El desahucio de la imagen política
Han pasado diez días desde el último suceso electoral y ya he leído mucho acerca de ganadores y perdedores, pero no encuentro que alguien haya dicho lo siguiente: Todos perdieron. Les diré por qué.
LAS ÚLTIMAS BOCANADAS…
Realmente pienso que recordar los nombres de quienes ganaron o perdieron puestos de elección popular el domingo 5 de junio de de 2016, resulta irrelevante bajo la lupa de la imagología y de la ingeniería en imagen pública. Los resultados ahí están, hablan por sí mismos y sólo demuestran que la gente prefirió escoger en un momento dado, en un territorio determinado y en medio de un contexto claramente identificado, a quien consideró más conveniente. Analizada bajo esa óptica, ya se pudieron sacar conclusiones evidentes de que hubo casos en los que se votó guiados por el hombre y no por el partido que lo registró, como fue en el caso de Quintana Roo; de que la gente decidió castigar a través de su voto a quien consideró virtual culpable del delito de corrupción gubernamental, como sucedió en Veracruz, estado mexicano en el que, por primera vez, se dio la alternancia en el gobierno; o de casos en los que la ciudadanía decidió darle continuidad al partido que había estado en el poder desde siempre como, por ejemplo, sucedió en Tlaxcala. Hablar en ese contexto de los hombres y partidos que ganaron o perdieron es irrelevante porque, una vez pasadas las condiciones determinantes de cada caso, las circunstancias futuras harán que el escenario sea diferente. Por lo tanto, encuentro algo más importante que decir y que corresponde al terreno de la percepción, es decir, al de la imagen, y es que la imagen política está muy enferma, prácticamente desahuciada, por lo que, de seguir viviendo sin buscar una cura, pronto morirá con consecuencias funestas para todos.
EMOCIONES DETERMINANTES…
El clima emocional que marcó el pasado periodo electoral está claramente identificado dentro de una mezcla de gran enojo y miedo, sentimientos con los que la gente vive en torno de los temas de corrupción, impunidad e inseguridad. Puedo señalar que esos dos sentimientos ascendientes han originado algunas otras emociones descendientes negativas, entre las que se identifican el hartazgo, la indignación y la desesperación. El panorama luce desolador, pues puedo añadir que la pérdida de la fe y la esperanza en la clase gobernante mexicana, percepción reportada en todas las investigaciones de imagen política, empiezan a jugar en el límite de resistencia de la ciudadanía, debido a que cada vez se menciona más el cinismo con el que se están dando los casos de maldad en el ejercicio del poder y su correspondiente inacción para castigarla.
TODOS SON IGUALES…
Las investigaciones realizadas en el Colegio de Imagen Pública resumen en una sola frase el desdibujamiento de la imagen política en México: “Todos los políticos son la misma cosa, da igual de qué partido sean”. Identifico claramente dos circunstancias que vienen a agravar esa pérdida de identidad y diferenciación política: 1) El hecho de que cualquier político puede convertirse, de la noche a la mañana, en un “chapulín” que salta de un partido a otro ante eventuales contrariedades personales y, peor aún, a que encuentra fácilmente acomodo en el partido rival; y 2) El establecimiento de alianzas políticas entre partidos ideológicamente contrarios, con el único objetivo de lograr el poder por el poder, aunque después tengan que repartirse los beneficios políticos y económicos; o en el caso de los partidos menores, alianzas establecidas con el fin de lograr la sobrevivencia en el terreno electoral, asegurando así el jugoso presupuesto que reportará beneficios personales para unos cuantos. Es por ello que digo que, desde el punto de vista de la imagen pública, todos pierden, vamos, hasta los candidatos independientes que no arrojaron resultados favorecedores debido a la desaparición del factor bronco, tema del que ya me ocuparé en otra ocasión. Sería deseable que alguien se atreviera a cambiar los enviciados procedimientos actuales presentando una nueva realidad política, sería la cura que la desahuciada imagen política necesitaría y traería beneficios para todos.
Twitter: @victor_gordoa
