La imagen tóxica de la CDMX
La imagen ambiental es la percepción que se tiene de un espacio funcional como consecuencia de los estímulos que emanan de sus escenarios, así que te pregunto: ¿qué imagen ambiental tienes de la CDMX?
EL AMBIENTE…
Está comprobada la gran influencia que la percepción ambiental ejerce sobre el ser humano, produciendo en él la sensación de integración y aceptación del entorno, cuando es placentero, o todo lo contrario, el disgusto y rechazo por la forma desagradable en que te haya hecho sentir. Debemos entender por ambiente toda la serie de estímulos que impactarán tus sentidos al estar presente en un espacio funcional, tales como: el volumen de espacio, el grado de temperatura, el tipo y cantidad de iluminación, el uso del color, el aroma, la música y hasta de los elementos de decoración como patrones, texturas y mobiliario, con el objetivo de lograr la coherencia entre ellos para crear escenarios, espacios que brinden hospitalidad al usuario. Al hablar de la imagen ambiental de un espacio vital como la ciudad en que habitas, deberás agregar elementos macroambientales como el estado de las vías de comunicación, la calidad del transporte, la señalización, el orden en la convivencia, el ejercicio oportuno de la autoridad que debe salvaguardar los espacios públicos, etcétera, así que la importancia que tienen los estímulos de imagen ambiental se magnifica por el solo hecho de que todos sus habitantes tienen forzosamente que usarla. No hay opción, a tu ciudad tienes que vivirla, te guste o no.
TOXICIDAD…
Una imagen ambiental se torna tóxica cuando los estímulos que emanan de ella te van envenenando poco a poco sin que te des cuenta, a través de elementos que generan un grado de contaminación peor que el que podría producirles el aire poluto. Me refiero al envenenamiento de los sentimientos positivos que toda imagen ambiental bien producida debería generar, trastocando el placer en ira, la seguridad en miedo, la alegría en tristeza, en indignación y desesperación. En el caso de la CDMX los habitantes llevamos ya muchos años acumulando una serie de elementos que, en su conjunto, han producido como resultado final que cada vez la vivamos menos. Que tendamos hacia el interior de nuestras viviendas, que han adquirido la apariencia de fortalezas en el mejor de los casos, o de cárceles en el peor, en lugar de salir a disfrutar del exterior, como sucede en las ciudades españolas, italianas o inglesas. Allá la gente no vive encerrada en sus casas, viven su ciudad y les gusta. Por desgracia y pese a todos los atractivos que una megalópolis como la Ciudad de México puede ofrecer, eso no está sucediendo en ella.
ESTÍMULOS CAÓTICOS…
¿Cómo poder satisfacer tu deseo de salir a divertirte si los chilangos vivimos en “pueblos” cada vez más incomunicados y distantes entre sí, aunque estén cerca? ¿Cómo poder llegar en condiciones óptimas a desempeñar un trabajo cuando el trayecto te ha tomado más de dos horas dentro de un transporte público cada vez más deteriorado y caóticamente desordenado? ¿Cómo combatir el estrés que te produce el estado del pavimento de toda la ciudad, el lidiar con el comercio ambulante y sus tianguis, las protestas y manifestaciones, la carencia de espacio suficiente por la multiplicación desordenada de la vivienda y el aumento en la cantidad de automóviles? ¿Cómo no sentir miedo en una ciudad carente de policía respetable o de iluminación? ¿Cómo atraer y guiar a visitantes si ni siquiera existe la elemental señalización? No todos cuentan con Waze. El Gobierno del DF, hoy CDMX, hace varios sexenios que se ha dejado guiar por el principio de laissez faire, laissez passer dejar hacer, dejar pasar, que en este caso particular ha dado como resultado una imagen ambiental muy tóxica que nos tiene en estado emocional alterado para desgracia de sus habitantes y visitantes, y esa es una bomba que algún día va a estallar y lo peor… es que ya nos acostumbramos.
Twitter: @victor_gordoa
