Buscando al “Chavo” Guzmán

Lo que voy a relatarles a continuación es absolutamente real, son dos historias que sucedieron en el seno de mi familia y los protagonistas son varios de mis nietos, ya usted me dirá qué tan significativas son.

PRIMERA HISTORIA DE NIÑOS…

La historia comienza cuando estoy sentado a la orilla de la playa con mi nieta de siete años, quien desde pequeña se ha caracterizado por poseer unos niveles de comunicación personal bastante altos. ¿Sabes, abuelo? —inició así la conversación. -Ayer no pude dormir. -¿Por qué? —le pregunté, a lo que me contestó -Pues porque soñé que estaba yo andando en bicicleta por la playa, cuando de repente se me aparecía el Chapo Guzmán y me atrapaba, me levantaba y me tiraba al mar con todo y mi bici. Me quedé frío y de pronto mis niveles de estrés, que ya habían desaparecido, regresaron más intensos que antes de que iniciara mis vacaciones. No supe qué decirle más que repreguntarle -¿Y tú por qué andas soñando eso? —a lo que rápidamente me contestó -Es que lo vi en la tele y, además, oí a mis papás decir que ese señor había hecho muchas cosas malas, por eso me da miedo que se me aparezca aquí, en Acapulco, en donde también han matado a mucha gente, ¿a ti no te da miedo? Ay, Dios, ¿y ahora qué le digo?, pensé, ¿que no, que no se preocupe, que no pasa nada? ¿Qué no es cierto? Así que mejor le dije la verdad, que a El Chapo Guzmán ya lo habían atrapado, así que ya no le podría hacer nada malo y que, además, su papá y yo estábamos ahí para cuidarla, a lo que replicó -Sí, pero acuérdate que ya se ha escapado dos veces, ¿eh? ¡Plop!

SEGUNDA HISTORIA DE NIÑOS…

Estamos un sábado en el jardín de la casa y otros tres de mis nietos, estos más pequeños, un niño y dos niñas de entre tres y cinco años de edad, están jugando cuando, de pronto, una de ellas les grita a los demás: ¿Jugamos a buscar al “Chavo” Guzmán? Síiii, fue la respuesta a coro y salieron corriendo como buscando entre las plantas y los rincones. Me fui siguiéndolos intrigado por el juego, por lo que pude atestiguar el siguiente diálogo entre ellos: -No estáaaaa —dijo una. -Pus claro que no, ¿qué no ves que ya lo encontraron? —contestó la otra, por lo que vino la típica réplica infantil -Sí, pero para que sepas, ya se ha escapado de su jaula muchas veces. -Pues fíjate que ya no va a poder porque ya se lo van a llevar a Estados Unidos. -Híjoles, pues hay que avisarle a nuestra prima que vive allá, para que se esconda. Otra vez, ¡plop! Se me fundieron los fusibles, mejor no intervine y ahora quien ya no pudo dormir fui yo.

¿QUÉ ESTÁ PASANDO?…

Es evidente que los niños de hoy tienen un nivel de información superior al que teníamos sus papás y abuelos. También que, aunque los cándidos adultos sigamos creyendo que los chavitos no se enteran de nada acerca del mundo que les rodea, ni de las cosas que hacen y dicen los adultos, ellos ya son una especie nueva que trae interconstruidas un par de antenas digitales capaces de captar todo lo que sucede a su alrededor, en los medios de comunicación, en las redes sociales, en sus videojuegos, y que esa nueva constitución forzosamente genera en ellos una adaptación al entorno muy diferente a la que viví yo, mis hijos o ustedes que me están leyendo. ¿Qué podemos hacer al respecto? ¿Tratar de ocultarles la información? ¿Escondernos cuando hablemos de las cosas que están pasando? ¿Prohibirles la tele o el uso de los gadgets que llegaron para quedarse y seguirán evolucionando? Me parece imposible, así que mejor me pregunto, ¿qué mundo les estamos dejando? ¿Qué puedo hacer para mejorar las cosas, al menos en lo que respecta al entorno de mi familia? Como no puedo mudarme de planeta, debo estar más atento de ella para servirle de guía, para aclarar sus dudas, para encauzarle en el camino de la ética y de la distinción entre lo que está bien o mal, todo ello con suficiente responsabilidad como para seguir unas cuantas noches más sin dormir, pues necesariamente comprenderá el tener que estar mejor preparado para lo que viene. Felices sueños.

Twitter: @victor_gordoa 

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