Un vaso a punto de derramarse

Ya casi el 100% de los mexicanos piensa que quienes ostentan el gobierno y la autoridad pública en México son corruptos. Esta pésima imagen no sólo daña a los políticos y sus apéndices, sino a todos los que aquí nos tocó vivir..

ENCUESTA DEL GOBIERNO…

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) lo dice en su tercera Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG): 90.4% de los mexicanos percibe que la corrupción es una práctica frecuente y considera que ése es el segundo mayor problema al que debe enfrentar todos los días, sólo después del de la inseguridad causada por la delincuencia común y el crimen organizado. La cosa se pone más caliente cuando, en la misma encuesta, la Policía arroja un 89.8% de gente que cree que esa institución es corrupta, seguida de 88.6% que arrojaron los partidos políticos y 81.8% el gobierno federal. Atención, lo anterior lo dice una encuesta del propio gobierno, así de que no hay manera de que sus integrantes digan que se trata de información sesgada, divulgada por organismos privados o que responde a intereses particulares.

LEYENDO ENTRE LÍNEAS…

La situación es por demás preocupante pues, en los terrenos de la imagen pública, la percepción se convierte en la realidad y ella se produce por todos los estímulos que las instituciones referidas han repetido y repetido de manera constante, hasta formar en todos la idea de la pésima reputación. Mi abuela lo hubiera dicho de manera más sencilla “Si el río suena, es porque agua lleva”. El panorama es desolador. La conclusión la saco yo leyendo la encuesta entre líneas, pues eso quiere decir que la gente cree que el gobierno no sirve, que los partidos políticos son malos y que la autoridad que debería de cuidarla prácticamente ya no existe. Los sentimientos que identifico detrás de esta situación los tengo muy claros. Primeramente hartazgo, ya que estamos viviendo una realidad que se ha venido deteriorando desde hace muchos años. Recuerdo que ya desde hace 40 años, cuando José López Portillo llegó a la Presidencia de la República Mexicana, su lema de campaña: “La solución somos todos”, fue modificado por el humor popular hacia: “La corrupción somos todos”, debido a que la ciudadanía, desde entonces, ya percibía como preocupante la misma condición que ahora nos alarma y eso que no estaba en los niveles que ahora reporta la ENCIG.

¡¡¡UYUYUY!!!…

También identifico el sentimiento del miedo, seguido de la sensación de indefensión que concluye en una gran ira, paquete emocional que explica con toda claridad el porqué ya algunos habitantes de zonas muy desprotegidas, hartos de la corrupción, la inseguridad y, sobre todo, de la impunidad, han decidido hacer justicia por su propia mano, llegando a linchar hasta la muerte a quienes han sido sorprendidos en flagrancia de algún delito y atrapados por la chusma enardecida. Hechos preocupantes que deben interpretarse como una señal inequívoca de que la gente ya empieza a dar por perdidos el Estado de derecho, el ejercicio de la autoridad y el castigo a los delincuentes. La corrupción y la impunidad no son asuntos nuevos, eso todos lo sabemos, pero lo que sí es nuevo es el cinismo con el que se están llevando al cabo y la exhibición constante en medios y redes de la mala praxis política y gubernamental. Yo no sé ustedes, pero si yo fuera el Presidente de México estaría muy preocupado, pues no se necesita ser clarividente para llegar a la conclusión de que se está formando un caldo de cultivo muy peligroso, en el que se están mezclando ingredientes anímicos altamente inflamables que, en caso de conflagrar, ocasionarán severos daños sociales con graves consecuencias para todos, incluyendo a la clase política y a las autoridades involucradas. Ojalá y el deseado cambio moral trascienda del neodiscurso político a la práctica diaria. Todos deseamos ver resultados, no recibir explicaciones.

Twitter: @victor_gordoa  

Temas: