Imagen y esencia de la CDMX

El asunto de la transición del DF a la CDMX no es algo menor, implica cambios de fondo y forma, es decir, de esencia y de imagen que comprenderán un gran esfuerzo humano y económico.

Fondo y forma…

El fondo y la forma se necesitan como el fuego necesita del aire para poder arder. La posesión de un buen fondo es importante pero sin el beneficio de la buena forma carece de credibilidad, esto significa, en otras palabras, que para poder ser el mejor tendrás que parecer el mejor, pues de lo contrario muchos dudarán de que lo seas. Por el otro lado, si solamente te enfocaras en el beneficio de la atracción que otorga la buena forma, olvidándote de la posesión del buen fondo que la sustentara, acabarías por convertirte en una mayúscula decepción entre, quienes atraídos por tu atractiva forma, al probarte constataran que no existe una verdad fundamental tras la apariencia. En los terrenos de la ingeniería en Imagen Pública esto queda estipulado de manera axiomática al afirmarse que para poder construir o modificar una imagen pública ya sea de una persona o de una institución, antes debe respetarse la esencia del emisor de la misma, lo cual implica que primero tendrá que existir la esencia y luego la imagen, que es la esencia el fundamento de la imagen y que si aquélla no existiese, o se violara a la hora de implementarle la forma, entonces la imagen sería ineficiente al carecer de sustento.

Esfuerzo y dinero…

Por otro lado y también a nivel de axioma, la Imagología, la ciencia de la imagen, establece que siempre será más difícil y tomará más tiempo modificar una imagen que generarla bien desde su origen. Ahora pongamos todos los conceptos anteriores al servicio del caso de la mudanza de nomenclatura de la capital de México, del otrora Distrito Federal (DF) a la de Ciudad de México (CDMX) y con ellos deducir el grave trabajo que se espera tanto en el diseño y producción de la nueva imagen de la capital, como en el de la creación de la nueva esencia que le dé sustento. Por experiencia laboral puedo anticiparles que el esfuerzo que deberá desarrollarse para dar vida a la nueva imagen de la CDMX y el costo que ello implicará, serán enormes. Una gran cantidad de nuevos estímulos tendrán que generarse de manera coherente para lograr la credibilidad ciudadana en torno a que se posee ahora una nueva identidad, cambio que inevitablemente deberá sustentarse en la generación de una nueva esencia radicada en una constitución política que la redefina, la actualice, y la muestre de manera progresista ante propios y extraños, de lo contrario lo único que se ganaría sería la crítica generalizada en torno a la vivencia de un gran cambio que acabaría dejando todo… igual que como estaba.

Los hombres detrás…

Analizo con atención a los 28 integrantes del equipo humano que se encargará de dar vida a la nueva esencia de la naciente CDMX y observo en él una mezcla rica de personajes disímbolos, lo que puede significar su gran virtud o su enorme defecto. Explico el porqué. En ese grupo convivirán por igual figuras políticas, juristas o investigadoras, que académicas, activistas e intelectuales de muy diferentes ideologías, que van desde un Juan Villoro hasta Guadalupe Loaeza, desde un Cuauhtémoc Cárdenas hasta Juan Ramón de la Fuente, coordinados por el secretario ejecutivo de la comisión constituyente Porfirio Muñoz Ledo, que si de algo sabe es de transitar por los grandes cambios políticos de la historia contemporánea. Sin embargo me queda una gran duda, ¿cómo le va a hacer don Porfirio para atemperar los enormes egos ahí reunidos, todos con el deseo de poder presumir que ellos fueron los más influyentes en darle esencia a la naciente entidad? No quiero ni imaginarme lo que serán esas sesiones, sólo espero como cualquier otro chilango, que el nuevo árbol no nazca torcido pues la nueva esencia será más importante que la nueva imagen.

   Twitter: @victor_gordoa

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