Los políticos vs. los políticos

Bueno, pues el próximo domingo se acaba el periodo electoral intermedio y con él las descalificaciones partidistas mutuas, la exhibición probada de los abusos que cometen algunos políticos, ya sean candidatos o jerarcas, y el tremendo ruido que producen las campañas que terminan argumentando mucho y, al final, comunicando nada.

Durante el lapso que llega a su fin, hemos sido testigos de un fenómeno digno de análisis psiquiátrico. Y es que, paradójicamente, ha sido la clase política la que quiere convencer a los electores de que es meritoria de un voto de confianza y, sin embargo, se ha encargado de demostrar, con discursos incendiarios, fotos ocasionales, grabaciones ilícitas o asesinatos, que no lo merece. La manera en que han actuado los partidos políticos, que cobijan en sus filas a candidatos cuestionados por ellos mismos, ha llegado a límites muy peligrosos. Lo que han hecho sería equiparable al absurdo caso de una empresa que quisiera ganar clientes exhibiendo pruebas de la pobreza moral de su giro y de sus integrantes. ¿Usted le confiaría su compra o mejor se abstendría? Como consultor en imagen pública, que ha intervenido en más de treinta campañas políticas, durante los últimos veinte años, puedo afirmar que he presenciado una escena completamente incoherente y, por lo tanto, muy peligrosa. Sígame leyendo y le diré por qué.

Coherencia indispensable…

En el terreno de la percepción humana y, por lo tanto, en el de la imagen, la característica indispensable que debe existir para que, después de lo percibido, se produzca una respuesta conductual se llama Coherencia, así, con mayúscula. Esto está escrito en todos los libros que estudian el complicado proceso fisio-psicológico que realizamos los seres humanos cuando percibimos. Dicho fenómeno consiste en traducir los estímulos verbales y no verbales recibidos en una opinión, concluyendo en un “me gusta o no me gusta, le creo o no le creo”. Así de fácil. La incoherencia durante la percepción impide que la imagen mental que se produce sea positiva y que lo menos que ocasione sea la abstención de actuar al no provocarse en quien percibe el sentimiento de seguridad que es necesario para la acción.

Todos son Iguales…

Por todo ello, no me extraña encontrar, durante el análisis de múltiples investigaciones de opinión, sobre todo cualitativas, un crecido trasfondo en donde la propensión a no votar o acudir a las urnas simplemente para anular el voto, es una tendencia que puede arrojar una sorpresa mayor a la esperada, cuando, el lunes 8 de junio, se den a conocer los resultados. El sentimiento ciudadano se puede traducir en emociones como el hartazgo, la indignación, la decepción y la frustración que, entre todas, producen el sentimiento ascendiente de la ira en torno a la clase política, sin importar el nivel socioeconómico del que se trate. La frase registrada en los grupos auscultados que revelan este sentir es: “No hay por quién votar, todos son iguales”.

Ganarán perdiendo…

Es evidente que, ante este escenario, pueda esperarse una pobre respuesta ciudadana a la hora de salir a votar, aunado a un aumento de votos anulados, sobre todo con insultos emitidos sobre las boletas, por todos aquellos que no encuentren la manera de manifestar su aversión hacia la forma en que están gobernando los políticos, percibidos rotundamente como corruptos, egoístas y poco preocupados por el bien común. Esto dejará el resultado en manos de los partidos políticos y su capacidad de mover a la gente el día de la elección, así como de alterar los resultados. Usted podrá constatarlo. Vendrán entonces las impugnaciones y las protestas de los políticos que se esforzarán en demostrar, con pruebas en la mano, lo podrido que están. Nuevamente, ellos contra ellos mismos, completando así el círculo vicioso de la mala imagen política. ¿Pueden entenderlo? Incoherencia, simplemente incoherencia.

  Twitter: @victor_gordoa

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