merecen tener oportunidades de educación, desarrollo personal, seguridad, fortaleza, crecimiento económico y estabilidad social, elementos que antes se daban por supuestos y que cada día se ven más lejanos. Me consuela el hecho de revisar la historia y descubrir que así también se sintieron quienes vivieron las grandes guerras, la revolución, las persecuciones religiosas o las grandes depresiones y aun así sobrevivieron y salieron adelante, ellos son el ejemplo de que los peores escenarios siempre traen consigo el advenimiento de las soluciones que históricamente han permitido la superación general. A sabiendas de que todo es cíclico, prefiero pensar que ya falta poco para tocar fondo, que vendrá el hartazgo y se producirá el movimiento con el que algún día México resurgirá, aunque tarde lustros, como producto de una nueva forma de ser, pensar y actuar. Confío en que así sea, mientras tanto me comprometo a seguir haciendo lo que sé hacer cada vez mejor, dando resultados, aunque los del otro lado traten de impedirlo.

Twitter: @victor_gordoa

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